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MADRID.- Sólo habitando en el bolsillo de Carlos Delfino o monitoreando su cuenta bancaria podrá saberse realmente cuánto cobrará anualmente por el nuevo y fabuloso contrato que ayer firmó en esta ciudad, en la sede de la empresa U1ST Sports, con el Basketball Club Khimki, que tiene su sede en la periferia de Moscú. Se habló de US$ 10.000.000 por cada uno de los tres años, que cuenta con una cláusula de rescisión automática al final de cada temporada si pretende fichar para otro equipo de Europa o decide regresar a la NBA, donde actuó por cuatro años (tres en Detroit y uno en Toronto) y que ya le permitieron ganarse una jubilación de por vida.
Ayer las cifras sobre su salario fueron más exactas: incluido el auto y la casa, será de US$ 5.168.000 netos anuales, libres de impuestos, que en Rusia ronda el 35% del total bruto, y ya deducidas las comisiones de su agente. De ser así, se acercaría a lo que percibirá este año Manu Ginóbili en los Spurs, US$ 9.900.000, pero sin deducir las cargas del estado, que pueden superar el 40%, y las comisiones.
Pero como los montos deducibles no son precisos, la intriga sobre sí es o no el mejor contrato de la historia para un basquetbolista argentino quedará en la nebulosa. Además, el encargado de U1ST Sports en Rusia, el italiano Alessandro Barbalich, comentó ayer: "La Argentina es un país muy ordenado comparado con Rusia. Allá muy pocos pagan impuestos".
Y aclaró enseguida que esos descuentos del estado los pagará el propio club, que cuenta con el apoyo absoluto del alcalde de esa región. Un hombre con aspiraciones políticas que quiere competir en el deporte con las dos grandes potencias del básquetbol del país que están dentro de la capital. "El Cska es el equipo del ejército ruso, el Dynamo es el de la policía y Khimki, el del alcalde de las afueras de Moscú." Una guerra política, económica y deportiva en la que ni siquiera dejarían de estar involucrados los dudosos arbitrajes, como alguna vez se lo dijo a LA NACION el pivote Rubén Wolkowyski, que jugó dos años en Khimki.
El escolta santafecino, de todos modos, se mostró muy satisfecho por el traspaso. "Fue el club que más me quiso en estos últimos meses y me interesó la propuesta porque sé que voy a jugar mucho. Eso vale más que el dinero. Yo necesito seguir desarrollándome y, además, el proyecto deportivo es muy bueno, porque además de querer lo máximo en la Liga rusa interesa la Euroliga", dijo el jugador, que ayer estuvo acompañado por su esposa Martina, una hermosa italiana de Bologna, y su padre, Carlos.
"También podremos estar más tiempo juntos. De Italia a Moscú hay tres horas de vuelo y tres frecuencias por día", agregó Delfino. Además, contará con chofer exclusivo (como Wolkowyski) porque "conducir en Rusia no es fácil por lo peligroso que es el tránsito", aclaró el jugador. Con el tema de la adaptación se quedó tranquilo: "Al frío y a la nieve ya me acostumbré en Detroit". También tendrá la posibilidad de continuar con uno de sus hobbies, el de la pesca (el otro es la colección de autos antiguos) porque Khimki es el nombre de la ciudad, pero también del río que la rodea. "El problema es que allí tendrá que hacer un agujero en el hilo si quiere sacar un pez", sonrió Barbalich.
Los directivos de Khimki trajeron la camiseta número 10, con el nombre del basquetbolista en español y en ruso, que tiene los colores de Boca, para la foto de Delfino con la prensa.
"Sé que en la Argentina la NBA tiene más difusión que el básquetbol ruso, pero lo importante es que voy a seguir siendo reconocido dentro del ambiente de este deporte porque llego a un club importante y con un gran proyecto", apuntó el santafecino. Además, no tendrá problemas de permiso para jugar en la selección nacional, según dijo Bychkov: "Para nosotros es un honor y le deseamos todo el éxito, aunque cuando juegue contra Rusia en los Juegos Olímpicos queremos que su equipo pierda".




