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Adam Bareiro llegó a Boca en febrero de este año en medio de los recurrentes problemas lumbares de Edinson Cavani, con la idea de convertirse en su sucesor. El comienzo fue auspicioso: debutó con un doblete y en apenas dos meses y medio convirtió seis goles en 14 partidos. Sin embargo, el paraguayo terminó corriendo una suerte parecida a la de su predecesor. Una hernia de disco lo sacó de las canchas en mayo y, después de someterse a una serie de bloqueos que no dieron el resultado esperado, tomó la decisión de pasar por el quirófano. Así, recién podría volver a jugar en 2027.
La noticia se conoció apenas 24 horas después de otro duro golpe para el equipo de Rodolfo Arruabarrena: la fractura en el peroné derecho de Tomás Aranda, una de las joyas del club, que también será baja hasta el final de la temporada. Bareiro, que disputó su último partido en la derrota 3-2 ante Huracán, la tarde en la que Boca quedó eliminado en la Bombonera en los octavos de final del Apertura, venía realizando trabajos específicos con la expectativa de volver a sumarse al grupo durante este semestre. Pero, al igual que había ocurrido con Cavani, las infiltraciones no consiguieron aliviar el problema.

Por eso, en una decisión conjunta entre el futbolista y el cuerpo médico de Boca, se resolvió buscar una solución más definitiva y evitar que el cuadro se prolongue en el tiempo. La intención es que Bareiro sea intervenido en los próximos días y, a partir de entonces, inicie una recuperación desde cero, sin apurar plazos y con el objetivo puesto ya en la próxima temporada.
Boca había sido previsor y había incorporado a Enner Valencia como una alternativa en el ataque, pero el cuerpo técnico todavía mantenía la esperanza de recuperar al guaraní durante este semestre, sobre todo con las etapas decisivas de la Copa Sudamericana y la Copa Argentina cada vez más cerca. Sin embargo, la evolución nunca terminó de encarrilarse. La lesión, que además dejó a Bareiro sin posibilidades de pelear por un lugar la lista de Paraguay para el Mundial, terminó convirtiéndose en un problema mucho más complejo de lo previsto.

“Es día a día”, repetían en el club. Y así fue durante meses: jornadas mejores, otras peores, pero siempre con dolor. Bareiro nunca consiguió incorporarse al grupo ni entrenarse a la par de sus compañeros. Combinó trabajos de kinesiología con distintos tratamientos y terapias alternativas, aunque ninguna consiguió resolver el cuadro. Cada vez que intentaba aumentar las cargas, el dolor reaparecía.
Boca pagó 3.000.000 de dólares por Bareiro, que tiene contrato hasta diciembre de 2028 y una opción para extenderlo por un año más. En las primeras semanas, pareció justificar rápidamente la apuesta. Después, todo empezó a torcerse. Primero vio la roja en la derrota ante Cruzeiro por la Copa Libertadores, un partido que Boca perdió sobre el final y que terminó siendo determinante para la eliminación en la fase de grupos. Y en el encuentro siguiente, ante Huracán, tuvo que dejar la cancha durante el primer tiempo por una doble lesión: además del problema lumbar, padeció un desgarro abdominal.

La coincidencia con Cavani resulta inevitable. El uruguayo también había sufrido su lesión ante Huracán y al intentar una pirueta dentro del área. Después pasó más de un año y medio entre tratamientos, recaídas y regresos frustrados hasta que finalmente fue operado, apenas tres semanas antes de que Boca decidiera rescindir su contrato ante la imposibilidad de recuperarlo definitivamente. Ese antecedente también influyó para no seguir demorando la decisión con Bareiro.
“Step by step” (“paso a paso”), escribió el paraguayo en su último posteo en redes sociales, a comienzos de julio, junto con un álbum de fotos en el que se lo veía realizando tareas con pelota junto con Leonardo Betchakian, uno de los kinesiólogos del plantel. En aquel momento parecía comenzar una nueva etapa de su recuperación. Ahora, sin embargo, todo vuelve a foja cero.

De esta forma, Arruabarrena tendrá cuatro alternativas para el puesto de centrodelantero en la recta final del Clausura, la Sudamericana y la Copa Argentina. La principal es Miguel Merentiel, que volvió a ocupar esa posición ante la falta de opciones y atraviesa un buen momento: convirtió en sus últimos tres partidos, frente a Platense, Recoleta y Racing. Este viernes podría volver a ser el nueve ante Lanús, en la Bombonera, salvo que el Vasco decida rotar algunas piezas.
La segunda variante es Valencia, que empezó a sumar minutos después de su llegada pero todavía no está al ciento por ciento desde lo físico y necesita recuperar ritmo de competencia. Y la tercera es Milton Giménez, que perdió terreno desde la llegada de Arruabarrena y que, si Bareiro conseguía recuperarse, incluso tenía posibilidades de salir a préstamo o mediante una transferencia. Un poco más atrás aparece Ángel Romero, capaz de desempeñarse tanto como centrodelantero como por afuera, aunque hasta ahora casi no tuvo rodaje con el Vasco.

Bareiro y Aranda no son las únicas bajas que acumula Boca. Ayrton Costa continúa afectado por una pubalgia y además arrastra una distensión, mientras que Marco Pellegrino se recupera de un desgarro. La buena noticia para Arruabarrena es que Leandro Paredes y Lautaro Di Lollo dejaron atrás sus respectivas dolencias y forman parte de la lista de concentrados, al igual que Milton Delgado, que había terminado el partido ante Racing con un dolor muscular.




