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Por Roberto Berasategui
"Vos te imaginás, pibe", dice suelto de cuerpo don José Froilán González en su despacho de la concesionaria de la calle Uruguay. Habla del primer triunfo de Ferrari en la Fórmula 1 como si fuese moneda corriente. Sin embargo, como los buenos vinos, es el tiempo el que le otorga el mayor valor al logro. Y hoy, a 60 años del debut triunfal del equipo más emblemático del mundo, a manos del piloto argentino, aquel hito toma cada vez mayor relevancia. En el mundo, por lo que significa Ferrari (sólo bastó observar cómo se refirió al tema el mundo del automovilismo el fin de semana último, justamente en Silverstone). Y en la Argentina, por valorar aquello que parecía muy accesible y hoy, ante la ausencia de logros que ni siquiera son una pequeña porción de esas hazañas, la historia produce el alza en su cotización.
"Esa carrera marcó mi vida. Ese día la Ferrari andaba una barbaridad. Mirá, Juancito (Fangio) y yo éramos inalcanzables. Ninguno podía con nosotros. Pero el auto de Juan se bandeaba. En cambio mi auto iba muy firme. La única preocupación que había en Ferrari era el consumo de combustible. Pero no hubo problemas. Paré, cargué de nuevo y me escapé tanto que gané por casi un minuto. ¡Impresionante!", recuerda don Pepe, refugiado en su oficina con un "escharpe" marrón, que le cubre desde el cuello hasta la boca. "Vos sabés que ando a batería (por el bypass ). Tengo que cuidarla. Además, mi motor ya no tiene tanto combustible, debo administrarlo de la mejor forma", sonríe, a los 88 años, el simpático arrecifeño.
"Ese triunfo tuvo un significado especial. Porque Ferrari era de Módena y representaba al trabajo modesto. Competíamos contra los archirrivales, las Alfettas (Alfa Romeo de Fangio, Farina, Bonetto...), que provenían de Milán, de la Italia rica. Ellos probaban en Monza, nosotros corríamos a los vecinos para acelerar en Módena. Esos autos eran fabulosos. Sin embargo, ese día le dimos la gran sorpresa", se pone feliz don Pepe, que pega puñetazos sobre la mesa acompañando su alegría.
Al margen de su gran amigo, el Chueco, Froilán abre bien grande los ojos cuando se nombra a dos personalidades que marcaron su vida: Juan Domingo Perón y Enzo Ferrari. "Mi relación con el Commendatore llegó porque gané dos carreras en la Costanera con uno de sus autos. Yo me acerqué y le dije que cualquier cosa que necesitara, yo estaba a disposición. Y así fue que me convocó (para ocupar el lugar que había dejado Piero Taruffi). Era una persona sorprendente. ?El Viejo' (así lo denominó cariñosamente) nació de la necesidad. Y por eso quizá llegó a tenerlo todo. Fue el hombre más relevante de Italia."
Muchos argentinos, que no dimensionaban el logro de don Pepe en 1951 (repitió el éxito en Silverstone con la máquina roja en 1954 y fue el único piloto nacional que se impuso en las clásicas 24 Horas de Le Mans) quedaban perplejos al viajar a Italia y comprobar que Enzo no ponía sus habituales reparos y abría la puerta de par en par para recibirlo con el afecto que no solía demostrar al resto.
El año pasado, el presidente de la Federación Internacional del Automóvil (FIA), Jean Todt, le entregó la Medalla de Oro (sólo fueron condecorados Schumacher, Stirling Moss, Mario Andretti y el príncipe Rainiero) a "una leyenda viviente que distingue al automovilismo de todos los tiempos". "Vos te imaginás, pibe...", como si eso de escribir la historia grande fuese un manuscrito ocasional...




