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Cuando terminamos creo que no tenía ni fuerza para emocionarme. Siempre creí que iba a llorar como una loca pero no, era como que estaba súper boleada, aturdida y a la vez feliz, muy feliz. Fueron 7 días en Los Andes, 152 horas de carrera andando por los lugares más increíbles, superando todo, luchando contra todo, cayendo rendidos a veces, pero siempre encontrando la fuerza para seguir adelante. Si no venía de uno, venía de alguno de los otros miembros del equipo.
Es muy extraño como funciona el equipo, allí se entiende lo importante que es contar con los demás, es estar dispuesto a ser vulnerable y humilde a entregarse al otro cuando uno está mal y después es uno el fuerte y el sostén para el otro. Es una dinámica increíble que no deja de sorprenderme y de hacerme pensar en todo lo que es posible hacer cuando muchas cabezas apuntan al mismo lugar, al mismo objetivo.
Así es Volcanes, es mucho más que una carrera, son mucho más que 500 km en la cordillera, es mucho más que una prueba deportiva o una aventura. Volcanes es un proyecto, es un sueño, que uno imagina y sueña en su cabeza durante meses, una y mil veces, y que es lo que te lleva y te empuja a lo largo del camino.
Volcanes es sentirse chiquitito de a momentos frente a una naturaleza increíble y feroz; y sentirse gigante de a otros, dueño de una fuerza que te empuja a superar hasta lo que jamás creíste que eras capaz de hacer. Es darse cuenta de lo poco que se necesita para hacer mucho. Volcanes es tu equipo, esas 3 personas que están ahí, que son tu apoyo y sostén a lo largo de un camino plagado de alegrías, tristezas, agotamiento, euforia, ganas, entrega, empuje, admiración, respeto, bronca, decepción y por sobre todo orgullo; mucho orgullo...



