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LONDRES.- En estos tiempos del tenis, parece que a las palabras no se las lleva el viento. Unos días después de perder la final de juniors de Roland Garros ante la francesa Virginie Razzano, María Emilia Salerni volvió a su querida Rafaela natal. Había tenido dos match-points en su favor, no los pudo aprovechar y cayó por 5-7, 6-4 y 8-6. Pero el traspié no le hizo agachar la cabeza. Todo lo contrario. "La revancha la voy a tener en Wimbledon". Y María Emilia ya tiene su nueva oportunidad.
Tras vencer a la rumana Ioana Gaspar por 7-6 (10-8) y 6-3, la Pitu Salerni, de 17 años, se convirtió en la segunda mujer argentina, luego de 35 años, en alcanzar la etapa decisiva de juniors del torneo más importante del mundo, -sobre el mediodía de Buenos Aires-, en el court Nº 1, ante Tatiana Perebiynis, de Ucrania, a quien superó el año último en la final de dobles. Y, en el caso de triunfar, se convertiría en la primera victoria en individuales para la Argentina en Wimbledon.
Como una casualidad del destino, en toda la historia del certamen más tradicional del mundo sólo fueron mujeres las que disputaron encuentros decisivos. En 1965, Raquel Giscafré perdió con la rusa Olga Morozova, en juveniles. La otra es la más recordada por todos: el traspié de Gabriela Sabatini ante Steffi Graf, en 1991, entre profesionales, en tres sets, el día que Gaby estuvo a dos puntos de alzar la bandeja dorada y de conseguir el Nº 1 del mundo.
Exultante, después de un partido que la tuvo con un comienzo pleno de nervios, Salerni, actualmente la mejor del mundo en juniors, desbordaba de alegría después de la victoria. "Roland Garros es el torneo de los argentinos, pero Wimbledon es La Catedral. Se te cae la historia del tenis encima", dice en la jornada en la que logró, también, el pasaporte para las semifinales de la prueba de dobles, junto con la checa Daniela Bedanova.
María Emilia es la menor de los Salerni. Son cinco hermanos y aquí está acompañada por Mariana, que tiene 24 años. "Por ella empecé a jugar al tenis. Como era rubia y la más chica, me puso la Pitufa. Después terminé siendo la Pitu", cuenta. Tomó una raqueta por primera vez a los 4 años, en el Club 9 de Julio. "Allí somos todos amigos. Nos conocemos todos. El mundo del tenis es muy duro. Y el de los juveniles, ni te cuento".
Orgullosa de su pueblo natal, juega con un parche que dice "Rafaela, Argentina". Más coincidencias. Es la misma ciudad en la que nació Javier Frana, finalista en dobles en 1991. "¿Si hay canchas de césped allí? No, el único césped es el del campo".
Hace una semana que no habla con sus padres. "Les mando e-mails a ellos y a mis amigos. No tengo ganas de cambiar la cábala. Si llegué hasta aquí sin hablar con ellos, voy a mantener la costumbre hasta el final. Pero no me puedo olvidar del esfuerzo que ellos hicieron para que yo llegara a ésto. Y de muchas personas y empresas de Rafaela que colaboran con los gastos", agrega la pupila de Sergio Ledesma, que es afecta a otros tratos con la suerte: si va ganando un torneo, utiliza la misma toalla hasta el último partido. Y si gana un punto con su saque, pide la misma pelota para el tanto siguiente.
La Pitu sigue con su relato. Cuenta que lee todos los días los diarios por Internet. "Pero no me gusta chatear, es perder demasiado tiempo con la computadora". En su bolso no sólo lleva raquetas. "Tengo los CD de Shakira, Maná y Fito Páez, y dos libros: Mi planta de naranja lima, que me hizo llorar en el final las dos veces que lo leí, y El Mundo de Sofía."
No oculta su admiración por Graf y por Hingis. "A Gabriela sólo la vi una vez. Ella fue muy grande e hizo mucho por el tenis argentino." Y dice que sus mejores amigas en el circuito son Laura Montalvo, Paola Suárez y Florencia Labat, con quien compartió el gusto de volver a poner a la Argentina, en abril último, en el Grupo Mundial de la Fed Cup.
Maria Emilia, la Pitu de Rafaela, tiene el desquite de Roland Garros entre sus manos y las puertas abiertas de una oportunidad histórica para el tenis argentino.


