Vuelve a relucir la antigua mística de la librerías de la avenida Corrientes
Referentes de la vida cultural hace décadas, fueron perdiendo público; los libreros afirman que las ventas crecen, llegando a 3500 libros por día
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Roberto Arlt escribió: "El espíritu de la calle Corrientes no cambiará con el ensanche". Y tenía razón. De hecho, la extensión, en 1936, no fue la única transformación que tuvo la avenida. Perdió horas nocturnas, algunas salas de cine y uno que otro café. Pero su vigor cultural y su referencia como avenida de librerías, sin duda, no. Hoy, los libreros coinciden en que la movida cultural repunta sostenidamente desde hace seis años.
Para muestra basta un botón. En un día, las 25 librerías ubicadas a lo largo de Corrientes, entre Junín y la avenida 9 de Julio, pueden llegar a vender entre 3000 y 3500 libros en conjunto. Cada librería es visitada diariamente por un público que varía entre 300 y 800 personas. "Si buscás un libro, lo mejor que podés hacer es venir a la avenida Corrientes. Después de todo, sigue siendo para el libro una especie de shopping a cielo abierto", comentó Ezequiel Leder, gerente de la librería Hernández.
En la recorrida realizada por LA NACION, el repunte es para casi todos: desde las exclusivas en temáticas sociológicas y filosóficas, pasando por las especializadas en temáticas espirituales, y ni que decir de las que ofrecen saldos y usados. "Creemos que en la avenida Corrientes se ha producido un importante incremento de público y de apertura de nuevos locales que atraen más compradores", aseguró Marcelo Artana, gerente de comercio exterior de la librería de temática espiritual Deva´s.
"La avenida y sus librerías se han repotenciado; todo el tiempo hay flujo de personas", dijo Carlos Rosas, encargado de la sucursal de Editorial Losada, que atribuye el fenómeno al incremento de turistas.
Después de un año de la apertura, la encargada de la sucursal de Antígona, Marcela Zulimovich, en el centro cultural La Cooperativa, asegura que le va bien. Visitada constantemente por los actores del Teatro General San Martín, que se encuentra justo enfrente, cuenta con público del mundo cultural, político y periodístico.
Para los que ofrecen usados y saldos es lo mismo. "Cuando hay crisis, se venden más los usados", afirmó Carlos Soutullo, dueño de la librería Edipo Libros, sobre la avenida Corrientes, durante más de 30 años.
En Prometeo, especializada en humanidades y ciencias sociales, creen que, si bien la avenida no se parece a la de los años 70, su público académico continúa fiel. "Vienen personalidades como David Viñas, Carlos Altamirano y muchos escritores."
Frente al sostenido crecimiento, Luis Basílico, dueño de La Oferta, que vende libros y revistas, opinó que el circuito se sostiene porque "las librerías de Corrientes tienen todo tipo de precios y porque [se encuentra] material que está agotado. Además, nadie molesta a los clientes".
Para Andrés Rodríguez, dueño de De la Mancha, la estrategia es otra: el estilo. "Si se quiere, es una librería de las que había en Corrientes en los 60 y 70, pero con la dinámica del 2000." Rodríguez aseguró que es el estilo y la exclusividad de los libros especializados en humanidades, filosofía y sociología lo que hace la diferencia.
"No hay best sellers ni saldos ni ofertas", afirmó enfáticamente. Su público, clientela fija, confía en las sugerencias y el criterio tanto de Andrés como de sus vendedores. Algunos de sus compradores son Ricardo Piglia, Fabián Casas, Abelardo Castillo, Marcelo Cohen y Leopoldo Brizuela.
El mejor lugar
El polo opuesto es Obel Libros. Para Daniel Ochoa, su dueño, el éxito de los últimos años tiene que ver con la variedad de temas que ofrece: "Vendemos todo tipo de libros: historia, arte, cine, medicina, computación, tango, cocina". Aseguró que 2008 fue el año en que más vendió.
Como dijo Andrés Rodríguez: "Podés venir en 20 años y vas a encontrarte con que Corrientes seguirá siendo el mejor lugar para ir a buscar libros. Es inalterable".
No obstante, en algunos permanece la visión nostálgica. "En efecto, es una avenida de libros, pero nada que ver con treinta años atrás", dijo Enrique Guzzo, encargado de la sucursal Liberarte de la librería Antígona.
Pedro Volkovycz, librero que desde hace 30 años trabaja para la librería Cúspide, antes Fausto, piensa distinto: "Si se toman dos fotografías de aquella Corrientes que nunca dormía y ahora, puede notarse la diferencia, pero a pesar de que han pasado tantos años, sigue teniendo una enorme cantidad de librerías, muy variadas. Creo que ha tomado otro tipo de características porque la realidad ha cambiado".



