

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Suena indisimulable la ronquera de Daniela Guerrero en el teléfono, pero la dificultad para hablar tiene su razón de ser: desde el último sábado festeja la consagración del seleccionado argentino en el Mundial femenino de hockey sobre patines, que se disputó en Portugal. Daniela, nacida en San Juan -donde este deporte se vive como en ningún lado-, es la capitana del equipo y también había alzado la Copa en el Mundial que se realizó en la Argentina, en 1998.
"Con las chicas venimos gritando desde Portugal; allá fue la euforia total. El final del partido con Brasil -ganaron 4 a 1- fue muy emotivo, al igual que al llegar a San Juan", relata la delantera.
-¿Qué sintieron cuando volvieron a casa?
-En Buenos Aires, el primer lugar que pisamos, había pocos periodistas. Pero en San Juan nos encontramos con otra clase de sentimientos, porque acá están nuestros amigos, familiares... Y fue una locura, nos acompañaron desde Mendoza hasta el estadio Aldo Cantoni, de San Juan, con una caravana de coches impresionante. Después nos subimos a la autobomba de la provincia y estuvimos arriba como una hora saltando, festejando, y la gente que pedía autógrafos.
-¿Cuál era la expectativa de los sanjuaninos antes de que partieran?
-Algunos periodistas sanjuaninos ni se habían enterado de que había un Mundial de hockey sobre patines. No tuvimos un gran apoyo de la prensa y nos fuimos sin que la gente en general supiera de todo esto; sólo los que están ligados al hockey. Llegaron los resultados y en San Juan empezaron a engancharse con el Mundial; además, Buenos Aires comenzó a darnos importancia.
-¿Son conscientes de que lograron algo que no concretaron la selección nacional de fútbol, la de basquetbol y la de voleibol?
-Al principio no nos dimos cuenta, pero después nos pusimos a pensar muchísimo sobre esta cuestión. Para nosotras, haber salido campeonas del mundo es un honor y un orgullo que nos hace sentir no sabés cuánto de grandes. Más allá de que nuestro deporte es humilde, este equipo le robó una sonrisa a la gente.
-Cuando concluyó el Mundial apuntaste que sufrieron la falta de apoyo de dirigentes y empresas. ¿Qué pasará tras este logro?
-Ahora que somos campeonas del mundo tenemos que luchar para profesionalizar el hockey sobre patines. Hay que exigirles a los clubes que nos paguen un gimnasio, que se contraten buenos entrenadores, que compren indumentaria... Además, los técnicos están muy agrupados en San Juan, Mendoza y Buenos Aires y deberían dar clases en otras provincias para que se difunda el deporte en el país. Yo pensé que después del título de 1998 todo sería distinto. Ahora volvimos a ganar y no sé si tendremos el apoyo suficiente. Si nos vuelven a quitar el respaldo, el hockey aquí no crecerá nunca más.
-¿De qué cosas carecieron en este Mundial?
-No tuvimos médico, por ejemplo. Había trece pasajes disponibles y sólo viajaron nuestro DT, el mecánico y la delegada, junto con el plantel de 10 jugadoras. Por suerte no hubo lesiones, como sí ocurrió en otros mundiales. Por otro lado, no podíamos hacer ningún cambio de ruedas en la pista porque no había. Realmente, hay grandes diferencias con otras selecciones, que contaban con mucha más indumentaria y psicólogos, médicos y kinesiólogos.
-A ustedes las llaman las Aguilas. ¿Cómo surgió ese apodo?
-Nos bautizaron así cuando apareció el de las Leonas. Hace poco creamos un logo muy lindo con nuestras manos entrecruzadas, en el que quedan representadas la cabeza del águila, las alas y las garras. Es un animal típico de la Cordillera y nos sentimos identificadas. Y en el Mundial de Portugal definimos el significado del logo: volar bien alto y atacar a nuestras presas. Nos dio resultado, porque aplastamos a todas nuestras rivales. Ojo, lo digo humildemente.
- ¿Encuentran algún vínculo con las Leonas?
-Lo único que tenemos en común es el espíritu ganador. Pero ellas son profesionales y nosotras no cobramos ni un centavo. No las tenemos como ejemplo, aunque yo las admiro un montón y, es más, trato de imitar a Vanina Oneto.


