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Fue uno de esos partidos que se van a recordar por el resultado y no por el juego. Inolvidable, porque por esas disputas a lo largo de semana tienen estos clásicos; recordable, porque seguramente no hay nada más lindo para el hincha de un club que ganarle a su adversario de la manera que lo hizo Independiente con Racing: con un gol a dos minutos del final.
Por eso de los códigos del fútbol: no hay nada más lindo que mojarle la oreja al vecino en el patio de su casa; más si se consigue en el epílogo , con un partido que ganaba la intensidad y la cuota de emoción que no había mostradodo durante los 75 minutos previos. Con los hinchas despidiéndose con la cabeza alta, mirando alrededor socarronamente, por un lado; con bronca en el rostro y en los labios, por el otro.
Eso fue el balance que dejó el añejo clásico de Avellaneda, al que , no se dude, le faltó fútbol. Raro, por las propuestas que proponen a través de sus directores técnicos.
Todo esto después de que el grotesco y el bochorno se apoderaran de un tiempo debió ser utilizado para jugar y no para observar como la barbarie se apoderaba una vez más del fútbol. Las tribunas se robaron el protagonismo que tenían los dueños del espectáculo: los jugadores.
Cuarenta y cinco minutos después de lo previsto, Racing e Independiente encendieron el motor. Cada uno con sus necesidades: Racing, con esas desesperantes ganas de gritar un título local, tenía la mejor oportunidad de levantar cabeza de una vez frente a su enemigo del barrio; Independiente, vapuleado en el comienzo del certamen, tenía enfrente de sí la ocasión de cambiarle el rostro a su juego.
Y, precisamente, fue el que se adueñó de la primera etapa. Con ese toque a ras del piso tan característico, Independiente, simplemente teniendo la pelota, complicó a un Racing que estuvo ausente, sin alma. Capria, Delgado y Córdoba fueron verdaderos fantasmas. Sólo el fervor de Quiroz hacía frente a la pulseada.
No se vaya a creer que lo de Independiente fue arrollador. Solamente fue dominador en ese período. Una diferencia que pasó a ser efectiva gracias a la picardía del veloz Ramírez. El marcador de punta le ganó de mano a Galván, quien terminó derribándolo en el área. Calderón hizo efectivo el penal y a partir de entonces, Independiente sí fue mucho más que Racing. Guerrero, Calderón, Michelini salvando sobre la línea evitaban que la diferencia fuera mayor. ¿Racing? Sólo había intentado con un disparo de Capria.
Urgido por el resultado -vaya paradoja para un conjunto de Menotti-, Independiente pareció conformarse en la segunda etapa, un período en el que por momentos el fútbol quedó de lado por un breve compendio del terror: la pelota pasaba de un lado al otro, sin dirección. Transcurrían 20 minutos y todo parecía diluirse...
Fue, entonces, que Racing apeló a su amor propio. No podía entregarse tan mansamente. Y un penal mal sancionado-la única mancha que tuvo la labor de Castrilli-, le dio a Racing su hora de resurrección. Que no la aprovechó porque Fuertes estuvo en otro lado menos en Avellaneda, porque a Brusco, solo, el remate se le fue por arriba del travesaño o porque el tiro Vilallonga, tras eludir a Mondragón, fue devuelto por el palo.
El clásico pasaba a tener la emoción que le pedían las tribunas y su historia. Los gritos coparon la noche de Avellaneda. El fútbol, después de tanto esperar, decía presente.
Racing salió a matar o morir. Y terminó muriendo porque por estos días nadie se puede dar el lujo de entregarle el más mínimo espacio al hambre de gol que tiene Calderón, que convirtió tras recibir una asistencia genial de Acuña. Era el 2 a 1 definitivo y el delirio para los hinchas de Independiente. A dos minutos del final, para Racing sólo cabía el lamento. Su labor a lo largo del partido tenía bastante que ver con este resultado.
Independiente conseguía el oxígeno que tanto necesitaba. Hasta la próxima será el patrón del barrio. Y, aunque se encuentre lejos de la lucha por el título, le alcanzará para sonreir. Quizá llegó a la victoria frente a Racing con más precauciones que lujos. Pero eso, posiblemente, no les importará a muchos de sus hinchas, que sonríen y festejan con este triunfo agónico en el clásico.
Dedicatoria: además de justificar el triunfo ("fuimos superiores a Racing"), Menotti habló de "reconciliación con la gente".
Acorralado por micrófonos, muy tranquilo y atento a todas las preguntas, César Luis Menotti trató, en todo momento, de abstraerse de la euforia que reinaba entre las huestes rojas. "De este triunfo rescato la entrega del equipo y el apoyo de los hinchas, que hace unos días e aguantaron la goleada en contra ante Vélez, pero hoy se dieron el gusto de festejar en el clásico. Nos reconciliamos con la gente y eso me hace muy feliz", arrancó el técnico de Independiente.
Sobre el partido en particular indicó: "No teníamos que haber sufrido para conseguir la victoria. Habíamos sido superiores, pero vino la jugada desgraciada del penal y allí perdimos el control. Luego vino la salida de Guerrero y jugada de Vilallonga en el palo, que se produjo por un error nuestro, de Ramírez que cerró en vez de salir... Insisto nosotros fuimos superiores, manejamos bien la pelota, Racing no nos complicó en defensa y, además, alguna vez se nos tenía que dar. ¿Los fallos de Castrilli? En el penal que nos cobró en contra me quedaron algunas dudas, pero por lo menos Castrilli estaba cerca de la jugada; no como en Rosario, donde nos sancionaron con dos penales desde 30 o 40 metros..."
Triunfo en el clásico al margen, se imponía indagar sobre los próximos pasos del técnico de Independiente, quien había sido tentado para seguir su carrera en España o en Italia. Sobre este tema habló el presidente rojo, Héctor Grondona: "Sí, efectivamente hablé con César a eso de las 6 de la tarde. Menotti me dijo que, a través de gente allegada, sabía del interés de Sampdoria y de algún otro club español. Y de inmediato me comentó que él no tiene 35 años como para andar de acá para allá. Y que si tiene una propuesta concreta se sentará a charlar con nosotros. Tenemos una muy buena relación y si hay alguna novedad seremos los primeros en enterarnos".
Guillermo Ríos era uno de los más eufóricos luego del agónico 2 a 1 ante Racing. Tenía motivos de sobra: "Me tocó volver para este partido, hacía tiempo que esperaba ser titular y, por suerte, se me dio todo. Ganarle a Racing tiene un sabor especial".
Acerca del encuentro, comentó que "Indepediente hizo los méritos suficientes para llevarse la victoria. Pusimos todo, fuimos superiores durante gran parte del desarrollo y hasta cuando nos quedamos con un hombre menos seguimos buscando. Por supuesto que todavía quedan algunas cositas por mejorar, pero este resultado nos viene muy bien en la parte anímica", cerró el Luli.


