"Vivimos la dictadura del entretenimiento"

El escritor español acaba de ganar el Premio Anagrama de Ensayo con su libro La ética de la crueldad, que en octubre llegará a la Argentina. En esta entrevista cuestiona la noción del mal y aboga por una literatura exigente y sin complacencias
Eduardo Berti
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21 de septiembre de 2012  

José Ovejero (Madrid, 1958) ha abordado toda clase de géneros como el teatro, los libros de viajes, los relatos y, sobre todo, las novelas ( Las vidas ajenas, Añoranza del héroe o Nunca pasa nada ); sin embargo, en estos últimos tiempos se ha centrado en el ensayo y editó dos consecutivos en un lapso breve: Escritores delincuentes (Alfaguara, 2011) y La ética de la crueldad , premio Anagrama de Ensayo 2012. "Cuando terminé mi última novela, La comedia salvaje , me di cuenta de que ya no sabía quién era como escritor de ficción", cuenta Ovejero desde Bruselas, ciudad en la que vive actualmente (en un permanente ida y vuelta a Madrid) tras haber residido algún tiempo en Alemania. "Aunque creo que mi trayectoria se caracteriza por numerosos cambios de estilo, más o menos había una línea que se podía seguir, una manera de mirar el mundo. Con La comedia salvaje hay un cambio radical. Y de pronto ya no sé por dónde seguir, si volver al camino que llevaba o si continuar por ése nuevo. Intento escribir, pero me faltan las ganas, el entusiasmo. Así que en lugar de forzarme a continuar siendo un autor de ficción, decidí adentrarme en el ensayo, género que siempre me ha interesado como lector. Tampoco es casual que mi próximo libro será uno de poemas. A lo peor he perdido el rumbo para la ficción."

Licenciado en geografía e historia, Ovejero ha plasmado dos ensayos diferentes, pero con elementos en común. En Escritores delincuentes se detiene en acciones reales (delitos cometidos por escritores: Anne Perry, Maurice Sachs o Jean Ray) y en las vidas de varios autores, mientras que La ética de la crueldad ahonda en la representación artística de la crueldad y evalúa una serie de obras. " Escritores delincuentes es un libro más narrativo -comenta- aunque la segunda parte se ocupa de temas más generales, como la culpa, la justicia, la religión, las drogas en la obra de esos autores. La ética de la crueldad contiene, en cambio, un análisis más filosófico y estético."

La ética de la cruedad llama la atención desde el título: ética y crueldad parecen dos conceptos irreconciliables ya que usualmente se asocia lo cruel con la violencia o incluso con la tortura. Pero el libro muy pronto deja en claro que se está hablando de una suerte de crueldad "transformadora" e impugnadora de las hipocresías sociales. "Se trata de una crueldad que pretende desvelar imposturas, hacer tambalear verdades que no son tales. En ese sentido es transformadora -explica Ovejero-. Su labor principal no es enseñarnos, sino ?desenseñarnos' las falsas verdades con las que convivimos, no consolarnos sino desconsolarnos, no darnos lo que queremos sino mostrarnos lo que no deseamos ver."

-Los dos ensayos parecen apuntar contra el discurso oficial de lo que suele llamarse "el mal" y ambos desdeñan lo "políticamente correcto". ¿Ha querido que hubiese elementos de unión entre ambos libros?

-"El mal" es un concepto muy cómodo porque nos permite la superioridad moral, la condena, y sobre todo, justifica la represalia. Siempre se enarbola la bandera del bien para ejercitar la violencia contra quienes nos amenazan. La lucha contra el mal ha provocado las mayores atrocidades de la historia. Además, para creer en "el mal" hay que estar convencido de que existe la libertad, y yo no lo estoy. ¿Hablaríamos del mal al referirnos a la araña que paraliza a la víctima y se la come viva, al canibalismo que encontramos en ciertas especies de animales, a las violaciones cometidas por aves y mamíferos? No, porque consideramos que no son libres, que los guía el instinto, esa caja negra del comportamiento. No estoy convencido de que los seres humanos sean tan diferentes. Y, aunque lo estuviera, hablar del mal simplifica todo, no me permite asomarme a los detalles, a las posibles causas, a las relaciones entre comportamientos destructivos. Prefiero evitar las categorías morales, única manera de entender algo de lo que sucede a nuestro alrededor.

-"Un buen escritor es aquel que tiene una mirada original sobre el mundo y sabe contarnos lo que ve", afirma en Escritores delincuentes . ¿La "crueldad" forma parte de lo primero, es una forma original de mirar el mundo?

-Buena observación. La crueldad es original porque no acepta las verdades consensuadas, no acepta las convenciones, y eso vuelve al autor cruel más capaz de ver las cosas de maneras novedosas.

-Considero que estamos ante un ensayo que no enfrenta lo "cruel" a lo apolíneo, a la contención o a la sugerencia, sino al arte light que no inquieta ni cuestiona ni sacude los lugares comunes (el "discurso público consensuado") y busca únicamente el entretenimiento pasajero.

-Así es. Vivimos la dictadura del entretenimiento; el canon oficioso de los suplementos literarios rebosa de libros entretenidos. Como digo en el ensayo, la literatura puede ser juego inteligente o ejercicio de seducción -no tengo nada en contra del juego ni de la seducción-, pero otra cosa es que esté obligada a serlo. He oído ya a varios escritores y críticos decir que la literatura debe ser entretenida. ¿Y la filosofía y la ciencia también? ¿Debemos escribir sólo cosas fáciles de digerir? ¿La literatura como laxante? Nos da demasiado miedo que nos califiquen de elitistas si defendemos una literatura exigente que a lo mejor no entiende todo el mundo, pero parece que si al arte no lo entienden todos, es pura presunción de intelectuales esnobs. A mí me gustan mucho autores a los que no entiendo del todo, que me obligan a esforzarme, a cambiar al menos de postura mientras leo. Chandler decía que el escritor de éxito es aquel que escribe mejor que sus lectores pero no piensa mejor que ellos. Yo prefiero a los escritores que piensan mejor que yo.

-Habla también en su ensayo de una representación antiética de la crueldad: una "crueldad conformista", de consumo fácil, e incluso cierta banalización de la violencia. ¿Muestra de ello es, a sus ojos, el cine de Tarantino? ¿Qué otros ejemplos querría citar?

-Todo el cine y la literatura épicos. La épica defiende una crueldad "justa"; la literatura está llena de obras que infunden el ardor guerrero en las tropas de "los buenos". Un magnífico ejemplo de antiépica es Meridiano de sangre , de Cormac McCarthy. Tarantino es un muy buen director, y en general me gusta su cine, lo que no es obstáculo para que me dé cuenta de que es un cine conformista que se ajusta servilmente a la cultura del capitalismo tardío: la Historia ha terminado, la realidad ha dejado de existir, puesto que no hay realidad sin cambio, así que para qué ocuparse de la realidad, que es una narración como otra cualquiera. Así pierde sentido la ideología, ya que no hay alternativa al modelo existente. El cine de Tarantino carece de contenidos, de pensamiento, y la Historia queda al servicio de las ocurrencias del director -como en Bastardos sin gloria -; es un entretenimiento en el que la realidad no existe salvo como representación y juego de referencias; su violencia no significa nada, es puro espectáculo.

-El ensayo desmiente ciertos lugares comunes: un autor cruel no es alguien lleno de odio o desprecio social ni tampoco alguien necesariamente pesimista porque la crueldad, como usted la presenta, "presupone la posibilidad de un cambio real" incluso en el lector. "Provocar en el lector una emoción fuerte que al mismo tiempo implique su juicio, su reflexión, generar en él sentimientos contradictorios es una forma de invitarlo a cambiar", leemos.

-A menudo se ha tachado a algunos de esos autores crueles de pesimistas, nihilistas, faltos de valores? Un miembro del jurado del Premio Nobel dimitió cuando se lo concedieron a Elfriede Jelinek porque su obra le parecía repugnante. Eso es no entender el sentido de la transgresión. Si algunos autores agreden al lector o espectador es porque a menudo creen en la posibilidad de una transformación. Hay una crueldad que, parafraseando a Nietzsche cuando escribía sobre el pesimismo, procede de la fuerza y del entusiasmo. Una crueldad vital que, por serlo, se atreve a adentrarse en regiones peligrosas.

La ética de la crueldad reflexiona también sobre la tradición estética española, tan proclive a los excesos y a la representación cruel desde los tiempos de Goya o El lazarillo de Tormes hasta la famosa escena de Un perro andaluz (Buñuel). ¿Se reconoce especialmente en esa tradición?

-En realidad, me volví consciente de pertenecer a esa tradición mientras escribía La comedia salvaje . Tenía la impresión de estar escribiendo mi novela más original y, al mismo tiempo, advertía cómo entroncaba en la tradición del esperpento, del tremendismo, del humor feroz que se puede rastrear en el arte español desde el Siglo de Oro. Hay pocos grandes autores apolíneos en la literatura española, y muchos dionisíacos.

-Una de las funciones principales de la literatura cruel, según afirma en su ensayo, es que el lector deje de mirar la realidad para mirarse a sí mismo. ¿Con qué libros que ha leído recientemente le ha ocurrido esto último?

-Me ha ocurrido con cualquiera de los libros de los que hablo en el ensayo y, por supuesto, con muchos que no he incluido. En España, la última novela de Luisgé Martín, alguna de Sara Mesa, Fernando Royuela, Menéndez Salmón? No es una corriente mayoritaria, pero ahí están.

-El libro trae una serie de capítulos donde se analizan siete novelas "crueles": El astillero (Juan Carlos Onetti), Auto de fe (Elías Canetti), Historia del ojo (Georges Bataille), Meridiano de sangre (Cormac McCarthy), Tiempo de silencio (Luis Martín Santos) y dos de Elfriede Jelinek: Deseo y La pianista . ¿Qué libros quedaron fuera de la lista, pero podrían haber formado parte de ella? ¿Cuál inclusión fue la primera y más evidente de todas?

-Los primeros que se me vinieron a la cabeza fueron Meridiano de Sangre , Historia del ojo y El astillero . A muchos les sorprende que incluya en una lista de libros crueles El astillero , donde no hay sangre ni violencia; pero es que la crueldad no necesita esos elementos, el mismo Artaud lo advertía. El astillero es cruel con el lector porque le muestra una y otra vez sus imposturas, se niega a darle cualquier esperanza, lo obliga a quedarse sin ilusiones. Por supuesto la lista es limitadísima; han quedado fuera numerosas obras que encajarían en mi definición de crueldad ética, desde las del Marqués de Sade hasta las de Agota Kristof, gran autora a quien he descubierto demasiado tarde. También me limito a mencionar algunas obras que habrían merecido un análisis aparte, como Represalia , de Gert Ledig, pero no quería convertir el libro en un catálogo de autores crueles; decidí escoger aquellos que mostraban distintas facetas de la crueldad ética. Para que se entienda, como me decidí por la crueldad antiépica de McCarthy, dejé afuera la de Ledig porque ambos me llevaban a hablar de cosas muy parecidas: la representación descarnada de la violencia bélica, despojada de heroísmo y de cuentos patrióticos.

-Se ha detenido en siete novelas. ¿Por alguna razón no ha hablado de la línea de los "cuentos crueles" donde se destacó, entre otros, Villiers de l'Isle Adam?

-Lo pensé, como pensé también en Bierce o incluso en Roald Dahl. Aunque el análisis de cualquiera de esos autores es interesante, tenía la impresión de que con los que elegí ya había dicho lo que podía y sabía decir sobre el tema. Siempre me da miedo la redundancia.

-En determinado momento habla de una novela suya ( Un mal año para Miki ) y muestra por qué la crueldad que asoma en ella no es "innecesaria" o gratuita como algunos lo han sugerido. ¿Era tan consciente de los rasgos "crueles" presentes en su obra o se ha ido dando cuenta a medida que escribía el ensayo? Planteado de otro modo: ¿cuánto y qué ha aprendido acerca de su obra de ficción con este ensayo?

-Escribir La ética de la crueldad me ha ayudado a reflexionar sobre el sentido de buena parte de mi obra, que por cierto no se compone sólo de libros crueles: buena parte de los que incurrimos en esa literatura cruel no lo hacemos de manera constante; no todos tenemos la perseverancia de un Onetti, una Jelinek, un Bernhard, un Sade. Pero siempre he sido consciente de mi tendencia a buscar mi literatura en los rincones oscuros; la primera vez que expresé por escrito, hace ya bastante, mi concepción de la literatura dije que era "la voz de nuestra sombra". De lo que me he ido dando cuenta es de que esa sombra no es tan temible; lo temible son los espejismos, los falsos oasis .

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