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En ese abrazo del alma, interminable, del Ruso y de Pepe Heguy, los dos pioneros de esta aventura que empezó allá por 1985, se reflejó algo más que el festejo por una victoria. Juntos, en una sociedad a la que se agregaron su hermano Ignacio y Alejandro Díaz Alberdi, se despojaron de una añeja espina, para cumplir el sueño de toda la vida: ganar el Abierto de Palermo.
Así empezaba el relato de LA NACION de aquel 8 de diciembre de 1996. Un día antes, el sábado 7, Indios Chapaleufú II ganaba su primer Abierto de Palermo al vencer en una memorable final por 17-16 a sus primos de Chapaleufú, entonces el equipo perfecto de 40 goles y cinco veces campeón y que llegaba con un invicto de 14 partidos. A la conquista del 93er Argentino Abierto le siguieron tres más, en 1999, 2000 y 2004, con Milo Fernández Araujo junto a los tres hermanos. Así, con su tetracampeonato, Chapa II se convirtió en el conjunto más ganador de la última década, sólo alcanzado en el plano individual por Adolfo Cambiaso (tres títulos con Ellerstina y dos con La Dolfina) y por Mariano Aguerre (dos con Ellerstina, uno con Chapaleufú y otro con La Dolfina).
Al campeón de 1996 se lo identifica con la clásica camiseta bordó de Asprey, consagrada con el correr de los años como de una de las más populares del polo. También se lo recuerda por el look de Ignacio Heguy, que diez años atrás tenía el pelo platinado. En su primera éxito en Palermo, el equipo de los hijos de Alberto Pedro (creó el equipo en 1985) mostró su estilo de garra y coraje, virtud que se extendería a través del tiempo como un sello distintivo. Perdía 10-5 al término del cuarto chukker y, finalmente, se impuso con un contundente parcial de 12-6 en los cuatro siguientes para cerrar el 17-16 final.
Aquella tarde, Ignacio decía: "Este partido se ganó por una cuestión de garra, de actitud". Su hermano Pepe, expresaba: "Es un sueño que acuné durante doce años, en los que sumé alegrías y frustraciones, pero sabíamos que teníamos que seguir hasta que se nos diera". Hoy, mirando para atrás, Alejandro Díaz Alberdi rememora: "Veníamos bien, éramos un equipo sólido, teníamos un sistema complicado para el resto". Y Eduardo Heguy, el capitán, cuenta: "Para nosotros, ganar el Abierto de 1996 fue muy importante. Estuvimos cerca muchos años y no podíamos lograrlo, y finalmente se nos dio ante el gran equipo de ese tiempo. Jugábamos con Piqui (por Díaz Alberdi) desde 1994, cuando llegamos a la final y no la pudimos ganar. Y en 1996 se nos dio: fue el sueño hecho realidad".
Además, el back se refirió al significado del título para la continuidad en los años posteriores: "Ese Abierto de 1996 fue un click que nos ayudó a aprender a ganar. Fue muy importante, nos dio mucha confianza, nos quitó presión. Y así, siguieron 10 años muy buenos".
1996: el primer éxito de un equipo multicampeón.


