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BAHIA BLANCA.- La invitación fue aceptada rápidamente, casi sin medir consecuencias: "¿Quiere correr una competencia en el Desafío Chrysler?", fue la propuesta. Luego de dar el sí, las dudas invadieron al inexperto piloto, que jamás había participado en una carrera; y la incertidumbre, los nervios...
El Desafío Chrysler es fiscalizado por la Comisión Deportiva de Automovilismo del Automóvil Club Argentino (ACA) y el ambiente no es del todo tranquilizador: la categoría acompaña al TC2000 por todo el país; además, el debut sería presenciado por miles de espectadores, que van a ver automovilismo y no tienen por qué saber de las cualidades del primerizo volante, que mide valor y coraje a casi 200 km/h.
No es cosa de ponerse nervioso: los responsables del Desafío, amables como pocos, acompañan a los participantes y satisfacen todas las necesidades. Tanto PabloPeón (piloto oficial Chrysler en el TC2000) como Federico Suárez Salvia, responsables de emprendimiento, están a disposición de cada uno de los participantes.Los más experimentados interrogan sobre cuestiones específicas. Otros, como los debutantes, quieren saber a cuántas revoluciones hay que poner el motor en el momento de la largada...
La categoría Chrysler tiene sus particularidades:si se pasa un examen de manejo y se abona 3000 pesos, cualquiera puede correr. No hay más requisitos. "Esto no es sofisticado. Acá no hay que poseer tráilers, ni autos de competición. Se tiene la posibilidad de participar en una competencia que tiene el colorido del TC 2000, porque acompaña a esa categoría; además esa carrera es transmitida en directo a todo el país por Canal 13 y TyCMax", comenta Suárez Salvia.
Los pilotos que habitualmente compiten en la especialidad no sólo pelean por el honor del título:el campeón se hacer acreedor de un automovil Neón.
Se mezclan las sensaciones: nervios, ansiedad, curiosidad, orgullo y hasta vergüenza. Ya en el tráiler del ACA, donde se ultiman los detalles administrativos -se revisan la licencias deportiva y médica-, hacen transpirar como si terminara de correr un GP de Fórmula 1. Y aún no se había probado la butaca del Neón. Ni siquiera uno se había puesto el buzo antiflama, los guantes, las botitas y el casco.
La hora de salir a la pista llegó con los entrenamientos, válidos para conocer el veloz circuito. Más allá de las dudas propias de una actividad que se la aborda por primera vez desde adentro, la generosidad reinó en el autódromo.
Colegas de distintos medios se sumaron para seguir el auto que lucía el logotipo de LA NACION, muchos pilotos del TC2000 se acercaron para darle su apoyo, los responsables del departamento de prensa del TC 2000 también hicieron lo suyo; y Mauricio Gallardo se colgó desde el paredón de boxes con el cartel de Daniel Cingolani en mano para orientar con los tiempos al inexperto piloto; y el propio Gastón Perkins, campeón argentino en los años 60, en un gesto que sólo los grandes poseen (su hijo, Tomás, también corre), aconsejó sobre la presión de los neumáticos, la única variable de ajuste que tienen los conductores del Desafío.
El objetivo era modesto:llegar sano y salvo, sin molestar a nadie. Los entrenamientos fueron productivos, ya que el resultado inicial fue un 16º puesto, entre 22 autos. En la clasificación el puesto fue 20º y la carrera era todo un desafío.
Tras los consejos de Peón, llegó la hora de la verdad. La complicada largada sobre la pendiente (obliga a tener los tres pedales apretados) aceleró las pulsaciones. El semáforo se puso en verde y la maniobra fue precisa. Tras algunos roces, se accedió al 14º lugar tras la primera curva. Aunque la misma carrera hizo poner las cosas en su lugar y los retrasados, de a poco, comenzaron a transitar delante del parabrisas.
Desde adentro del auto, en una soledad tan abrumadora como vertiginosa, se advierte todo sin darse cuenta. Hasta las expresiones del público, que se exalta por una maniobra audaz como en otra llena de torpezas.
Lo que parece imposible, con el tiempo, se hace automático: manejar, pasar los cambios en el momento justo, mirar el cartel de boxes, a los banderilleros, la temperatura del motor, la posición del rival de enfrente y la medida del que viene detrás, si es que hay alguno.
Finalmente la bandera a cuadros cayó. Fue como adelgazar 20 kilos en media hora. Treinta minutos de adrenalina pura, con el objetivo cumplido y la satisfacción de quedar 18º. "No importa lo que digan los demás. Tampoco hay que andar más rápido de lo que se puede. Si usted se siente satisfecho por lo que hizo, se tiene que sentir el ganador de la carrera. Por lo menos, así siento el automovilismo". Con la voz de la experiencia, GastónPerkins saludó a este debutante que el automovilismo se encargó de despedir...



