Mundial de básquet. Marcos Delía, el pivot de 2,06m al que Scola exige para que cada día sea mejor

Marcos Delía y una volcada en el partido contra Polonia
Marcos Delía y una volcada en el partido contra Polonia
Diego Morini
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9 de septiembre de 2019  • 20:00

DONGGUAN, China.- "Cuando el horario lo permite hablo con mi familia, leo bastante, se arman las mateadas después de cenar en una habitación. Escucho música, la mayoría rock nacional. Así uno se despeja. Ojo que acá no la traje, pero también me gusta jugar a la Playstation para desconectar. Después de los partidos me cuesta salir de ese estado de adrenalina y uno siempre busca cosas para bajar". Marcos Delía tiene una simpleza para hablar y una calidez que no se condice con esa furia que luce dentro de la cancha cuando logra imponer sus 2,06 metros de altura. Disfruta de las pequeñas cosas y no lo deslumbra lo majestoso que es todo en esta ciudad. Ni tampoco lo encandilan los brillos de un hotel que destila lujo.

Las charlas con Facundo Campazzo, Gabriel Deck, Germán Beder (el jefe de prensa del plantel), Tayavek Gallizi, lo sacan de la vorágine de un Mundial de China que no da respiro. Sueña en grande con la selección, pero sus deseos van más allá de un simple resultado. Siente que lo que busca este grupo excede, incluso, lo que pase aquí. En la charla con LA NACION, mientras disfruta la clasificación a Tokio 2020, cuenta que no descarta la posibilidad de estudiar alguna carrera universitaria a distancia y que leer libros de historia forma parte de su fórmula para descansar su cabeza.

-¿Están jugando de la forma que pretendían?

-Sentimos que estamos haciendo el juego que queríamos y somos conscientes de eso. Fue un proceso largo, que comenzó con los Panamericanos, que nos permitió desarrollar mejor nuestra idea y que nos ayudó para ganar los primeros cinco partidos. Pero hay que ir más atrás, a 2015, cuando este equipo comenzó a conocerse. Empezamos a encontrar nuestra idea desde ahí y logramos desplegarlo en el Mundial.

-En la Argentina no hay hombres grandes y siempre se depositó mucha expectativa sobre los jugadores de buena talla, ¿sentiste presión por tener esa característica y por la expectativa que generó tu altura?

-Un poco sí. Soy consciente, desde que empecé, que había una necesidad de hombres grandes y que la Argentina nunca tuvo la referencia que tienen otras potencias mundiales respecto a la altura. Pero bueno, con otras herramientas se le encontró la vuelta. Sentí esa expectativa, no lo sentí como una presión. Me di cuenta que estaban pendientes de qué podía dar. Me parece que fuimos adaptando nuestro juego y eso ayudó a que los hombres grandes podamos encontrar nuestro lugar cuando estamos en desventaja respecto de la altura.

-La Argentina es un equipo con mucho vértigo y para los jugadores de tu altura no es simple aguantar ese ritmo, ¿trabajás para poder sostener esa dinámica?

-Sin duda que el ritmo es muy intenso. El básquetbol fue cambiando y cada vez hay menos pivotes que juegan con 5 piques y arrastrando a su rival hasta adentro del aro. Un poco el que nos marcó que eso iba a suceder era Luis (por Scola) que estuvo en la NBA y vio que iba a cambiar el juego de los internos. Me tuve que adaptar y lo sigo haciendo para seguirle el ritmo a Campazzo, a Laprovittola, a Vildoza, a todos eso bases picantes que tenemos. Todos nos adaptamos al nuevo básquetbol. Lo que trabajo mucho es en generar ventajas en el pick and roll para que el defensor de mi compañero quede atrás. Tenemos que generar espacios para estar cerca del aro. Todo entrenamos.

-¿Te molestó que en algún momento llegaran críticas sobre tu forma de jugar?

-De más chico no le prestaba atención. Ahora de más grande me doy cuenta de que no está tan bueno cuando no se valora el esfuerzo. No tengo redes sociales y no soy mucho de seguir qué se dice o se deja de decir. Trato de enfocarme en el equipo y en los partidos y punto. Juego y trato de hacer las cosas bien. Lo que se diga no tiene mucho sentido para mí.

-Compartir espacio con Scola, ¿es una carga para hacer todo bien?

-Luis es tremendo, te exige para hacerte mejor. Con sus formas y sus métodos. Si lo escuchás y le hacés caso, a la larga ves los resultados. Disfruto mucho jugar con él, todos disfrutamos tenerlo acá. Es una pieza importante por el equipo y más allá de los números que está haciendo en este Mundial. Ver cómo lo respetan los rivales, cómo absorbe la presión, eso nos sirve a nosotros.

-Tenés una racha de 45 partidos consecutivos jugando con la selección, ¿qué representa para vos vestir esa camiseta?

-La verdad es que pocas veces me pongo a hacer un análisis de eso. Es todo tan rápido lo que sucede en la carrera que queda poco espacio para mirar esas cuestiones, los torneos son a full, terminamos acá y nos vamos a los clubes... Ahora que lo pienso siento que es disfrute lo que me produce, la selección me dio muchísimo para mi carrera y yo se lo devuelvo de la misma manera. Es como que es parte de mi identidad.

-No es sencillo pasarla bien dentro de la cancha, sin embargo, a ustedes se los ve divertirse por momentos.

-Es muy difícil lograr eso. En la cancha disfrutamos y siento que está relacionado con que tenemos una idea que respetamos y que desarrollamos porque entrenamos muy duro para lograrlo. Podemos ganar o perder, pero si logramos jugar como entrenamos, ya sentimos que es un éxito.

-¿Pensabas que podían tener este nivel en la Copa del Mundo?

-Cuando vimos el sorteo pensamos en los rivales que nos tocaron y sentíamos que podíamos tener una buena oportunidad. Confiaba que podíamos ganar los cinco partidos. Fue durísimo hacerlo. Tiene mucho mérito haber ganado los juegos que ganamos. Tenía mucha confianza en el equipo. Siento felicidad por cómo estamos jugando, estoy orgulloso del equipo, vamos siempre al frente, tenemos una idea y eso marca la diferencia.

-¿Qué proyectás o qué sentís sobre el potencial de la selección en este Mundial?

-Siento que le podemos ganar a cualquiera. Me imagino los partidos en la cabeza y los veo peleados y que nunca nos sacan de la cancha. Por más que vengan las potencias con estrellas, en la cancha somos 5 contra 5. Es un día y uno nunca sabe... Lo anímico en estos torneos pesa muchísimo. Algo que voy aprendiendo con estos torneos, es que los partidos los gana el que los quiere ganar, el que tiene más ganas.

No se detiene, habla, y explica hasta con sus manos. Pero antes de despedirse deja una frase que permite entender cómo se siente Marcos Delía. "Estoy feliz. Me siento importante y eso me hace sentir bien. Es muy bueno cuando un equipo te hace sentir importante. Es fundamental sentirse de esa forma y eso me pasa en el Mundial".

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