Boca no pudo con Independiente y el debut de Russo tuvo un sabor agridulce

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Fernando Vergara
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26 de enero de 2020  • 23:51

El impacto visual y el lavado de cara fue notorio en la Bombonera. La nueva pintura azul y oro resplandece en el exterior. Adentro se quitaron los acrílicos de la platea baja, se retiraron butacas de la platea K para que vuelva a ser una tribuna popular y se dejó de lado la carga de morbo al quitar el reloj que contaba los años del equipo en primera división. Sin embargo, cuando la pelota comenzó a rodar, Boca no lució muy diferente al de 2019. Así, el 0-0 contra Independiente empieza a comprometer las chances de los de Russo en esta Superliga.

Tanto Boca como Independiente rearman las filas y moldean sus nuevos modelos. Para los dos era una noche con caras nuevas en los bancos de suplentes: Pusineri ya había debutado en la derrota ante River, en tanto que Russo volvía a la cancha xeneize para comenzar su segundo ciclo bajo la nueva conducción de Ameal, Pergolini y Riquelme.

Boca exhibió cierto ímpetu al principio, pero en toda la primera etapa tuvo muy poco juego y no fue capaz de avanzar organizadamente. El entusiasmo duró un suspiro. La lucha se daba en los laterales, aunque todo parecía ser una manifestación de voluntades desencontradas.

Boca lateralizó en exceso, no encontró el pase profundo; en síntesis, le faltaba el cambio de ritmo. Y todo se hizo más cuesta arriba. A los 21 minutos se fue expulsado Izquierdoz por una supuesta infracción a Silvio Romero. El defensor recibió la segunda tarjeta amarilla, pero no pareció falta.

Con Junior Alonso por Obando (llamó la atención el cambio, se esperaba la salida de Tevez o Zárate), Boca rearmó la línea defensiva. Quedó la duda de cómo hubiera respondido Bustos en el mano a mano con el movedizo volante correntino, teniendo en cuenta que el lateral muestra mejores condiciones atacando que defendiendo.

A partir de ahí el Rojo llegó con peligro. Marcos Díaz se lució ante tiro libre de Fernández. De ese córner vino un cabezazo de Franco al palo derecho del arquero. Y una definición de Domínguez se fue desviada por poco. Una ráfaga de ocasiones concretas.

Boca perdió la pelota, los delanteros quedaron aislados bien arriba -sin desequilibrio, Tevez no influyó en el juego- y los visitantes trataron de tomar la manija del partido. Pero Independiente también se repitió en errores y envíos largos que terminaron en las manos de Díaz o en la popular sur. Los hinchas, en la platea, sonreían con gestos cómplices al ver que en un palco Riquelme y Bochini -mate desde por medio- observaban juntos un partido realmente pobre. Ya sobre el cierre del primer tiempo, el arquero de Boca volvió a sacar un zapatazo de Lucas Romero. El arco de Campaña era un decorado.

Con un viento arremolinado que dificultaba todavía más el control, se veía un enfrentamiento con demasiada carga de ansiedad y poca eficiencia colectiva. Boca seguía sin encauzar un juego con muy pocas luces. En los últimos metros no tenía tanto peso y eso conspiraba contra su búsqueda, más alocada que certera. Sin embargo, estuvo cerca de abrir el marcador a los 12 minutos con un remate de zurda de Tevez que desvió Campaña al córner.

Desde ya, todo lo señalado no significa que Boca haya sido muy superado por Independiente, más allá de las llegadas del Rojo en el primer tiempo. Sánchez Miño se repetía en centros a la nada, Silvio Romero batallaba sin crear peligro y faltaba profundidad para quebrar la línea defensiva del equipo de Russo.

Como uno de los puntos más negativos de la noche queda la presencia de Tevez. Su aporte ya no es suficiente para cambiarle la cara y maquillarle las arrugas a un equipo que precisa de otra velocidad. Sin chispa, le cuesta quitarse hombres de encima, y parece no complementarse con Zárate en ataque. Villa, por caso, se mostró más picante en los pocos minutos con los que contó. A los 30 y tras una pérdida de Bustos, el colombiano corrió 50 metros pero definió mal ante Campaña.

Rápidamente, Pablo Pérez -que había sido uno de los más destacados de la cancha- reaccionó de una manera habitual en el derrotero del volante: una plancha muy fuerte sobre Campuzano dejó a su equipo con 10 jugadores. En un clima caliente, los simpatizantes de Boca lo despidieron con una silbatina estruendosa.

Sin muchas seguridades en el juego, el Rojo intenta borrar las imágenes de los últimos tropiezos. Con la prudencia que exigen los partidos de inicio de año, tanto Boca como Independiente no mostraron signos alentadores. El empate se dio por lógica decantación, aunque a los locales no les sirvió de nada y a Independiente le supo a poco. Así, por más que el destino de este torneo todavía sea desconocido, en su camino ya nadie ignora que River se encamina a celebrar la primera Superliga en el ciclo de Marcelo Gallardo.

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