Canchas de pesadilla

Roberto De Vicenzo
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1 de septiembre de 2009  

La primera cita de la FedEx Cup, The Barclays, ungió a un campeón sorprendente: el norteamericano Heath Slocum, que había ingresado en la serie de los playoffs como clasificado Nº 124 entre los 125 habilitados para la competencia. Fue un torneo que se jugó en una cancha muy traicionera, en la que Angel Cabrera pagó las consecuencias y no superó el corte clasificatorio.

-¿Qué impresión le dejó este campo en Nueva Jersey?

-Es una muestra cabal del papel fundamental que desempeñan hoy los encargados de las canchas del circuito. Con sus decisiones de diseño del campo tienen luego una injerencia tremenda en el juego.

-¿Cuál sería un ejemplo acabado de las complicaciones de la cancha?

-En el hoyo 17 de la segunda vuelta, Camilo Villegas se resintió de un fuerte dolor en una muñeca al pretender pegar desde el duro rough de la izquierda y tuvo que abandonar. Ahí se comprueba lo difíciles que pueden ponerle a un jugador los tiros de salida. Si no pegás derecho, sabés que te meterás en problemas. Que te esperará ese pasto alto muy feo y peligroso.

-¿Cómo era en su época la preparación de las canchas?

-No veías a gente que tuviera tanto conocimiento como para planear un campo con malicia y hacer lo imposible para dañar los scores. Antes se diseñaba en forma natural, no existían las recolocaciones de los distintos elementos del juego. Por ejemplo, si un búnker estaba a 240 yardas, ahí lo dejaban, no lo movían. Ahora está todo calculado fríamente, también de la mano de la tecnología y de las nuevas máquinas que existen para crear efectos en el terreno. No sólo los greens son difíciles de leer, sino que también te obstaculizan el panorama desde el tee, como apuntábamos antes.

-¿Pero es bueno que haya tanta rigurosidad en la presentación del escenario?

-Creo que sí, es una manera de que los jugadores no bajen el par de una manera tan sencilla. El nivel de golfistas es tan bueno hoy que, si no se encontraran con dificultades, podrían quebrar los 60 golpes por vuelta fácilmente. Y un show permanente de birdies tampoco sería muy conveniente para el juego.

-¿De qué manera lo afectaba usted el diseño de una cancha?

-Cada vez que llegaba a un certamen, solía preguntar quién era el que había armado el campo. Una vez conocida la persona, me daba cuenta de cómo podía llegar a afectarme. Fui un jugador con tendencia a pegar siempre con pool, el efecto que te lleva la pelota de derecha a izquierda, así que aquellos hoyos orientados al revés me complicaban.

-En The Barclays, Cabrera cometió un triple bogey en el hoyo 9 de la primera vuelta, que fue el último para él en aquella jornada porque salió por el 10. ¿Cómo repercute ese error en la mente de un jugador?

-Es muy feo, porque no te da la posibilidad de recuperación en el mismo día y te vas al Club House refunfuñando por la macana. Si sufrís dobles o triples bogeys en los primeros hoyos, contás con el desquite en tus manos, pero en este caso terminás la jornada con una sensación muy amarga y debés esperar hasta el día siguiente.

-Parece que ese error también tuvo un correlato en la segunda vuelta, porque anotó 80 golpes.

-Sí, aunque es cierto también que las condiciones climáticas no ayudaron para nada. Pero del Pato podemos esperar una gran reacción. Siempre recordemos que no venía jugando bien las semanas anteriores a sus impresionantes conquistas del US Open 07 y Augusta 09.

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