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El mexicano Saúl Canelo Álvarez sobrepasó esta vez todos los desafíos y rebeldías que caracterizaron sus 21 años de carrera profesional. No le tembló la mano cuando provocó un divorcio contractual con el poderosísimo promotor Oscar de la Hoya en 2022; declamó su inocencia tras sus fallidos análisis antidoping por clembuterol en 2018, culpando al consumo de carne vacuna contaminada, y estimuló a su lengua filosa para atacar a Lionel Messi, durante su consagración en el Mundial de Qatar 2022. Sin embargo, ahora potencia toda su iracundia, aceptando mantener su pelea de este sábado –a las 18 de nuestro país, con televisación de DAZN al costo de 30 dólares por asociado- ante el camerunés Cristian Mbilli, campeón mundial supermediano (CMB), en Riad, Arabia Saudita, desafiando el pronóstico bélico para hoy: “intimidación de ataque misilístico de los hutíes de Yemen e Irán”.
Álvarez, de 36 años, inactivo desde su última derrota con el estadounidense Terrence Crawford, el 13 de septiembre de 2025, asumirá esta noche un rol inhabitual en él: ascender al cuadrilátero en condición de retador a la corona, respaldado por un récord pomposo de 63 victorias (39 KO), 3 reveses y 2 empates, determinantes para obtener cuatro coronas en pesos diferentes. Desde mediano junior (69,850 Kg) hasta semipesado (79,378 Kg).
La decisión de Álvarez de mantener en pie su combate con Mbilli, por el que espera ganar 100 millones de dólares –47 millones ya están garantizados- fue controvertida y audaz. El gobierno de Arabia Saudita canceló todos los eventos sociales y deportivos de primerísimo nivel previstos para lo que resta del año excepto este espectáculo pugilístico. El bombardeo al aeropuerto Rey Jalid, de Riad, el 10 de octubre pasado, causó 14 muertos y 300 heridos, y las amenazas continúan. El jeque Turki Alalshik, inversor y representante oficial del rey Saúd, pese a las alertas de último momento, garantizó seguridad a todos los partícipes de la velada.
Canelo manifestó -desde un primero momento- su apoyo a los organizadores y así ocurrió. Resistiendo todo tipo de lógicas. Combinando vuelos y carreteras llegó a Riad tras prepararse en España.
Su madre, Maire, tuvo a Mbilli a los 15 años en Yaundé, entre la miseria y desesperanza de Camerún. Ella emigró a Francia sin él, por lo que fue criado por sus tíos y abuelos en África. Sólo cuando Christian tenía 11 años se volvieron a encontrar y a convivir. Entonces, de a poco, se fue convirtiendo en peleador. Primero, de las calles; luego, del boxeo reglamentado. Llegó a los cuartos de final en los Juegos Olímpicos de Río 2016 y tras ello, decidió marcharse a Quebec, Canadá, donde gestó una exitosa carrera profesional de 32 victorias (26 KO) y un empate. Se consagró campeón interino ante el polaco Maciej Sulecki, noqueándolo en el primer asalto y le costó empatar con Steve Martínez, en un peleón. Fue su primera defensa, el 13 de septiembre de 2025. Es vivaz, veloz y posee variantes de golpes en ataque. Inestable en lo físico y anímico. Todo un interrogante en este tipo de competencias.
A los 36 años, se va agotando el bagaje que llevó a Canelo Álvarez a ser el púgil más importante de su tiempo. Perdió frescura y rapidez en sus últimos combates. Sobre todo, ante Crawford, cuando lució cercano al crespúsculo de su campaña. Tiene orgullo, oficio y mentalidad ganadora. Y eso será clave ante un rival ideal y factible para reconquistar su corona.
En el majestuoso King Dome Arena habrá que estar atento a todo. Los jurados –que incluyen al argentino Jorge Gorini en su terna- estarán mirando hacia el ring, con lápiz y papel; pero todos los demás, tendrán un ojo alerta al firmamento; como y desde donde ese pueda. Por las dudas, nomás. Entre la ironía y la triste realidad.




