Mundial de básquet. El después del triunfo argentino ante Serbia: el equipo que cambió la historia y no quiere interrumpir su sueño

El festejo de Gabriel Deck
El festejo de Gabriel Deck Crédito: Prensa CABB
Diego Morini
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10 de septiembre de 2019  • 18:00

DONGGUAN, China.- Todo es un grito. Cuesta ver. Los ojos no permiten comprender. Estalla el Basketball Center de esta ciudad. La Argentina da un golpe histórico frente a Serbia por 97-87 y accede a las semifinales del Mundial de básquetbol China 2019, donde este viernes se enfrentará con Estados Unidos o Francia. Tiembla el pulso. Asusta Bogdan Bogdanovic, responde Facundo Campazzo. Se infla el pecho. Sobrevuelan imágenes de antaño y se chocan contra una realidad que enamora. Cae Serbia de rodillas y no hay forma de controlar la emoción. Se aniquilan los imposibles: este equipo se encarga de hacerlo trizas. Si parecía que Tokio 2020 era un objetivo lógico y que ya era suficiente para este grupo esa marca, ellos desafiaron a las predicciones y elevaron hasta el cielo el celeste y blanco. No le tienen miedo a nadie dijeron miles de veces y puede resultar una frase de compromiso, pero este equipo, con el inoxidable Luis Scola como estandarte, dejó en claro que no hablan por hablar.

Saltan y se abrazan en el medio de la cancha. Cantan en ronda "vamos, vamos Argentina", se les explotan las manos de aplaudir. Contagian y resulta imposible quedar afuera de semejante momento. Los serbios miran sin entender bien cómo pasó. La Argentina lo sacó del juego porque lo deseó con fuerza y eso tiene un valor incalculable. Sale Nikola Jokic, la estrella serbia de la NBA, sin energías, caminando por la zona mixta. Entonces se potencia la idea de que la propuesta de este estilo diferente del conjunto nacional rinde a pleno: tratar de dejar la piel y ser un torbellino que asfixia adentro de la cancha.

Mundial de básquet: el partido inolvidable de la Argentina ante Serbia

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Salta Campazzo encima de Scola en medio de la zona mixta. Le saca una sonrisa al capitán que había llegado a ese lugar algo molesto porque le preguntaron varias veces, en inglés, si lo conseguido por la Argentina se trataba de un milagro. "El primero que me diga que esto fue una sorpresa o un milagro, me voy, rompo un teléfono, después se los pago, pero lo rompo -y soltó una pequeña sonrisa-. Lo voy de decir antes de que me pregunten: esto no es un milagro, lejísimos de ser un milagro, no es una sorpresa. Había 22 personas que creíamos que íbamos a estar acá. Es todo lo que necesitábamos, que lo creyera el equipo", dijo Scola y soltó, al fin, una risa de felicidad.

Aparece por ahí Juan Ignacio Pepe Sánchez y en apenas una frase permite poner en contexto qué significó el tremendo triunfo de la Argentina sobre Serbia: "Desde la actuación de Manu (por Ginóbili) contra Estados Unidos en el Mundial de Indianápolis 2002 que no se veía una tarea como la que tuvo Campazzo contra Serbia. El dominio sobre el juego que tuvo fue increíble", dice uno de los bastiones de la Generación Dorada. Mira fijo a su interlocutor y él también suelta una mueca de alegría genuina.

Se multiplica la felicidad de este grupo y se lo alcanza a ver a Gabriel Deck, al que hasta le cuesta saltar por cómo dejó el cuerpo dentro de la cancha. Se toca la zona intercostal izquierda, una dolencia que arrastra desde el cruce con Venezuela por la segunda etapa, pero no le importa: "Dijimos que no le teníamos miedo a nadie y lo sostenemos. Sabíamos que era muy duro, pero no era imposible. No pensamos en todo lo que ellos son como potencia, nosotros tenemos una forma de jugar y no podíamos cambiar por más que jugásemos contra la mayor altura de ellos".

Nadie quiere mirar hacia atrás, pero es imposible no pensar en que resultó otra batalla épica ante los balcánicos. Se recuerda la final de Indianápolis 2002 cuando sobre el final Yugoslavia dejó un sabor amargo con arbitraje polémico incluido, Aparecen recuerdos de la palomita de Manu Ginóbili para vencer a Serbia y Montenegro sobre la campana en el debut de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, de la misma que ahora se inmortalizarán las imágenes de Campazzo, Scola, Nico Laprovittola, el Pato Garino, Facu Vildoza y Marcos Delía, que dejaron el alma para bajar al gran cuco de este Mundial de China.

El video del festejo íntimo de los jugadores en el vestuario tras el pase a semifinales

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Explotó el vestuario y con los restos de energía que les quedaban los jugadores argentinos trasformaron el lugar en una auténtica locura. Campazzo se abrazó con Nicolás Brussino y saltaron hasta más no poder. Delía usó de bombo la pizarra en la que un rato antes se trazó la estrategia para frenar a Jokic y a Bogdanovic. Tayavek Gallizzi cuidó la TV para evitar que la rompiesen. Laprovittola mojó a todos sus compañeros y entre todos se permitieron cantar como en una cancha: "Despacito, despacito, despacito, les rompimos el c.".

Deja al cuidado de los periodistas Campazzo su premio de MVP del partido y le tira algunas fintas, con una sonrisa pícara, a los micrófonos que lo esperan. Molesta a sus compañeros que están atendiendo a la prensa internacional y cuando le toca al base cordobés contar cuáles son sus emociones es contundente: "Me siento con una felicidad absoluta. Dimos todo. Tuvimos un gran partido colectivo. Hicimos un juego sólido. Hay que tomar dimensión, disfrutar de un triunfo de tanta magnitud. Pero también seguir. Ir por más. No nos conformamos".

Saluda el entrenador Sergio Hernández a la gente que esperó a la selección en el hotel para agradecerle semejante show. Está pleno, porque el juego lo pensó tal cual como se dio. Por la tarde, antes del choque con Serbia, él estuvo relajado y hasta se lo vio dando vueltas por fuera del hotel. Quizá su confesión tras la victoria y la confirmación de que están entre los cuatros mejores equipos del mundo, pueda explicar por qué no lo comían los nervios antes de la gran cita: "Un año atrás, Scola me agarró después de un partido o una práctica, ya no recuerdo bien, y me dijo: 'Nosotros podemos jugar las semifinales'. Yo le pregunté si estaba seguro. Y él me repitió con seguridad que sí. Eso es Scola, eso describe lo que es Scola".

Siguen los festejos en el Kande International, el búnker argentino en esta ciudad. El piso 28 que está ocupado por toda la delegación es una verdadera fiesta. El mate circula por las habitaciones, no se pueden dormir después de tremenda victoria ante Serbia. Deck aparece por el lobby para hablar con la familia. El resto quiere dormir. No se detienen, miran en las redes sociales el impacto del logro. "Pato la rompió toda! Facu un animal. Tortu jugó como si midiera 2,10m, Lapro clave para definirlo. Del Capi (por Scola) qué puedo decir. ¡¡Una máquina!! Conmovedor. ¡Qué lindo juega este equipo! Aplausos a @cabboficial", fue el posteo de Ginóbili en Twitter y para este grupo también es un reconocimiento que los reconforta.

No pueden parar de tanta emoción. La adrenalina los invade. No se desenfocan: quieren mucho más. Conmueven por cómo se entregan. No pueden todavía dimensionar el logro, pero tampoco quieren detenerse allí. Lo cierto es que este equipo de la Argentina arranca gritos desde las entrañas. Invita a soñar y eso está por encima de un resultado. Un capítulo más, quizá de los más encantadores de la historia.

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