
Victoria Ocampo, testigo y protagonista
Eduardo Paz Leston, que acaba de publicar en Sudamericana una selección de los Testimonios de la autora, describe el espíritu efervescente que reinaba en la redacción de Sur . Se refiere, además, a las cualidades de escritora de la Emperatriz de las Pampas .
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CUANDO Victoria Ocampo empezó a escribir descartó el francés, la lengua de su infancia. Quería dirigirse a los lectores argentinos, educarlos, polemizar, y para eso necesitaba el castellano; pero éste se le volvía un "idioma endemoniado al que era necesario exorcizar". Con el tiempo, ejercitaría con él una prosa oral y cotidiana que ella y sus críticos adscribieron a los consejos de Paul Groussac y de Ortega, aunque también puede leerse como la contrapartida de aquella incomodidad inicial con la lengua, el artificio de la espontaneidad como una marca de la adquisición tardía.
Ese tono tan trabajado, tan peleado y tan deseoso de ocultar tanta batalla cautivó a Eduardo Paz Leston en su adolescencia. Cuando Victoria Ocampo creía estar escribiendo en argentino, a él le llamó la atención "su estilo poco argentino de dictar cátedra, su falta de acartonamiento". Desde entonces se creó entre ellos un vínculo que Paz Leston convirtió en libros: acaba de publicar en Sudamericana una selección de los Testimonios -una serie de artículos y conferencias en los que Victoria Ocampo se refiere a los escritores, las ciudades y las polémicas intelectuales de su interés- y prepara otra selección para el año próximo. Además, estuvo a cargo de la edición de las Cartas a Angélica y otros y de la Correspondencia Victoria Ocampo-Roger Caillois .
-¿Cómo fue el principio de esa relación?
-Era el año 1953, yo tenía dieciséis años y había quedado muy impresionado por la lectura de Soledad sonora , esa serie de testimonios que Sudamericana publicó en 1950; había encontrado ahí una voz que sentía muy cercana. Le mandé una carta a Victoria diciéndole que quería conocerla, pero ella acababa de salir de los veintiséis días de cárcel que se le impusieron bajo el gobierno peronista y me propuso posponer el encuentro para mucho más adelante. Cuando le dije que yo no podía esperar, creo que me entendió, porque eso es lo que le ocurría a ella con los escritores. Fui a verla un domingo lluvioso a San Isidro.
-Usted publicó también una antología sobre la revista Sur , fundada por Victoria Ocampo en 1931 y que tuvo a Borges, Alfonso Reyes y Eduardo Mallea en su consejo de redacción. ¿Cómo se extendió ese vínculo suyo a todo el grupo de Sur ?
-A fines de mis veinte yo empecé a traducir para Losada y entonces Enrique Pezzoni, que era amigo mío, me sugirió trabajar para Sur . Allí traduje a H. E. Francis y a Allen Tate. Siempre trabajé como colaborador, nunca quise entrar en la redacción porque me parecía algo muy absorbente. Enrique Pezzoni me contaba que estaban trabajando y que de pronto a Victoria se le ocurría ir al cine y había que dejar todo. Una vez me ofreció ocuparme de sus archivos, pero yo le dije que mejor buscara una becaria norteamericana. Era muy divertido ir de vez en cuando, además. Siempre pasaba algo: recuerdo que un día entro en el viejo edificio de San Martín y Viamonte y escucho que una voz masculina y otra femenina gritaban: "¡Placer, placer!" desde el otro lado de una puerta cerrada. Al rato veo aparecer una mujer petiza, bonachona, y José Bianco le dice: "Placer, necesito que me traiga una tijera". Otro día escuché una pelea entre Bianco y Victoria que hizo que ella no apareciera durante veinte días por la redacción.
-En su introducción al testimonio en el que Victoria Ocampo se refiere a Londres y a la literatura inglesa, usted hace referencia a un relato londinense que Bianco le aconsejó no publicar. ¿El era el que más la enfrentaba?
-De algún modo sí; él le vetaba muchas cosas, le decía que algunas eran demasiado superficiales para Sur . Victoria, por su parte, se quejaba de la abulia de Bianco, decía que hacía mucha vida social y que perdía mucho el tiempo. Con los años, toda esa actividad sirvió porque fue material para La pérdida del reino , donde Bianco retrata tan bien todo ese mundo que ya ha desaparecido.
-¿Cuál es la función de rescatar hoy los Testimonios ?
-Creo que se trata de asumir que son libros a los que uno vuelve con los años; yo tengo mis propios volúmenes despedazados después de tanto fotocopiarlos para amigos. No se ven en librerías de viejo, la gente los guarda. Hace casi veinte años que no se editaban y me parece necesario que existan, sobre todo por esa cita que yo ubico al principio de mi introducción, en la que Victoria dice que su vida está tan enraizada en este país que no le extrañaría llegar a convertirse en uno de esos autores póstumos que se consultan para cierto tipo de fenómenos locales. Pensé sobre todo en los lectores actuales y más específicamente en los jóvenes, en los que todavía no han descubierto a Victoria Ocampo. Pienso que puede interesarles porque es una escritora amena, que toca temas como la ética personal, la importancia de la idoneidad intelectual, la defensa de la libertad de pensamiento, temas que pueden volver a considerarse en cualquier década.
-Victoria Ocampo parece haber escrito pensándose, más que como una escritora, como una redactora testimonial , alguien con recelo o temor a lo ficcional, más preocupado por dejar constancia de las producciones de los otros que de las propias.
-Se puede ver en Victoria una especie de complejo de inferioridad. Supongo incluso que debe de haber pesado alguna idea moral, alguna obsesión por decir la verdad que entraba en conflicto con el artificio que supone todo arte. Es como si ella dijera: "sólo puedo hablar de lo que yo pienso, de lo que conozco bien". Ella desciende de los escritores del ochenta, como Mansilla, es más una cronista que una escritora de ficción. Aun así, si tuviera que pensarla más específicamente como escritora, creo que sus peligros mayores son las digresiones excesivas, las repeticiones. Creo que es mejor cuando habla de personas que cuando habla de libros.
-En los testimonios que usted seleccionó para esta edición se reitera mucho su relación con escritores y, en general, son escritos marcados por la admiración o la muerte.
-Sí, hay muchas necrologías, como el caso de Ortega y Gasset, T. E. Lawrence, Drieu La Rochelle, Virginia Woolf. Victoria Ocampo decía que ella no quería jactarse de los escritores que tenía como amigos, y tal vez por eso prefería referirse a esas amistades una vez que estuvieran muertos, para evitar que hubiera cualquier tipo de cálculo. Tal vez en esa permanente referencia a escritores pese también el proyecto que ella tenía en Sur : funcionar como puente entre Argentina y Europa, entre Argentina y Estados Unidos y los países de América latina. Hay que recordar que Sur surgió como lugar donde se publicarían las obras de los escritores argentinos jóvenes, y también las traducciones de autores extranjeros no comerciales. De hecho, se adelantó a la publicación de muchos que después fueron best sellers, como D. H. Lawrence, Malraux, Brecht.
-En uno de los últimos testimonios incluidos en su libro, Victoria Ocampo se refiere a ese proyecto en términos de misión. ¿Usted cree que la llevó a buen término?
-Sí, sin duda tuvo una función aglutinante, era una animadora, alguien que hacía circular las cosas. Yo creo, como Cozarinsky, que la gran obra de ella es Sur . Basta ver los primeros números de la revista para comprobar la gran frecuencia de publicación de autores latinoamericanos -no solamente europeos, como tanto se dijo-, la gran circulación entre mundos que habían estado desconectados antes. En las distintas declaraciones de muchos de esos escritores -Lezama Lima, García Márquez, Octavio Paz, por ejemplo- se ve cómo en América latina todos estaban pendientes de lo que se hacía en Sur . Y también ocurría algo similar en Europa, porque muchísimos escritores que provenían de allí eran editados por primera vez en castellano; Sur les abría un continente. A fines de la Segunda Guerra, por ejemplo, el Consejo Británico invitó a Victoria para que entrevistara a escritores y preparara un número triple dedicado a las letras inglesas. Era sobre todo un reconocimiento por toda la labor que había hecho.
-Aquel plan de Victoria Ocampo en el que confluyen el proyecto intelectual y la misión altruista tiene una faceta fuertemente política. ¿Cómo se explica entonces que ella se refiera siempre a la política como algo evitable?
-Victoria Ocampo no escribía sobre política porque decía que era algo que no comprendía, sin embargo, yo creo que era una verdadera escritora comprometida: durante la guerra tomó partido por los Aliados, cuando empezó el gobierno de Perón era marcadamente antiperonista. En toda su juventud fue así, tal vez sólo con la vejez dejó pasar algunas cosas como la Guerra de Vietnam, por ejemplo. Creo que en general, sin embargo, los escritores de Sur evitaron escribir sobre política a pesar de que tuvieron distintas formas de verse ligados a ella. Es interesante; ahí hay tema para todo un libro.




