Viaje a la Argentina que no fue
Sutil y fresco, el documental Rastrojero analiza el impacto de la inestabilidad política en los sueños de grandeza del país
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Ala Argentina Potencia se llega en Rastrojero. O mejor dicho: el sueño del país pujante, ambicioso y líder sólo hubiera sido posible si las mayores ilusiones de la industria nacional se hubieran desarrollado a la medida de las esperanzas anunciadas con el enfático tono de Sucesos Argentinos . "El pueblo avanza imperturbable hacia sus grandes destinos", decía el noticiero cinematográfico de 1951, para conmemorar la presentación de los primeros coches populares y rústicos, con motor (y espíritu) de tractor, recién salidos de la fábrica cordobesa de Industrias Mecánicas del Estado (IME). En un acto con balcón incluido, el presidente Perón aprovechaba el impulso político del acontecimiento y anunciaba desde Córdoba que "en esta industria está el futuro de la Nación". Menos de tres décadas después, en 1980, esa planta fabril de IME cerraba sus puertas en medio del elocuente silencio de sus trabajadores. Hoy, ese predio es un sembradío de soja. Y el sueño de la Argentina Potencia tiene mucho de mal chiste. ¿Historia terminada? No para Marcos Pastor y Miguel Colombo, dos ex estudiantes de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (Enerc) que reconstruyeron la vida, muerte y milagros del Rastrojero hasta convertirlo en una compleja y exacta metáfora del destino criollo.
Mención de Honor Feisal en la VIII edición del Bafici y premio al Mejor Documental en el VI Festival de Cine de Tandil, Rastrojero les da voz a aquellos obreros que no se manifestaron en contra del cierre de la fábrica, analiza el impacto de la inestabilidad política en la vida cotidiana de la gente común y, sobre todo, dibuja una nueva e inesperada vuelta de tuerca a la fantasía de ser país del Primer Mundo. Ahora, gracias a esta película, podría pensarse que la Argentina Potencia no depende tanto de las políticas económicas e industriales de ocasión como del surgimiento de una cultura autocrítica, fresca y lúcida. En definitiva, una mirada renovadora y consciente, como la de los jóvenes Pastor y Colombo, cuya película se proyectará todos los sábados de este mes en la sala porteña del Malba. "Cuando fuimos a Córdoba a entrevistar a los operarios de la vieja fábrica de IME, pensábamos que nos íbamos a encontrar con héroes o militantes -recuerda Colombo-, y fue una gran sorpresa habernos topado con personas, digamos, normales, comunes y corrientes. Eso nos abrió las puertas a algo todavía más interesante: la posibilidad de poner en la pantalla a gente mucho más representativa que el militante político. Los protagonistas de Rastrojero son gente que creía en el trabajo y sentían que con su esfuerzo construían el país. Tal vez por eso la película le resulta muy próxima y querible a mucha gente."
Es posible que la extraña fuerza de este documental resida en la indomable candidez de los sobrevivientes de la fábrica de IME, viejos obreros a los que se les llenan los ojos de lágrimas a la hora de enorgullecerse de un coche "sin ´ made in nada", como recuerda uno de ellos. Sin embargo, la sutil distancia que ensayan Colombo y Pastor, la ausencia de una voz en off y hasta la conmovedora iniciativa del Rastrojerazo en pleno centro de Córdoba (para conmemorar los 50 años de aquel desfile ante la mirada de Perón) constituyen estrategias de ideología cinematográfica que singularizan la propuesta de Rastrojero y lo ubican un paso más allá del revisionismo político. Para Pastor, que al igual que Colombo se considera un montajista, "la opinión está en los cortes y la selección de las imágenes, más que en nuestro discurso de realizadores. Quienes cuentan la anécdota son aquellos que fueron protagonistas, porque lo que quisimos hacer fue ahondar en la vida de la gente a través de esa caja de resonancia de la historia que era la fábrica". El objetivo se cumple sin grandes aspavientos, y esa aparente modestia -política, estética- es otro de los principales atractivos de la película.
El Rastrojerazo final, convocado por los directores y filmado con cariño y melancolía, se llevó a cabo merced al entusiasmo de los directores y, también, a la volanteada de los ex operarios, que recorrieron las calles de Córdoba a la caza de Rastrojeros participativos. El espectador queda a solas con esos ancianitos, frustrados hace 28 años y felices ante la oportunidad que les presentó la osadía de Colombo y Pastor. Es imposible no ver la escena como la nueva chance que la Historia le otorga a quienes no tuvieron palabras ni ánimo para decir su verdad en su momento, y la eterna magia del cine cobra un vuelo insospechado cuando se transforma en una fábrica de fantasías en acción. "Eduardo Raffo, el obrero que durante la filmación de la película tenía 76 años, murió tres meses después de que termináramos de filmar -apunta Colombo-; pero nos gusta pensar que, con esta película, su vida puede inspirar sueños que él ni siquiera imaginó". Para quien vea (y disfrute) Rastrojero , ese sueño actualizado e inimaginable es ni más ni menos que el de la Argentina Potencia.




