Los 40 años de Luis Scola: del nene que burlaban a una leyenda interminable

8.09.2019 El argentino Luis Scola reacciona durante el partido de baloncesto entre Venezuela y Rusia en la Copa Mundial de Baloncesto 2019, en Foshan, China.
8.09.2019 El argentino Luis Scola reacciona durante el partido de baloncesto entre Venezuela y Rusia en la Copa Mundial de Baloncesto 2019, en Foshan, China. Fuente: Archivo
Diego Morini
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30 de abril de 2020  • 16:07

En Martín Coronado andaba un chico algo inquieto. Introvertido, porque era demasiado alto para su edad. A los 7 años casi acusaba 1,68 metro. No era algo bueno en aquella época para el pequeño Luis. Entonces, Alicia, su mamá, se subió a su Citroen celeste y lo llevó al club Ciudad, para que el nene estuviera en un hábitat, donde ser alto es un beneficio, en la zona en la que no te aniquilan las miradas burlonas por ser un "niño-gigante". Nadie podía imaginar que ese idea iba a ser una de las más importantes para la historia del deporte argentino. No existía casi nadie, salvo él, Luisito, que pudiera imaginar que en su horizonte podía entrar la NBA, ni tampoco que iba a ser campeón en España, ni campeón olímpico, ni capitán de la selección de la Argentina y mucho menos estar compitiendo en el más alto nivel con 40 años... Sólo en la cabeza de Luis Scola.

Una locura por donde se lo mire cada capítulo de su vida. Llegar a los 15 años a debutar en la Liga Nacional en Ferro... Cuando casi todos los demás chicos de su edad estaban pensando en jugar, él ya era profesional. Ya no era Luisito, era Luis y provocaba que el mítico León Najnudel dijese: "Va a ser el mejor 4 de la Argentina".

Le quedó chica la Liga en pocos años, se debatieron las universidades de Estados Unidos y Europa por él. España lo recibió, fue amo y señor en Tau Cerámica, pero primero tuvo que hacerse fuerte en el ascenso con Gijón y conseguir allí subir a la Liga ACB. San Antonio Spurs se quedó con sus derechos, pero nunca lo usó, el desembarco fue en Houston Rockets y desde allí hacia la luna. Pasó por Phoenix, emigró a Indiana y Toronto fue su última función en la NBA.

La selección resultó su bandera, su sello de identidad. Siempre confesó que es el lugar en el que siempre se sintió pleno. En una charla con LA NACION, explicó que nunca implicó un esfuerzo para él ser parte del conjunto nacional, incluso, cuando eso implicase cruzar el mapa para jugar un partido de eliminatorias, ya que en 2018 estaba jugando en China, en Sharks Shanghai. Campeón olímpico en Atenas 2004, una capitán eterno y subcampeón del mundo en China 2019 con 39 años. Su futuro no tiene límites y hasta podría estar en Tokio, en 2021, en los Juegos Olímpicos, para su último baile y con 41 años.

El mensaje de Prigioni

Aceptó todo tipo de cambios para poder competir siempre al más alto nivel. En el podcast de Alvaro Martín, Vidas NBA, Scola hasta reconoció que estuvo complicado para poder seguir jugando allá por 2011, cuando se lesionó la rodilla izquierda como parte de los Rockets, en un partido ante Sacramento Kings. Se operó, se sometió a una artroscopía y el panorama no era alentador, pero...: "Le pregunté al médico y le pedí que me dijera la verdad, cómo estaba y qué iba a pasar. Me dijo 'te voy a decir la verdad, yo no espero que vos puedas volver a jugar normalmente al básquet. Creo que vas a terminar jugando, pero me sorprendería muchísimo que vos juegues dos años más, y no creo que tengas chance de jugar una temporada entera. Vas a perderte partidos y demás'. No lo podía creer, tenía 31 años y estaba totalmente abatido. Y ahí me fui, me tomé una semana de reflexión y tomé la decisión. O me lo tomaba con calma, que ya estaba todo y que jugaba lo que podría jugar y ya estaba, o me rebelaba contra lo que me acaban de decir. Tomé el segundo camino y llevo desde ese punto 9 años jugando, casi una carrera por sí sola".

Su puso a investigar, trató de saber de qué forma podía ayudar a esa rodilla a tener una mejor vida útil. La alimentación y el sueño se volvieron su forma de vida. Afuera las harinas, la azúcar procesada, afuera las carnes rojas... Un cambio importante y determinante. Comenzó a evolucionar a cada paso. Aunque siente que es un esfuerzo enorme, porque hasta hoy suele confesar que le cuesta negarse si hay una pizza sobre la mesa. Sin embargo, nunca se detuvo. Todo su foco en la cancha, en competir.

Pero para eso siempre contó con Pamela, su gran compañera de ruta y a la que conoció en la escuela 28 de Martín Coronado. También sus hijos, Tiago, Matías, Lucas y Tomás, alimentan su gen competitivo. Sabe como elegir cada movimiento, por eso desde hace tres años lo cuida de cerca Marcelo López, uno de los preparadores físicos de la selección y entrenador personal del capitán argentino.

Una leyenda viviente. Sigue dando batalla en Italia, en Olimpia Milano, con Ettore Messina como entrenador, lujos en los últimos kilómetros de su carrera. Aunque lejos está Luis Scola de ser un jugador en la categoría "retorno", porque su participación en la Lega 1, es tan determinante como siempre y hasta volvió a poner a la Euroliga en su calendario.

Interminable. A los 40 años mantiene el hambre por competir, ese que tenía a los 10 y en Premini en el Club Ciudad, cuando volcaba la pelota hasta de espaldas. Porque en realidad, Luis Scola, detrás de toda esa seriedad y ese tono siempre formal, guarda al Luisito que ama jugar, competir y si es posible ganar. Y de eso se trata disfrutar del viaje.

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