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SALTA.– Es uno de los jugadores más queridos en la historia de Estudiantes de Madrid, un club tradicional y emblemático de la primera división española. Hace diez años que juega allí, donde es el capitán y máximo referente del equipo. Sin embargo, en la Argentina, ante el gran público, casi que hay que presentarlo con documento y todo.
Hernán "Pancho" Jasen, escolta y alero ("diría que soy un dos y medio"), tuvo el mismo arranque que Manu en su carrera. Nació en Bahía Blanca (4-2-1978), tiene 32 años, jugó en Alem, se enfrentó muchas veces con Bahiense del Norte, el club de los Ginóbili, y empezó la aventura de la Liga Nacional en Andino, de La Rioja, simultáneamente con Manu. Vivieron juntos en una pensión y se volvieron al año siguiente a Bahía para jugar en Estudiantes. Después, uno se fue a Italia y el otro, a España, pero siguen siendo amigos.
No es un debutante en la selección, pero casi. El Mundial será su primer torneo importante con la Generación Dorada y, casualmente, las puertas se le abrieron, más allá de sus virtudes, por la ausencia de Manu, que también es un escolta y alero.
"No, no vengo a ocupar su lugar. No confundamos los roles. Yo soy un jugador intenso, con rebote, buena defensa y que puedo aportar puntos, mientras que Manu es un extraterrestre. Nadie puede reemplazarlo. Yo voy a jugar de Jasen".
–Bueno, pero podés llegar a ser el primer bahiense campeón del mundo.
–¡Ja!, primero espero quedar entre los doce y cumplir el sueño de jugar un Mundial. Algo que me permitiría ponerle el toque que le falta a mi carrera después de jugar diez años en el máximo nivel de Europa.
–¿Por qué creés que, pese a tus condiciones, nunca encontraste cabida en la Generación Dorada?
–Porque en mi puesto hubo siempre jugadores que superaban la calidad normal. No había huecos. Me hubiera gustado haber participado de otros torneos, pero no se dio. Estuve tapado por grandes jugadores. Fijate que para el Mundial de Japón 2006 quedé fuera del equipo el último día porque en mi lugar estaban Manu, Delfino, Chapu Nocioni y Walter Herrmann. Los cuatro en ese momento eran jugadores de la NBA. Para mí fue un golpe duro, doloroso y me dejó una gran tristeza, pero entendí que yo jugaba en la tierra y ellos venían de otra galaxia. Son cosas que pasan. Con ellos ganamos todo.
–¿Te sentís parte de la Generación Dorada?
–No, para nada. Yo pasé muchos años a la sombra de la Generación Dorada. Y aunque siento un gran orgullo por lo que hicieron y por el prestigio que le dieron al jugador argentino en el exterior, algo que todos disfrutamos, también siento una sana envidia por todo lo que lograron.
–Tu romance con la selección fue medio tormentoso y polémico, con renuncias no muy claras. ¿Está todo solucionado?
–Lo hablamos con Sergio y decidimos mirar para adelante. Lo pasado, borrado. Lo importante ahora es estar acá y colaborar con este gran equipo. Ya está todo solucionado.
–¿Cómo te insertaste en el grupo?
–Trabajando duro, colaborando, siguiendo el ritmo de trabajo. Es muy fácil entrar porque ellos te dan la confianza enseguida. Es muy buena gente y conocen mucho de esto.
–¿Notaste alguna química especial?
–Seguro. La clave es el espíritu de superación. Tienen umbrales de sacrificio muy altos, niveles de exigencia elevadísimos. Todos son amigos fuera de la cancha, pero en el entrenamiento compiten todo el tiempo. Todos sienten hambre por jugar. Por momentos parece que estás en una selva, donde todo es trabajo duro y te obligan a dar el máximo.
–¿Ése sería el sello del equipo?
–Pienso que sí. Otros equipos tienen más talento o más altura, pero ellos alcanzan todo con esa exigencia. Son como leones y tratan de mantener ese espíritu todos los días. Entrenándose con esa intensidad no hay lugar para los malos hábitos. Es difícil encontrar un equipo así, por eso tuvieron tantos éxitos. Acá los líderes son los que van primero en el trabajo, a la cabeza de todos. Te llevan, te empujan. No dejan que nadie se quede atrás. Yo trato de asimilar y de ayudar en esa forma de trabajar.
Aunque no sea de la Generación Dorada, Jasen tiene el estilo que este equipo necesita y llegó para tapar un hueco que antes nunca pudo encontrar.



