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!A ver, antes de irme voy a darle un beso a mi novio...!". La enfermera cumplió: le dio un beso y se fue. Yo estaba en la puerta de la habitación, al lado de terapia intensiva, y desde el interior escuché la voz del Gordo. "Pasá, acá en la clínica ya tengo cuatro novias; no perdí el tiempo. Pero eso sí: ninguna como mi mujer".
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Villa Ballester. Son exactamente las 16 del jueves 22 de abril de 1999. En la calle Marengo 3980 está la clínica Santa María y en la planta baja, en una habitación sin número, desde la madrugada del 21 de marzo último está internado el boxeador misionero Jorge Daniel Alvez, de 27 años, que fue operado en dos ocasiones por un coágulo cerebral. Me animo y entro. Allí, acostado, con su mujer Inés acompañándolo, está El Gordo, como se lo conoce boxísticamente a Alvez.
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"Yo le digo a a mi mujer: cuando me vean caminando por la calle, con la cabeza hundida, van a pensar que llegaron los marcianos". No hay preguntas; la charla surge sola; en un tono cómplice, al menos de mi lado, frente a un hombre que es feliz por una sencilla razón: vive.
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"Tenés panza de casado", me dice Inés, la mujer de Alvez. Respiro hondo y le contesto: "Desde chico tuve tendencia a la obesidad".
"Obe...qué. Yo fui gordo; a los 9 años pesaba 78 kilos; con los problemas que me traía vivía paspado", nos aclara Alvez. Y sigue: "A los 13 años entré en el gimnasio; y empecé a entrenarme con Pradeiro".
Es cierto, Alvez comenzó su derrotero en el boxeo a los 13 años, en el gimnasio del Luna Park, con la orientación del entrenador Juan Carlos Pradeiro.
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Se abre la puerta de la habitación. Entra una mujer. Es la dueña del quiosco que está a la vuelta de la clínica. Le da un beso a Alvez y un paquetito; Alvez lo abre, lo huele y dice: "Es chocolate; lo guardo para comerlo con Jona".
"Probalo, decile si te gustó a la señora", lo anima Inés; y Alvez saborea el chocolate y guarda un trozo para compartirlo con su hijo Jonathan, de 7 años. Se va la mujer y deja una frase: "Si te gusta, mañana te traigo otro". No hubo dudas: "Lo espero", dijo Alvez.
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Alvez, Inés y yo; otra vez solos. Sobre una mesita hay un grabador. Alvez le dice a la mujer que quiere escuchar a León Gieco; la mujer cumple con el pedido. "A mi León siempre me gustó", dice el Gordo. "Las noches que me pasé comiendo asado y escuchando a León", evoca Alvez.
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Con León Gieco de fondo, habla Alvez. "En tanto tiempo de gimnasio hice muchos amigos; Sandro Oviedo, Coggi. Con el Látigo viajé como sparring a los Estados Unidos y gané 4000 dólares; cuando volvimos, empezamos a ir a cazar juntos a su campo". Alvez hizo referencia a la pelea que Juan Martín Látigo Coggi le ganó por knock-out en el cuarto asalto al norteamericano Frankie Randall, realizada en 1996 en Las Vegas.
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"Con Coggi íbamos a cazar con escopetas; todo lo que cazábamos los comíamos", recuerda Alvez. Se lo ve tranquilo y con buen humor, a un mes de su internación.
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Otra vez se abre la puerta. Entra Vicente, el enfermero, que tiene unos 40 años. En la cara de Alvez se le dibuja una sonrisa. "Vas a empezar a trabajar; me venís a bañar", dice el boxeador. Y la respuesta de Vicente no se hace esperar:"No, que después te baño con agua fría y vos te enojás". Vicente se va; en realidad no lo vino a bañar. Como lo hace habitualmente, el enfermero pasó por la habitación de Alvez y lo visitó; es que entre ellos se generó una fuerte corriente afectiva.
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Alvez vuelve a lo que parece ser un pasión: la caza. Vive en Florencio Varela con Inés y sus dos hijos: Jonathan y Vladimir, de 2 años. Me entero de otra particularidad: en muchas ocasiones fue de caza con algunos vecinos. "Lo que cazábamos lo repartíamos entre todos y lo cocinábamos, pero no lo comíamos nosotros; se lo llevamos a nuestras familias", me dice Alvez, que ahora está en el borde de la cama.
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Hay silencio en la habitación, que tiene dos camas y da a la calle Marengo; en una de ellas pasa las noches Inés, al lado de su esposo, que en la noche del 20 de marzo perdió por knock-out en el noveno asalto con el dominicano José Rosa Gómez, en una pelea realizada en en el gimnasio Cemef, de San Martín, y desde el ring fue trasladado y operado en la clínica Santa María.
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Inés me hace escuchar una grabación. Es la voz de su Alvez, con apariencia de reportaje, para una radio. En realidad, Inés, hace unos días, grabó con su esposo la cinta en la que él recordó la noche de la pelea con el dominicano Rosa Gómez. "Recuerdo que en las tarjetas iba ganando; pero que en el noveno round me noqueó", reproduce el grabador que sostiene Inés, al tiempo que Alvez, sentado en la cama, asiente.
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Suena el teléfono. Atiende Inés. Le pasa el teléfono a Alvez. "Estoy bien; me duele la pierna izquierda y estoy esperando salir". Enseguida me entero de que en el otro lado de la línea le hablaba un familiar. E Inés me aclara de que todos los días Alvez habla por teléfono con sus hijos; también, que en nueve días dejará la clínica; irá a su casa y después de tres o cuatro semanas empezará la rehabilitación, internado en una clínica especializada.
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Ya pasaron casi tres horas de mi entrada en la habitación de Alvez; me despido y me voy; Inés me acompaña hasta la puerta de la clínica; creo que sobran las palabras; adentro, en la habitación de un blanco-grisáceo, la que está al lado de terapia intensiva, había quedado el hombre que llegó hace 30 días y pico debatiéndose con la muerte y que hoy mira a los ojos; en realidad, a la vida.
Nombre: Jorge Daniel Alvez
Fecha y lugar de nacimiento: 23 de diciembre de 1971, en San Ignacio, Misiones.
Record como profesional: 40 peleas. 23 victorias (6 por KO), 10 derrotas y 7 derrotas.
Títulos: En 1995, en la categoría welter, obtuvo los títulos Sudamericano e Intercontinental de la FIB.
Apodo: Gordo.
Técnico: Juan Carlos Pradeiro.
Ultimo combate: El 20 de marzo de 1999; perdió por KO en el noveno asalto con el dominicano José Rosa Gómez en un combate por el título Latino de la OMB.


