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Los frondosos recuerdos de la infancia suelen contener infinidad de divertidas anécdotas. Seguramente también será así en el caso de Cristian León. Aunque a él, el destino le preparó una vida más dura que a cualquier chico. Y a los 22 años, una dolorosa espina continúa clavada en su memoria.
Transcurría 1982 y Cristian se encontraba con su padre Rodolfo en su casa del barrio Atalaya, en Isidro Casanova. Un grupo de delincuentes irrumpió en el hogar y los raptó con el fin de robar en la cadena de negocios que le pertenecía a la familia.
La situación resultó demasiado traumática para las víctimas, pero en Cristian dejó una marca que todavía hoy lo obliga a volver a pensar en aquellos días: por la estresante situación, sufrió la pérdida del cabello.
A los ocho años, un psicólogo le aconsejó que comenzará a practicar algún deporte para descargar las tensiones.
Un vecino que fue ciclista, Carlos Breppe, le acercó la idea a la familia León y la elección fue inmediata. Dicen que a él no le gustaba mucho, pero con la compañía de su hermano Rodrigo (dos años menor), se animó. Esta vez el deporte era una excusa para olvidar, una válvula de escape. Y vaya si lo fue...
Cristian se fue enamorando de su bicicleta y tenía una gran fuerza interior. Comenzó a anotarse en carreras. Era bueno y ganó muchas veces. Así fue creciendo con el ciclismo, llegó a la selección nacional juvenil. Y cuentan sus padres, con orgullo, que hubo un día que pedaleó con más fuerzas que nunca. Fue el 28 de julio de 1995, en Forli, Italia, cuando tenía 17 años y se consagró campeón mundial Sub 19 en vueltas puntuables.
La historia de superación de Cristian es admirable, pero su lucha apenas empezaba.
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"Yo quería llegar a mayores. El salto desde los juveniles es muy grande. Por eso, en 1996 empecé una preparación en ruta y con mucho gimnasio. En 1997, en la Doble Bragado, sentí dolores muy fuertes en las rodillas. Terminé la vuelta 12º, pero cuando me bajé de la bicicleta ya casi no podía caminar", dice Cristian mientras juguetea con la ojota. Abre y cierra el abrojo y sigue contando su vida.
"Fui a ver a varios médicos clínicos y traumatólogos. Ninguno sabía decirme qué tenía. Pensaban que podía ser artritis, pero cuando me hacían los estudios no la detectaban. Todo seguía igual. Me infiltraban, pero no me hacía nada." Su hablar es pausado y medido. No porque le cueste referirse a sus problemas -por el contrario, lo toma con naturalidad-, sino que su personalidad es así: serena.
La familia siempre estuvo cerca. El apoyo y el sufrimiento se transformaron en una forma de vida. Su madre, Mabel, interviene en la charla. "En las clínicas no teníamos respuesta. Nos decían que no podían hacer nada y que volviéramos cuando Cristian no pudiera caminar. Fue muy duro, había días en los que tenía que ayudarlo a vestirse."
La inflamación de las articulaciones era cada vez más preocupante. Nuevos estudios descubrieron ahora sí que se trataba de artritis reumatoidea.
En el peor momento surgió una variante casi por casualidad. "Leyendo una revista, encontré una nota sobre un médico cubano que hablaba de mi enfermedad. Llamé a la editorial y me pasaron el teléfono. Así me contactaron con los médicos cubanos y decidimos hacer un tratamiento allá."
El viaje, la medicación y la recuperación eran muy costosos: 10.000 dólares. Sus ingresos con el ciclismo fueron pocos. Luego del Mundial le otorgaron un beca de 500 pesos mensuales durante dos años. Pero apenas se extendió seis meses. "Yo estaba preparándome para otras cosas y Marcelo Alexandre, que era el técnico de la selección, tenía otros planes. Por eso pasó un informe negativo y dejé de recibir la beca".
Su padre se puso en campaña para juntar el dinero: "Pedí ayuda a la Municipalidad de Isidro Casanova, pero me dieron vuelta la cara". Una vez más su trabajo en la carnicería se convirtió, además del ingreso para la familia, en el único recurso para curar a su hijo.
Cuando juntó la cifra que le pedían, a fines del 98, se concretó el viaje. "Quería estar al lado de él, pero no alcanzaba", explica Rodolfo. Pero los miedos de dejarlo solo se atenuaron. "Me trataron muy bien y aunque todavía me quedan algunas marcas -muestra los codos- ya me siento bastante mejor. Acá no me hicieron nada y allá, en pocos días, mejoré de una forma increíble.
"El tratamiento sigue con algunas vacunas. Ya corrí la Vuelta de San Juan y un par de carreras en Lomas de Zamora. Ahora, voy a disputar la Vuelta de la República -a partir del lunes próximo-, porque me invitaron del equipo Coach. Es algo más difícil, porque son 1800 kilómetros y quince días de competencia. Pero los médicos y mi entrenador, Eduardo Trillini, ya me dieron el O.K.", cuenta entusiasmado.
Varios cuadros forman parte de la decoración de la casa. Pero al acercarse se puede observar que se trata de puzzles. "Los hago yo. Los más grandes tienen 3000 piezas y me lleva entre dos y tres meses armarlos. También es una forma de distraerme con algo."
Todavía necesita liberar los nervios, pero los métodos ahora son otros. "Primero pensé que todo esto me pasó porque estaba saturado del ciclismo y quise largar todo. Me entrenaba todo el día y me bajaba de la bicicleta nada más que para armar el bolso. Ahora es diferente. Me entreno entre cuatro y cinco horas todas las mañanas y a la tarde salgo con mis amigos, voy al cine, busco entretenerme con otras cosas."
El destino le había marcado una vida más dura que a cualquier niño, pero el inquebrantable coraje de Cristian pudo dibujar un futuro lleno de esperanzas por las transitadas rutas de la vida.
Fue una cuestión de fe. En diciembre último, cuando Cristian retomaba el hábito del ciclismo, se marchó en bicicleta, junto con otros cuatro amigos, hacia Misiones para visitar a la Virgen de Itatí. "De paso, el viaje me sirvió también para empezar a entrenarme", confiesa Cristian. La aventura se extendió por cinco jornadas: "Hacíamos alrededor de 200 kilómetros por día. Uno de los chicos iba en camioneta, donde llevaba la carpa".
Las odiseas por las rutas argentinas se volvieron una costumbre. El 8 de enero último fueron a San Juan (1100 kilómetros) para visitar a la Difunta Correa.
Nombre: Cristian León
Fecha de nacimiento: El 3 de diciembre de 1977
Lugar: En Isidro Casanova, provincia de Buenos Aires
Vive con: Su padre, Rodolfo; su madre, Mabel, y su hermano, Rodrigo.
Títulos: Subcampeón nacional juvenil en persecución en 1993, y en vueltas puntuables, en 1994.
Medalla plateada en vueltas puntuables en el Panamericano juvenil de Quito 1995.
Campeón mundial juvenil en vueltas puntuables, Italia 1995.
Sólo dos ciclistas argentinos habían logrado el campeonato mundial, también en juveniles, antes que Cristian León: en 1975, Octavio Dazzán, en velocidad (en Lausana, Suiza), y en 1981, Marcelo Alexandre, en el kilómetro (en Leipzig, Alemania).



