Voces del pasado

Las olas del mundo se centra en una adolescente tironeada, durante la última dictadura, entre la ensoñación y la realidad
Emiliano Sued
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10 de abril de 2015  

En las páginas finales de Las olas del mundo, la última novela de Alejandra Laurencich (Buenos Aires, 1963), se lee la siguiente aclaración: "Algunos hechos, situaciones y personajes de esta novela son históricos, por todos conocidos y documentados. El resto es ficción". Lo histórico, conocido y documentado es la última dictadura militar en la Argentina. Un período verdaderamente fértil para la construcción de un resto ficcional; un vasto escenario donde un autor (argentino) dispone siempre de un espacio para montar su pequeño drama, iluminar los hilos de una nueva trama. La atmósfera de aquellos años irradia sobre cada escena una tensión vigorosa, sublima los momentos más cotidianos, habilita un thriller a la vuelta de cada esquina. Las olas del mundo es la historia de Andrea, una adolescente introvertida cuyos gustos e intereses la alejan de sus compañeras de escuela, al mismo tiempo que la acercan a su hermano mayor, quien nutre su mirada cultural y política. Le transmite su pasión por Luis A. Spinetta y su rechazo a los militares.

Mientras veranea en Mar del Plata, Andrea conoce a Malena, una joven de 15 años, hermana de militantes montoneros. El intenso contacto de unos pocos días cambia el destino de la protagonista. Andrea queda hipnotizada por la personalidad de Malena, quien le revela una parte de su clandestinidad. De vuelta en Buenos Aires, Andrea decide compartir con su única amiga la existencia de Él, un ser imaginario que alivia y refuerza su soledad, que lleva los pantalones de Mick Jagger, sonríe como el Che, mira y habla como Spinetta. Excitada con la novedad, su amiga se transforma en activa espectadora de una historia que incluye a una Malena ficticia. Al mundo del colegio de monjas, al del rock y al imaginario adolescente, se sumarán las voces de los mayores. Aquello que exhibe una época y sus ideologías, lo que muchas veces se oye y se comprende a medias, se incorpora a la historia de Él. La mirada femenina y adolescente recicla esos fragmentos y los hace participar en un melodrama que crece con cada encuentro de las dos amigas. En la prosa polifónica de esos diálogos, en ese "cuchicheo", Las olas del mundo alcanza su mejor brillo.

Pero la adversidad se ensaña con la protagonista y su familia. La seguridad del hogar comienza a resquebrajarse: "El calor del horno era un falso calor, algo que había que evitar si uno pretendía no caer en la trampa. Budín inglés, la pensión de Italia, los zapatos de punta de mi padre, todo eso no me calmaba. No había dónde refugiarse". Su hermano necesita irse, ponerse a salvo del cerco militar. Con la intención de ayudarlo, como si se tratara de una de sus historias y ella pudiera intervenir cual demiurgo bondadoso reuniendo a dos de sus personajes, Andrea termina poniendo en peligro la vida de Malena y su familia. Este error trágico tuerce su destino. Siempre perseguida por la desgracia, se separa lentamente del mundo afectivo; encierra sus historias en los altos de un placar. La novela se despuebla hasta volverse pura introspección. La culpa hostiga a la protagonista y la va arrimando a la locura. Necesita dejar de oír las "voces del pasado resonando como si la casa se hubiera poblado de muertos", resolver la tragedia de la que se siente autora. En la persistencia de esa pequeña trama, la última dictadura cobra la forma de un trauma. La memoria colectiva y el castigo a los culpables no mitigan el castigo de la memoria. C

Las olas del mundo

Alejandra laurencich

Alfaguara

384 páginas

$ 229

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