
Vulnerables
El escaso margen, la muestra de Pablo Suárez en Maman concebida como una instalación discontinua, nos coloca frente a un duro planteo de la realidad
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Recorrer el espacio de la galería Maman en estos días es un zarandeo por la marginalidad de nuestro país.
A partir --y antes también-- de aquella obra que cuelga en las paredes del Malba, Exclusión (1999) en la que un descamisado se aferra a las barandas exteriores de un tren en marcha, Pablo Suárez carga tintas en la utopía perdida del progreso social.
El conjunto presentado en esta ocasión fue concebido como un "retablo para entrar" medieval (sic), "a medida que se camina se dejan atrás algunas imágenes y se ve una idea general del todo; es como una instalación discontinua, como leer un diario, pues al final queda una sensación" afirma el artista radicado en Colonia, Uruguay, desde hace algunos años.
Si las obras fueran más grandes, o el espectador más pequeño, se podría afirmar que cada una es una instalación. En todas hay un planteo duro frente a la realidad socioeconómica; y si no fuera por la seducción del desnudo masculino, por el brillo de la resina y por el dejo caricaturesco de cada personaje, se podría decir que El escaso margen (tal el título de la muestra) es un recorrido por el Infierno Social Argentino. Hay mendigos, gente que pesca para comer y no por deporte, trofeo-víctimas de guerra, perros encerrados pero conformes con poder roer su hueso, un funámbulo que se equilibra sobre un filo de acero y un hombre cocinado como ingrediente de sopa.
En esta miscelánea no hay un ápice de esperanza, pero tampoco panfleto sensiblero. Abunda la escena cuasi cómica de historieta o dibujo animado, como la de un personaje que recurre a un aparejo para llevar un pan a la mesa o un boxeador con cara de pocas neuronas que pelea con su propia sombra. Desde siempre, Suárez tuvo interés en movilizar sensiblemente al espectador en los límites con la telenovela de la tarde. Respecto de Prisionero dice: "Los perros enjaulados producen un impacto mayor que un hombre preso". El comportamiento animal tiene su correlato en el humano también en Cazadores Mediáticos, en la que dos víboras acechan a los animales del National Geographic Channel.
La única mujer del conjunto es una niña triste como una planta sentada con sus manos sobre sus rodillas; es Retrato topiario de Malenka en el parque. Cuenta Suárez: "Hace un tiempo, en el Reino Unido, vi una topiaria de más de 200 años. Era una planta de tejo recortada; me sorprendió cómo se desdeñaba la naturaleza, cómo se podía hacer una escultura con un ser vivo. En esta obra me divirtió invertir la cuestión, es una planta con forma de humano. Quise crear un clima enrarecido, de soledad, de cosa rara, le puse como nombre Malenka, que en ruso es un apelativo cariñoso para una persona triste, es una rusita inmigrante con sus zapatitos y su vestido algo pasado de moda".
Agudo observador, Suárez se inspiró en escenas que presenció: "Poca fe es la obra de un hombre que avanza por un filo como si lo hiciera sobre una cuerda; una vez, en la estación Constitución, vi a alguien que caminaba sobre clavos con los pies sangrantes, lo hacía como un número de circo para poder sacar unos pesos de la gente que pasaba. Monumento al Mendigo lo hice porque se ha convertido en una profesión liberal, la que más ha crecido en los últimos años. Trofeos de guerra fue inspirada en plena guerra de Irak, me pareció demencial que esta gente (los norteamericanos) fueran a matar inocentes como trofeos de guerra; mientras que Cucaracha está inspirado en esa turba que pulula alrededor de los aspectos más deleznables, los que especulan en la mugre, con la venta de bebes, con la comisión de prostitutas y otros negocios non sanctos", relata el artista.
Suárez se confiesa amante de la literatura y de las palabras, lo que se corrobora en la ironía sutil de cada título de obra. En este retrato colectivo de los argentinos hay un erotismo que ronda los desnudos masculinos; a los cuerpos flacos, brazos sin bíceps y hombros sin volumen se le agrega una genitalidad expuesta, sin paño de pudor y con exageraciones anatómicas. El Narciso de Mataderos, El Perla, retrato de taxi boy, son obras en las que Suárez mostró su interés por un estereotipo masculino popular y marginal.
El artista afirma que sus desnudos "no son gloriosos como el de un Cristo, más bien tienen que ver con aquello que recomendaba Miguel Angel, si uno quiere mostrar desprotección, vulnerabilidad puede recurrir a un desnudo".
Así es como el "color piel" domina en toda la muestra junto con el "color nacional", tal como adjetiva Suárez, "no porque aluda a la bandera argentina sino porque no hay una cocina pueblerina, o un dormitorio de clase media que no tenga este colorcito celeste".
En plena Av. del Libertador y con un Mercedes Benz estacionado frente a la galería Maman, Suárez reafirma que El escaso margen es como leer un diario, que la acumulación de información se condensa en una "sensación" del mundo. Y esa sensación es como cruzar la vereda y pasar de la sección Información General al suplemento Countries.

