Venganza y reparación
LA PASION Y LA EXCEPCION Por Beatriz Sarlo-(Siglo XXI)-270 páginas-($ 23)
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"Hay razones biográficas en el origen de este libro y conviene ponerlas de manifiesto. Formo parte de una generación que fue marcada en lo político por el peronismo y en lo cultural por Borges. Son las marcas de un conflicto que, una vez más, trataré de explicarme." Tal el comienzo de este libro. Su autora, una mujer ya madura, decide considerar, "una vez más", la interdependencia entre dos fenómenos antagónicos y con idéntico poder de incidencia sobre sus años de juventud. El "una vez más" no es un giro retórico. Es, por el contrario, una acotación decisiva. Revela que, para Sarlo, la cuestión abordada nada tiene de circunstancial. El suyo no es un tema momentáneo sino un tema ineludible. Se trata, en realidad, de un dilema que, al parecer, insiste desde hace mucho en convocarla. La pasión y la excepción vuelve sobre él, se rinde a su llamado y lo despliega en profundidad.
Al comprender el título del ensayo se accede a las razones del relieve que, en el espíritu de su autora, ganó cada una de las partes que dan forma a su argumento. La pasión, del modo en que aquí se la propone, es la energía que decide el rumbo de una vida, el soplo poderoso que la impulsa a cumplir su parábola temporal. Sarlo consigna su presencia y su índole en una trayectoria, la de Eva Perón; en una acción armada de consecuencias sociopolíticas trascendentes, el secuestro y la ejecución de Pedro Eugenio Aramburu, y en un cuento que, más que interesarle, la acosa, la cautiva, la desvela y la molesta, y cuya publicación fue poco menos que coincidente con el atroz episodio de aquella acción criminal. El cuento se titula "El otro duelo". Su autor es Jorge Luis Borges.
La excepción, a su vez, es siempre lo irreductible a la norma. Lo que la excede, lo que la contradice, lo que la denuncia. El lapsus del sistema. Su disonancia innovadora. En la misma medida en que la excepción desborda un orden dado, crea las condiciones de posibilidad de un orden nuevo. "El asesinato de Aramburu -afirma Sarlo- es un hecho de este tipo." También lo fue la conducta militante de Eva Perón. Y por la fuerza reveladora y premonitoria de cuanto por entonces se venía gestando, lo fue, de modo eminente, el cuento de Jorge Luis Borges.
A Sarlo le interesa la venganza como expresión sobresaliente de la pasión. No demora en confesarnos lo mucho que le debe a Borges su comprensión del valor de este concepto en la historia nacional. La escritora reconoce su presencia dominante en "El otro duelo"; palpa su consistencia y su hegemonía en las premisas de quienes secuestraron y ejecutaron al general; la discierne, nítida, en buena parte de la tarea, medularmente actoral, cumplida por Evita en el plano político. ¿Qué implica la venganza? ¿Cuál es su estatuto filosófico?
"En el acto de venganza, un individuo retoma aquellas potencialidades que ha entregado a la sociedad, sostenido por la creencia de la legitimidad de actuar por sí mismo. [...] En ausencia de las instituciones de la justicia, el código de honor señala que sólo la reparación de la venganza restablece el orden perdido." Una organización institucional se da por caduca o inexistente allí donde el propósito de la venganza queda habilitado como procedimiento: Sarlo lo advierte en todo su alcance. Y a meditar las consecuencias de este hecho -la legitimidad concedida a la acción vengativa- consagra las casi trescientas páginas de su libro. A tres décadas de distancia del momento en que se publicó el cuento y se consumó el secuestro que culminó en asesinato, pareciera que la ensayista se empeña en saber si la Argentina ha dejado atrás, de una buena vez, la nefasta concepción que sacraliza la violencia y pretende hacer de ella un instrumento válido de la política.
"En 1970, para mí Borges todavía era un irritante objeto de amor-odio. También para muchos otros la relación con Borges oscilaba en el conflicto entre denuncia y fascinación." Fascinación, claro está, porque ni a Sarlo ni a los otros a quienes ella remite se les escapaba la perfección artística y la sagacidad analítica logradas por Borges. Denuncia porque, más allá incluso del antagonismo suscitado por el antiperonismo visceral del poeta, el triunfalismo revolucionario no podía aceptar su concepción trágica, su diagnóstico inamovible sobre la violencia como un hecho bárbaro, su semblanza sin ilusión sobre la Argentina política. "En agosto de 1970, yo leí, entre asombrada e irritada, el cuento de Borges. Semanas antes los Montoneros habían secuestrado a Aramburu. Ambos hechos (aunque entonces no lo supiera) serían fundamentales en mi vida. [...] Festejé el asesinato de Aramburu. Más de treinta años después la frase me parece evidente (muchos lo festejaron) pero tengo que forzar la memoria para entenderla de verdad. Cuando recuerdo ese día veo otra mujer (que ya no soy)."
A diferencia de aquella mujer, Sarlo considera hoy que "el acto de venganza es un acto criminal porque existe la posibilidad de un acto (despersonalizado) de justicia" que no es otro que el impuesto por una "regulación social general que castiga el crimen pero no ofrece una reparación personalizada de sus víctimas".
¿Cómo se inscribe la figura de Eva Perón en este entramado? "El cadáver de Eva Perón (arrebatado y escondido por los promotores de la revolución de 1955) fue invocado en el secuestro de Aramburu, en su interrogatorio y en su sentencia a muerte. [...] Ese cadáver también era una cifra." Sarlo caracteriza como "desplazamiento" el secreto del protagonismo alcanzado por Eva Perón. "Sus cualidades insuficientes en una escena (la artística), se volvían excepcionales en otra escena (la política)." Como artista en la escena política, Eva Perón desplegó lo mejor de su pasión; una pasión puesta al servicio de la Causa. Una pasión en la que la muerte, mucho antes aún de que se hiciera evidente para ella bajo la forma de la enfermedad que la consumió, era poco menos que un bien anhelado. "La vida, escribe Sarlo, sólo tiene (para Eva) el sentido de su entrega a la Causa. Te quiero hasta la muerte, te sigo hasta la muerte, estoy pronta a morir: los juramentos de la pasión."
"Eva se transforma cuando conoce a Perón y se reconoce en él." De hecho, el peronismo será, para ella, la obra a cuyo servicio pondrá su notable aptitud para la representación política. Sarlo lleva a cabo no sólo un retrato sino una exégesis certera de ese personaje de excepción que descolló en la historia argentina. En ella encuentra la escritora las raíces de la mística que habrá de nutrir, veinte años después de su muerte, la escatología revolucionaria que, en los años 70, desplegarán los Montoneros al proponer una "segunda guerra de la independencia nacional".
"La virtud montonera -diagnostica Sarlo- es del orden de la entrega. Su recompensa, la victoria final, es del orden de la Promesa milenaria. Ni una ni otra son trágicas, porque están impulsadas por el optimismo de la creencia en una historia larga y sinuosa pero inevitable. [...] En esa comunidad imaginaria, que tiene la fuerza cohesiva de un religamiento en algo grandioso [...] la muerte es vida." Sarlo subraya enfáticamente la estructura pseudorreligiosa de ese pensamiento y de ese proceder aparentemente secularizados. Descubre y denuncia en ellos la erotización de la muerte en la que ambos se inspiran y termina por brindarse a sí misma, creo yo, una explicación perdurable acerca de los tres acontecimientos que, "una vez más", la convocaron a pensar y escribir.
La pasión y la excepción es un libro logrado. Su prosa, diáfana e intensa, constituye un fecundo aporte conceptual a la comprensión imprescindible de la Argentina reciente.




