Venecia celebra a Peggy Guggenheim, su mayor coleccionista

En su jardín, tan visitado como el Palacio Ducal, Peggy enterró a sus 14 perros
En su jardín, tan visitado como el Palacio Ducal, Peggy enterró a sus 14 perros
Desde 1951, cuando fundó su casa museo en el Palacio Venier de los Leones, se convirtió en la gran animadora del arte del siglo XX; su nieta le rinde homenaje
Elisabetta Piqué
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29 de septiembre de 2019  

VENECIA.- "La última dogaressa". Así se llama la muestra que celebra a Peggy Guggenheim , creadora de una de las colecciones de arte moderno más importantes del mundo, mecenas del siglo XX , mujer de vanguardia, excéntrica y legendaria, a 40 años de su muerte. Peggy murió aquí el 23 de diciembre de 1979, a los 81 años.

El título de esta muestra, que acaba de inaugurarse y podrá verse hasta el 27 de enero en el estupendo museo que lleva su nombre, en el Palacio Venier de los Leones, sobre el Gran Canal, se debe a un motivo muy simple.

"Fue el apelativo que le dieron a mi abuela cuando cumplió 80 años, en un reconocimiento de lo que hizo al formar una de las colecciones de arte más importantes del Novecientos", explica a LA NACION Karole P. B. Vail, su nieta, directora desde 2017 de la colección Peggy Guggenheim y curadora de la muestra.

La exhibición se centra en la figura de Peggy y se focaliza en la parte "veneciana" de su extraordinaria colección de arte, con obras de Jackson Pollock, René Magritte, Francis Bacon y Marcel Duchamp, entre otros "monstruos sagrados". Y le rinde homenaje a esa relación única que la coleccionista tuvo con Venecia, donde pasó los últimos treinta años de su vida, después de haber estado en París, Londres y Nueva York.

El arte del siglo XX es el eje de la muestra homenaje
El arte del siglo XX es el eje de la muestra homenaje Crédito: Gza Colección Peggy Guggenheim

Nacida en 1898 en el seno de una rica familia estadounidense de industriales judíos de origen suizo, Peggy muy joven heredó un gran patrimonio después de la trágica muerte de su padre, Benjamin Guggenheim, en el naufragio del Titanic. De carácter inquieto y fuerte, decidió abandonar los estudios y se lanzó al descubrimiento de Europa, detrás de la huella de muchos otros intelectuales norteamericanos de su época.

Durante 20 años frecuentó el mundo literario y artístico de París y de Londres, al que se integró casándose con el artista Laurence Vail, su primer marido y padre de sus dos hijos, Sindbad y Peggen. Fue entonces cuando puso su primera galería y se transformó en una verdadera mecenas. Invirtió su fortuna y a partir de los 40 años se dedicó a coleccionar obras de arte, así como a "coleccionar", con pasión, a sus autores.

Asesorada por Marcel Duchamp -quien durante un tiempo fue su amante, al igual que Cy Twombly, John Holms, Douglas Garman, Yves Tanguy, Samuel Beckett o John Cage, entre otros-, llegó a comprar una obra de arte al día. Entre sus adquisiciones había capolavori, como los cuadros de Georges Braque, Salvador Dalí, Piet Mondrian y Francis Picabia.

En 1941, regresó a Nueva York con su colección, que organizó en el Art of This Century, una galería que enseguida saltó a la fama internacional porque juntaba las corrientes de vanguardia: cubistas, abstraccionistas, dadaístas, surrealistas, neoclásicos. Divorciada de su primer marido, poco después se casó con el artista Marx Ernst, un matrimonio breve.

En 1948 Peggy exhibió su colección en la Bienal de Venecia, mostrando por primera vez en Europa obras de artistas como Arshile Gorky, Jackson Pollock y Mark Rothko. Fue un éxito total y un momento de no retorno. Fascinada por la ciudad de los canales, decidió quedarse aquí para siempre, acompañada por sus amados perros y por sus amigos artistas, intelectuales y escritores -entre los cuales estaban Gore Vidal, Stravinsky, Cocteau, Chagall y Truman Capote-, que la visitaban con frecuencia.

"En 1948 Peggy compró el Palacio Venier de los Leones, que en 1951 convirtió en una casa museo, abierta al público tres tardes por semana, gratuitamente. Para ella, la colección era para compartir con los demás", asegura a LA NACION su nieta, que recuerda muy bien a Peggy, a quien solía visitar en Venecia durante las vacaciones, de niña y adolescente.

"No era la típica abuela, era un personaje a veces un poco intimidante, criada en un ambiente con muchos sirvientes que separaban a los padres de los hijos, que no se sentía cómoda con chicos, pero tengo buenos recuerdos. Ella tuvo la última góndola privada con gondolero, que hoy se encuentra en el Museo Naval, y con sus nada discretos anteojos de sol me llevaba a pasear por los canales y me hacía bajar para entrar en las iglesias y preguntarme después qué cuadros o frescos de Carpaccio, Tintoretto o Tiepolo había visto. Yo era chica y la verdad es que no estaba muy contenta de entrar sola en iglesias entonces muy oscuras... Pero la verdad es que fue una experiencia educativa que al final me formó y que ahora aprecio mucho", cuenta. "Aunque mi abuela coleccionó arte moderno, a ella le encantaba el arte clásico, el Renacimiento. De lo moderno, le gustaban especialmente los surrealistas. En París trató de conocer a Picasso y visitar su estudio, pero este ni siquiera la recibió porque pensó que era una rica señora norteamericana que coleccionaba arte por diversión", apunta.

Para Vail, que no siguió los pasos de coleccionista de su abuela, pero que igualmente quiso dedicar su vida al mundo del arte, es imposible olvidar sus vacaciones en el Palacio Venier. "Dormía en un cuarto con cuadros surrealistas que de noche daban un poco de miedo... Como no cerraban con llave las puertas, de repente aparecían visitantes", evocó, al destacar esa personalidad extravagante de su abuela, famosa por jactarse de tener en su dormitorio una cama realizada por Alexander Calder, artista que también creó para ella aros muy especiales.

En su autobiografía, Confesiones de una adicta al arte , Peggy Guggenheim no esconde su vida privada sexualmente desinhibida, que le valió en su época ser acusada de promiscua. Se jacta, de hecho, de haber tenido 400 amantes, el mismo número de obras, vestidos y sombreros coleccionados.

"Si hubiera sido un hombre, no habría sido escandaloso", la defiende su nieta, que destaca que su abuela logró ser una mujer totalmente independiente en una época en la que eso no era normal. "Ella fue un catalizador del siglo XX, ayudó y descubrió a muchos artistas y contribuyó al desarrollo del arte del Novecientos. Y se convirtió en un mito", asegura.

Las cenizas de Peggy, un personaje extraordinario, se encuentran sepultadas en un rincón del bellísimo jardín de su museo -el segundo entre los más visitados de Venecia, después del Palacio Ducal-, junto a sus 14 adorados perros.

"Aquí yacen mis amados bebés", puede leerse en una lápida colocada al lado de la suya, que enumera con nombres, fechas de nacimiento y de defunción, las 14 mascotas de raza tibetana, shitsu, lhasa apso y, luego, mezclas, que la acompañaron en su aventura veneciana. "Ella lo pidió -dice su nieta- y así se hizo".

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