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Atlético de Madrid venció por 2-1 a Olympique de Marsella como visitante en el Vélodrome, en un partido amistoso que aportó goles de dos jóvenes: Rodrigo Mendoza y Carlos Martín, y en el que el mundo colchonero estuvo pendiente de lo que sucedía en la capital española. Allí, Julián Álvarez se entrenó con otros futbolistas internacionales -Baena, Juan Musso y Marcos Llorente- y el lesionado Alexander Sorloth. En una clínica madrileña, además, Cristian “Cuti” Romero se hizo la revisión médica y en las próximas horas firmará su contrato: el Tottenham inglés lo vendió por 40 millones de euros, objetivos incluidos. Se vestirá de rojiblanco por las próximas temporadas y está llamado a ser una pieza clave.
El partido en Marsella tuvo un estadio a medio llenar. Y una patada como principal acción de juego en los primeros minutos. Se la dio Giuliano Simeone a Igor Paixao. Fue contra la banda izquierda, y el carrilero de la selección argentina no fue expulsado. Pero el brasileño se quedó varios minutos a pura queja. Paixao se mantuvo en el campo y, de hecho, fue el autor del gol de los franceses, luego de aprovechar un error en salida del equipo español.
Pero Atlético reaccionó. “Lookman recuperó un balón en la presión y Mendoza, uno de los que acababa de entrar junto con Carlos Martín y Dani Martínez, no perdonó en el área. El chico no había aparecido mucho estos días en las pruebas del Cholo pero volvió a demostrar que tiene ganas por hacerse un lugar. Fueron los mejores minutos del Atlético en la primera mitad. Con la pelota los rojiblancos son mucho mejores que sin ella”, dice la crónica del encuentro que se lee en el diario Marca.
La jugada del 1-1 del Atlético tuvo un error del argentino Leonardo Balerdi, quien a partir de ese momento pasó a ser abucheado y reprobado cada vez que tocó la pelota. Una verdadera pesadilla para el jugador formado en Boca que debió abandonar la concentración de la Argentina en Estados Unidos por una lesión. Y se perdió el último Mundial.
Con cambios y más cambios, la factoría del Atlético volvió a funcionar en el segundo tiempo. Jorge Castillo, Arnau y Carlos Martín urdieron la jugada del segundo tanto, anotado por este último, y que significó el 2-1 definitivo en el marcador. El “Cholo” Simeone sabe que si sus futbolistas con más renombre y experiencia tienen un mal día, siempre puede tirar de los juveniles. Varios de ellos ya están a punto y uno, Pablo Barrios, fue el mejor rojiblanco en el periplo a Marsella.
La semana se cierra sin novedades en el frente Julián Álvarez. El regreso a los entrenamientos de la Araña estuvo marcado por un encuentro informal con Simeone. Fue en el vestuario de la Ciudad Deportiva de Majadahonda, y lejos de la prensa. Pero el delantero argentino le dejó en claro a su entrenador que quiere irse y que lo ilusiona más el proyecto deportivo de Barcelona que ser el jugador franquicia del Atlético.
Simeone hizo mutis por el foro y se abrió de brazos. Le dijo que darle luz verde a la transferencia no dependía de él y que sólo podía ayudarlo en términos deportivos, potenciándolo para que brinde su mejor versión, anote más goles y sea un jugador completo. Para todo lo demás, entonces, debía dirigirse a los despachos.

Hacia las oficinas, entonces, irán Álvarez y sus agentes, Sergio Díaz y Fernando Hidalgo. Según trascendió, ya hay una reunión pedida con Miguel Ángel Gil Marín, CEO del club. El delantero tiene contrato hasta 2030 y una cláusula de 500 millones de euros a la que se remiten los colchoneros cuando otra institución llama pidiendo la cotización del delantero argentino. La respuesta es que Álvarez no está a la venta, porque lo quieren como piedra angular del próximo proyecto deportivo.
El problema es que el futbolista tiene su cabeza en Barcelona. La novela amenaza con parecerse a la de Joao Felix, delantero portugués que en su momento fue el fichaje más caro de la historia del Atlético (lo pagaron 127,2 millones de euros). En 2023 quería marcharse al Chelsea y forzó la transferencia todo lo que pudo. El hincha colchonero dio su veredicto en forma de silbidos y abucheos hacia el futbolista, que terminó saliéndose con la suya y emigrando a Chelsea. Julián, venerado en su momento por la enorme mayoría de los simpatizantes del Atlético, atraviesa su hora más compleja desde que llegó al club.


