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"Olé, olé, olé, Guga, Guga...". La Copa AT&T ya empezaba a formar parte del recuerdo. El rey se había vestido como tal y había definido, en menos de una hora, el pleito decisivo del regreso del tenis grande a la Argentina.
Sin cambiar esas costumbres que lo hicieron famoso en el mundo, Gustavo Kuerten corrió rumbo al sector que ocupaban los suyos, mientras escuchaba la ovación de 5624 personas. Tomó una bandera brasileña, y de fondo, los altoparlantes reproducían la canción que le compuso la escola de samba Protegidos da Princesa, que anoche le hizo un desfile especial en Florianópolis con motivo del carnaval. Se abrazó con su madre, Alice, y con Larri Passos, el hombre que sigue sus pasos desde los 14 años, cuando Aldo, su papá, falleció mientras dirigía un partido de tenis.
Los acordes de la misma batucada que sonó dos veces en Roland Garros (en 1997 y 2000) se empezaban a escuchar en el court central del Buenos Aires Lawn Tennis Club. Guga, que desde hoy volverá a ser el N° 1 del Sistema de Acceso de la ATP, había vencido a José Acasuso (172°), el misionero convertido en sorpresa, por 6-1 y 6-3, en un duelo en el que las diferencias, sin desmedro de lo realizado por Chucho a lo largo del certamen que repartió 600.000 dólares en premios, se notaron desde el principio al fin.
El brasileño, que de esta manera se adjudicó el 11° título como profesional, embolsó un cheque por 84.000 dólares, mientras que Acasuso, que debido a su actuación se benefició con una excepción especial y jugará esta semana en el torneo de San José, se retiró con una recompensa de US$ 49.600, casi el mismo dinero que percibió durante los dos años que lleva como profesional.
El chico de 18 años, que no sólo disputó la clasificación sino que alcanzó la mejor actuación de su vida, tendrá desde hoy un ranking cercano al 110° lugar en el Sistema de Acceso y al 40° puesto en la Carrera de los Campeones. No es todo: probablemente también recibirá una invitación especial para jugar en el torneo de Scottsdale, que se disputará la próxima semana.
Si bien las ilusiones estaban centradas en lo que podía generar Acasuso, Guga era algo más que un escollo. Porque, aunque no rinda como en su mejor momento, Guga tiene todo el carisma de un N° 1 del mundo. Su presencia en la cancha lo convierte en alguien diferente de los demás humanos del planeta tenis.
Y si a eso se le agrega el nerviosismo lógico del comienzo, se hace bastante complicado buscarle un costado de paridad al encuentro. En 57 minutos, Kuerten hizo lo suficiente para marcar por qué es el mejor. Eso no invalida para nada lo generado por Acasuso, un integrante con enorme futuro de esa Legión Argentina que cada día crece más.
Pero ayer fue la tarde del personaje más esperado del torneo. De ese garoto que en 1995 le solicitó a Norberto Maciel, de la AAT, una invitación especial para conseguir su primer punto de ATP en la Argentina; el que, con la misma humildad, regresó como grande seis años después, para obtener el título que le permite recuperar la cima que tanto merece.
La personalidad de Guga es otro costado favorable que le dejó la vuelta del tenis a todos los amantes del deporte. La Argentina pudo disfrutar a un N° 1 en todo sentido. Está lejos del estereotipo de las estrellas de estos tiempos. No le gusta vivir escoltado, más allá de que los organizadores de los certámenes tomen las previsiones del caso, siempre camina con una sonrisa, habitualmente tiene tiempo para firmar un autógrafo, sacarse una foto y saludar a los que están a su alrededor. Es la otra gran lección que deja este certamen brillante en todo sentido y a cuyo ganador no le queda nada mal esa sentencia tan utilizada por sus compatriotas: Guga, o maior do mundo. Ojalá tengamos otra oportunidad para volver a disfrutarlo.


