Ismael Flores, el tarefero que encontró su destino en Barcelona y sueña con las luces de Las Vegas
El boxeador misionero dio un gran golpe ante el mexicano Lucero y y fue contactado por Golden Boy Promotions
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Hay historias que mágicamente se escriben con el trazo fino del destino. Sin pensarlas, de manera imprevista y hasta con un golpe de suerte. Historias de las que no se sabe el final, pero sus incipientes prólogos invitan a imaginar capítulos atrapantes. La del misionero Ismael Flores es una de ésas. Cuando pocos sabían de su existencia y de los siete años que lleva radicado en Barcelona, en busca de la oportunidad que en Buenos Aires no tuvo -vivir del boxeo-, el pasado 2 de mayo irrumpió en la escena boxística mundial al ganarle en decisión unánime al mexicano Isaac Lucero, y su nombre rápidamente escaló al firmamento mediático en Las Vegas. Desde entonces, no para de soñar. En silencio.
Algunos quieren trazar un paralelismo con la fábula de Maravilla Martínez. Tal vez porque se fue subrepticiamente a España, porque allí comenzó su carrera como boxeador, porque fue estafado por un ex entrenador que lo dejó en la calle, porque encontró a otro argentino que lo adoptó como familia, y porque un día dio un batacazo en el T-Mobile Arena ante la atenta mirada de Oscar De La Hoya. Sin embargo, el pasado y el presente del “Terrible” Flores nada tiene que ver con la fábula contada por el ex campeón mundial mediano; tiene otros ribetes y, se diría, nada está ficcionado ni milimétricamente calculado. Todo se lo adjudica a su fe y a su sacrificio.
“Gracias por el llamado, hermano. Esto es la mejor muestra que tengo para convencerme de que el trabajo y la disciplina dan sus frutos. Llevaba mucho tiempo esperando esta oportunidad y ahora que pasó, siento que mi sueño de ser campeón mundial no es imposible”, lanza Ismael, apenas atiende el llamado de LA NACION y comienza a desandar su historia desde Barcelona. En el tono de su voz, mezcla de un español adoptivo y un misionero añorado, resume los sentimientos que lo rodean en su intimidad, allí donde nadie más que él puede adivinar las sensaciones que corren en sus venas por todo lo que vivió, vive y está por vivir.
-¿Qué te genera que después de un triunfo tan importante se te nombre como una esperanza del boxeo argentino, sin haber tenido oportunidades acá?
-A pesar de haber hecho toda mi carrera en España, soy argentino y siento mucho orgullo que en mi país se hable de mis victorias.
-Quien te escucha hablar puede pensar que sos más español que argentino…
-Muchos me juzgan porque tengo acento español (se ríe), pero eso no tiene nada que ver con lo que siento en el corazón y mis orígenes. Cuando escucho el himno argentino, se me pone la piel de gallina. Soy cien por ciento misionero y argentino.
-¿Cuánto cambió tu vida profesional haber ganado en Las Vegas?
-No deja de sorprenderme la cantidad de llamadas y pedidos de nota que me llegan. Estoy muy feliz por el reconocimiento en Argentina. Pero, fundamentalmente, estoy más tranquilo, porque ahora voy a poder dedicarme cien por ciento al boxeo y junto a mi pareja nos vamos a mudar.
-¿Hubo mucha diferencia entre lo que venías cobrando y lo que cobraste en esta última pelea?
-Sí, en Europa pagan muy poco comparado con lo que cobré en Estados Unidos. Obviamente, la exigencia es otra.
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En un momento en el que el boxeo argentino masculino no cuenta con campeones mundiales y hay un escaso stock boxístico capaz de dar la talla en el primer nivel, lo hecho por el muchacho de Campo Grande reporta una grata sorpresa. Ganarle a un boxeador como Lucero, de 27 años, número 4 en el ranking de la AMB y que estaba invicto -con un récord de 18 triunfos, 14 por KO-, no solo le sirvió para sumar dos cinturones regionales, escalar en los rankings y adjudicarse una buena bolsa: también solidifica sus condiciones en el plano internacional y abre nuevas y mejores oportunidades.
-¿Te hablaron de Golden Boy Promotions para trabajar con ellos?
-Si, ya me han hablado para volver a pelear en Estados Unidos. Estamos viendo cómo seguimos todo ahora. Primero, quiero cerrar mi contrato con mi antigua promotora, Team Sole, para luego ir por los caminos de las grandes cosas.
-¿Te sentís preparado para afrontar desafíos mayores?
-Si, siento que la exigencia es parte del proceso de crecimiento, y es el momento de aceptar pelear con los mejores para saber cuál es mi límite.
Flores comenzó a practicar boxeo a los 14 años, en la plaza de Campo Grande, de la mano de Rufino “Ruly” Miño. Un poco por seguir los pasos de uno de sus hermanos mayores, y otro poco por saciar sus berretines de pibe rebelde. Rápidamente mostró condiciones y, tras una experiencia frustrante en un gimnasio de La Plata, donde no pudo debutar como profesional, decidió emigrar a España. “Creo que no veían en mí algo prometedor. Así que con el apoyo de Kako Sartori, el intendente del pueblo, hicimos un festival y organizamos una pollada para juntar fondos, y así me vine a Barcelona en 2019”, rememora.
Lo que hoy le toca vivir está lejos de aquellos primeros meses en tierras catalanas, donde la pandemia y algunas contingencias pusieron en riesgo el sueño. “En 2020 pensé en volverme. Porque quién me trajo, Francisco Gopar, me dejó tirado y su hijo me robó los pocos ahorros que tenía”, cuenta. Allí entró en escena Ángel “El Tren” Torres, un ex boxeador argentino que lleva varios años radicado en España. Porque no solo se transformó en su técnico, también le dio un hogar, comida, trabajo y la contención necesaria cuando las cosas no salían. “Si hoy puedo proyectar un futuro en el boxeo, en gran medida es por Ángel, que me bancó”, confiesa.
El Terrible, como lo apodó su actual entrenador, en honor a Erik Morales, es un muchacho que sustenta buena parte de su presente en los objetivos, lo que habla de su enorme hambre de gloria. Por eso no puede ocultar ese brillo particular cuando nombra a sus padres, Nilda y Baltazar, y a sus 14 hermanos, que viven repartidos entre Campo Grande, Buenos Aires y Brasil. “Me encantaría poder traer a mis padres y que tengan por primera vez unas vacaciones. Se han pasado toda la vida trabajando y aún lo siguen haciendo. Espero tener la posibilidad de cambiar eso”, cuenta con un dejo de nostalgia, esperando reencontrarse pronto.
-¿Cuánto tiempo hace que no los ves?
-Hace dos años que no voy a Argentina. Espero poder ir pronto. Desde que me vine a Barcelona solo regresé una vez; estuve cinco años sin verlos….
-¿Qué es lo que más extrañas?
-Los sábados y domingos en el pueblo, estar en familia, tomar unos mates con mi madre, poder comer un buen “reviro con poroto”, un buen estofado. Siempre estoy buscando algún sitio donde comer cosas argentinas, para no sentirme tan lejos de casa.
Cuando Ismael Flores habla de su pasado en Campo Grande y recuerda su trabajo de tarefero lo hace con mucho orgullo. Entiende que haber nacido y crecido en esa geografía esculpió al muchacho que es hoy, tanto arriba como abajo del ring. “Yo siempre digo pues que tienen que ir a Misiones, a probar de trabajar en la yerba mate y ya verán la fuerza que se gana”, cuenta entre risas y con una notable tonada española.
-¿En qué te ayudó el trabajo de tarefero en el boxeo?
-Tengo unas piernas muy fuertes porque desde chico levantaba 100 kilos de yerba. Hoy en día esto se nota, porque en el boxeo las piernas son claves para pegar lo fuerte que pego. Además, me ayudó en la disciplina. Trabajar desde pequeño y ganarme mi propia plata me ayudó a ser constante y a valorar el sacrificio.
El hambre de gloria a Flores se le nota en la mirada, en la seguridad de sus palabras y, fundamentalmente, en su estilo boxístico cada vez que sube al ring. Es de los boxeadores que brindan espectáculo, que no le escapan al intercambio de golpes y al despliegue físico; de los que arriesgan dos para ganar cuatro, simple y llano. Un fajador con técnica. Esto queda reflejado en su récord de 18 triunfos (12 KO), una derrota y un empate. “Hoy en día miro mucho a Canelo, pero me gustan los estilos de Látigo Coggi y Golovkin, con mucha pegada, mucha movilidad de pierna y mucha cintura. Trato de tomar lo mejor de cada uno para mejorar el mío”, admite.
En cuanto al futuro, es sabido que todo boxeador en la nube de los sueños no cuenta ovejitas saltando un cerco, sino que limita el pensamiento a las tres palabras mágicas: ser campeón mundial. Pero el tema no lo vuelve loco a Flores, que aún sabe que debe rendir exámenes en las grandes ligas. “Dios me puso un gran desafío y lo superé, ahora siento que estoy listo para lo sea”, dice. Y, paralelamente, resalta que su mentalidad se basa en la humildad y la búsqueda de superación: “Uno siempre piensa en cosas grandes, pero hay que mantener la cabeza fría y no dejarse ganar por la ansiedad”.
-¿Cómo hacés para que eso no suceda?
-Yo soy muy creyente. Siempre que me levanto le pido mucho a Dios que me ayude a controlarme y que no me lleve la cabeza hacia la luna. Me gusta leer libros de superación personal y escucho todos los podcasts posibles sobre motivación. Porque sé lo difícil y peligroso que puede resultar para alguien como yo, que vengo de abajo.
-¿A cuál de todos los campeones superwelter te gustaría enfrentar?
-Es una categoría muy competitiva y con grandes nombres como Xander Zayas, Jaron Ennis, Sebastián Fundora y Josh Kelly. Yo me siento preparado para el que toque.
-¿Cuál es tu gran objetivo en el boxeo?
-Si logro consagrarme campeón mundial, lo primero que haría es comprarle una casa a mi madre y que mi padre deje de trabajar en los yerbatales. Es lo que más deseo en mi vida. Cada golpe que tiro y que pego, lo hago por ellos…
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