Viaje al fondo de las pasiones por un filósofo y la hija de una princesa

Charlotte Casiraghi y Robert Maggiori piensan el amor, el miedo y la alegría
Charlotte Casiraghi y Robert Maggiori piensan el amor, el miedo y la alegría
Luisa Corradini
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26 de enero de 2020  

PARÍS. - Entre huelgas y protestas populares, no fue fácil organizar la entrevista con Charlotte Casiraghi y Robert Maggiori, coautores del libro Archipiélago de pasiones, recién publicado en la Argentina por Ediciones El Zorzal. Varias veces suspendida, la cita se concretó finalmente en el corazón de París, en uno de esos días caóticos de una ciudad paralizada por manifestaciones, calles cortadas y sin medios de transporte. Charlotte Casiraghi (33 años) es presidenta de los Encuentros Filosóficos de Mónaco. Robert Maggiori (73) es periodista, autor y filósofo. En un ensayo escrito a cuatro manos, la hija de la princesa Carolina de Mónaco y su exprofesor de filosofía en el liceo Fontainbleau realizan un viaje a través de varias decenas de pasiones que agitan el alma de todos los hombres. Ella es joven, bella, frágil y sensible. Él es sólido, cálido y seguro de sí mismo. Hay entre ellos una auténtica complicidad. Charlotte Casiraghi duda, Robert Maggiori protege. Y la fórmula funciona de maravillas. Tanto, que juntos preparan un nuevo libro, esta vez sobre la importancia de la educación.

El miedo, la arrogancia, la alegría, la crueldad, el amor? "Es posible vivir mal una pasión. Pero, sin pasión, se vive mal", reflexiona Maggiori.

-Se conocieron cuando usted, Charlotte, cursaba el colegio secundario. ¿Fue entonces cuando descubrió la filosofía?

CC: -Yo ya la practicaba desde hacía tiempo. Siempre me sentí atraída por la filosofía y antes de llegar al último año de la secundaria tuve el deseo de ocuparme con más intensidad.

-¿Cómo era Charlotte como alumna?

RM:- Insoportable (risas). No, no. Era una alumna muy atenta. Siempre digo que era escrupulosa. Tenía la obsesión de hacer las cosas perfectamente. De modo que siempre entregaba los deberes a último momento porque se quedaba hasta cualquier hora de la noche corrigiendo. Y eso nunca cambió.

-¿Cómo hicieron el libro? ¿Se repartieron los temas, escogiéndolos cada uno según su inclinación natural?

RM: -Creo que ambos podríamos haber escrito cada uno de ellos. Pero también hay propensiones que nos llevan hacia algunas cosas. Pero ningún texto fue escrito por uno solo de nosotros. Todo fue hecho en conjunto, aun cuando la mano de uno esté más presente que la del otro en algunas entradas.

-¿Cuáles son las pasiones con las cuales uno y otro se identifican más?

CC: -Creo que ese no es el objetivo del libro. El error es pensar que cada uno se identifica con ciertas pasiones porque, finalmente, todas las pasiones, aun las peores, están presentes en todos los seres humanos. Por ejemplo, los celos. Es típico que la gente diga "yo no soy para nada celoso". Cuando todos, en algún momento, sentimos celos. La verdad es que cada vez que escribíamos un texto sobre una pasión ambos nos identificábamos.

RM:- En otras palabras, esas pasiones no son las nuestras. Yo no voy a hablar de la amistad porque tengo un amigo que quiero profundamente. No. Se trata de una pasión, como todas las demás, que atraviesa a todos los seres humanos. Describiéndolas, las arrancamos de nuestro interior. Aun cuando sea difícil. Es muy difícil escribir sobre el amor cuando se quiere a alguien. Y cuando no se está enamorado también es difícil, porque se desconoce ese sentimiento. De modo que hay que hacer abstracción, considerando que son también conceptos que tienen una historia.

-Charlotte, ¿usted consigue escapar al mandato social de "vivir bien" en una posición tan expuesta como es la suya?

CC: -Ese problema nos concierne a todos. La obsesión de controlar nuestra vida. También existe la aceleración de la vida actual. Hay muchos factores que nos permiten comprender por qué llegamos a esa obsesión de una vida exitosa, auténtica, que responde también a la raíz del proyecto moderno: la autonomía, la secularización, maximizar el tiempo que uno pasa en la Tierra... se trata de una intensificación permanente de uno mismo.

-Pero usted misma, desde su posición social, que la coloca bajo una presión particular, ¿consigue desconectar en algún momento?

CC: -La solicitación y la presión vienen de aquí (muestra su celular), de las redes sociales. Pero es para todos igual. Cuando hablábamos de la profundidad de los sentimientos, de las pasiones, la presión está también ahí. Esa intensidad con frecuencia nos retiene de avanzar rápidamente como lo exige la vida moderna. Esa es la gran contradicción.

RM: -Para dar un ejemplo. El filósofo Erich Fromm hace la diferencia entre ser y amar. Tomemos algo como la amistad. Tener un amigo, el mejor amigo, es una historia, una aventura, paciencia, encuentros, recuerdos, memorias. . Es profundo. Eso es "ser" amigo de alguien. Pero tener amigos, ¿en qué se ha convertido hoy? Lo decimos en el libro: ¿cuántos amigos tenés en Facebook, cuántos likes?

-Me gustaría pedirles una reflexión sobre la actualidad política . ¿Qué piensan del auge del populismo?

CC: -Si nos detenemos en la raíz del concepto populismo, hay la idea de dar la palabra al pueblo, es decir que el término en sí mismo no es negativo. La pregunta que me hago es qué llevó a que se transformara con el tiempo en lo que es hoy.

RM: -Charlotte tiene razón. El carácter político de la realidad no forma parte de nuestra reflexión filosófica. Yo puedo escribir contra Salvini, Bolsonaro o Trump, pero lo hago en mi calidad de ciudadano. Por el contrario, entender cómo una democracia se transforma en una forma de populismo es una pregunta de filosofía política. ¿Qué es lo que se agotó en la democracia para que el poder del pueblo se convierta en una forma de populismo?

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