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En los octavos de final hay 27 jugadores representando a naciones que adoptaron por elección. El dato puede sonar como una simple curiosidad estadística, pero también tendrá que plantearse en la FIBA y merecerá un análisis en el futuro inmediato.
Se trata, en algunos casos, de jugadores que por cuestiones familiares nacieron en otro país. El ejemplo le cabe al italiano Angelo Gigli (nacido en Sudáfrica), o al griego Lazaros Papadopoulos (Georgia). Otros, como en Serbia y Montenegro, provienen de países que se desmembraron y sufrieron distintos movimientos durante la guerra de los Balcanes. Lo curioso es que Serbia y Montenegro serán dos estados independientes en el futuro y ni siquiera hay en este seleccionado un jugador montenegrino, aunque sí juegan allí el croata Perovic y los bosnios Ilic, Avdalovic y Askrabic.
Estas situaciones pueden aceptarse como "normales", pero hay varias que no lo son y que provocaron protestas ante la FIBA.
Un ejemplo involucra a Qatar, que no llegó a octavos, pero vale la historia. Para clasificarse a Japón 2006, los qataríes superaron en la eliminatoria asiática a Corea del Sur, un histórico para los mundiales. Los coreanos elevaron una queja porque varios de los jugadores tendrían origen norteamericano. Se acusa a Qatar de convertir a los basquetbolistas en musulmanes, rebautizarlos con nombres árabes. Así, se presentan con sus documentos en regla. Hasta ahora, nadie pudo probar nada.
Algo parecido ocurrió con Turquía. Hace tres años, un periódico de Uzbekistán hizo una denuncia por un jugador de nombre Arsen Ilyasov, nacido en Tashkent, de 2,04 metros y 16 años, que "desapareció" de los torneos locales. Se presumía que el jugador podía haber sido tentado por un club turco, el Efes Pilsen, para cambiar LA NACIONalidad. Hoy, en la selección turca que pasado mañana se medirá con la Argentina actúa Ersan Ilyasova, de 19 años y 2,08 metros, ahora jugador de Milwaukee Bucks, en la NBA. Uzbekistán protestó ante la FIBA, que en sus archivos tiene fichas y documentación oficial de Ilyasova. Allí figura: "Lugar de nacimiento, Eskisehir, Turquía".
Mismo país, relato similar: el inmigrante albano Ermal Kuqo fue rebautizado como Kurtoglu cuando empezó a jugar con la camiseta de Turquía.
Diferentes son los casos del nigeriano Ademola Okulaja y el norteamericano Demond Greene, que optaron por Alemania, o Richard Mason Rocca, que se inclinó por Italia. Son historias particulares y sin abuso.
También es llamativo lo de Nigeria, que se presentó en Japón con nueve jugadores norteamericanos. Su técnico, Sam Vincent, reclutó un grupo de basquetbolistas hijos de nigerianos nacidos y formados deportivamente en universidades de los Estados Unidos. Un equipo nigeriano con apenas tres hombres nacidos en Africa: Jeff Verem (Gboko), Julius Nwosu (Owerri) y Tunji Awojobi (Lagos).
Otra historia de las difusas fronteras del deporte.


