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Cuando Leandro Paredes dejó la cancha a los 33 minutos del segundo tiempo del triunfo por 1 a 0 sobre Estudiantes, buscó a Milton Delgado. Se acercó, le entregó la cinta de capitán y le dio un abrazo. El gesto pasó casi inadvertido en medio de los aplausos para el campeón del mundo, pero tuvo un fuerte valor simbólico. Después llegaron las palabras tras la victoria por el Torneo Clausura. “Es un premio por lo que es para nosotros”, explicó el mediocampista. Un rato más tarde, el propio Rodolfo Arruabarrena completó la idea desde la conferencia de prensa: “El Chelito es un motorcito dentro del campo”. Con 21 años dejó de ser otro 5 surgido de las inferiores de Boca para transformarse en una pieza indispensable.
Hace apenas 16 meses, el volante de Rafael Castillo, que llegó al club con nueve años, debutaba en la primera de la mano de Diego Martínez, en el empate sin goles frente a Nacional Potosí, por la Copa Sudamericana. El salto no fue inmediato. Alternó titularidades con suplencias, volvió varias veces a la reserva y atravesó el lógico proceso de adaptación que suele exigir un puesto tan complejo como el de volante central. Nunca perdió terreno puertas adentro. Cada entrenador —pasó por tres en poco más de dos años— que lo tuvo valoró las mismas virtudes: inteligencia para ocupar espacios, simpleza para jugar y una capacidad poco habitual para recuperar la pelota.
“Las que pierde las recupera”, lo elogió en conferencia de prensa anoche Rodolfo Arruabarrena. Los números le dan la razón. Tan solo ante el Pincha fue el jugador xeneize con más recuperaciones (7). “Camilo Rey Domenech es un poco más cinco y Chelito un poco más interior. Me pone contento que sean del predio, pero se lo ganaron ellos, por hambre”, añadió el DT.

El recorrido tampoco fue lineal. A comienzos del 2025, el Sudamericano Sub 20 lo obligó a perderse buena parte de la pretemporada con Fernando Gago. Mientras él se destacaba con la selección argentina, el entrenador empezaba a darle rodaje a Rey Domenech. Parecía que debía volver a empezar. Sin embargo, el torneo en Venezuela en el que serían segundos terminó por fortalecerlo. Regresó con mayor personalidad, más confianza para pedir la pelota y un ritmo competitivo que trasladó inmediatamente a Boca.
El punto de inflexión llegó poco después. Fue figura frente a Aldosivi, en una Bombonera envuelta en cuestionamientos, y se ganó una ovación poco habitual para un futbolista de apenas 20 años. Días después fue el mejor jugador del equipo en la eliminación frente a Alianza Lima por la fase previa de la Copa Libertadores, un golpe deportivo que terminó con el ciclo de Gago marcado por el fracaso internacional. En medio de ese contexto adverso, Delgado salió fortalecido. El reconocimiento de los hinchas ya no respondía a la ilusión que despierta un juvenil, sino a la certeza de que el equipo había encontrado un mediocampista confiable.
Su consolidación también quedó reflejada fuera de la cancha. En mayo del año pasado fue elegido por el Centro Internacional de Estudios del Deporte (CIES) como el mejor volante central Sub 20 del mundo, por delante de futbolistas que ya brillan en las principales ligas europeas. El reconocimiento confirmó con estadísticas lo que en Boca comprobaban partido tras partido.
Su mayor virtud, sin embargo, quizá no aparezca en los números. Delgado entendió rápidamente cuál debía ser su función en un equipo que ahora tiene como conductor a Paredes. Mientras el jugador de la selección argentina administra la pelota, organiza el juego y rompe líneas con sus pases, él se ocupa del trabajo menos vistoso: correr, recuperar, cerrar espacios y ofrecerse como opción de descarga. Incluso puede sorprender con pases largos, como el de ayer para poner a correr a Leonel Flores, similares a los que mete el 5 de Boca. En otras palabras, hacer todo aquello que permite que el resto juegue mejor.
El propio Paredes reconoció que es su “rueda de auxilio”. Cuando el capitán necesita un apoyo corto, aparece Delgado. Cuando el equipo pierde la pelota, también. Si el medio campo queda partido, es el primero en retroceder para recomponer el orden. Su despliegue físico y su lectura del juego terminan potenciando las virtudes del campeón del mundo.
“Es un chico que trabaja mucho, es muy humilde, escucha mucho y ojalá siga en este camino porque tiene un gran futuro”, aseguró Leandro Paredes postpartido con Estudiantes. El elogio no sorprendió. Desde su regreso al club había destacado públicamente la inteligencia futbolística del juvenil, pero esta vez acompañó las palabras con un gesto todavía más significativo: entregarle la cinta de capitán cuando dejó el campo de juego.
No deja de ser llamativo que haya logrado consolidarse en medio de tantos cambios. Debutó con Martínez, terminó de afirmarse con Gago y hoy sigue siendo titular con Arruabarrena. Los nombres alrededor cambiaron. También los esquemas y las ideas futbolísticas. Él permaneció. Esa continuidad habla de un futbolista capaz de adaptarse a distintos contextos sin perder identidad.
Leandro Paredes fue reemplazado vs. Estudiantes y MILTON DELGADO quedó como CAPITÁN DE BOCA. pic.twitter.com/LhoYWu2UQi
— SportsCenter (@SC_ESPN) August 5, 2026
Su aparición, además, prolonga una tendencia que Boca viene construyendo desde hace varios años. Después de Alan Varela y Equi Fernández, el club volvió a formar un volante central que consiguió adueñarse del puesto en la primera división. Delgado tiene características distintas, con más despliegue e intensidad, pero comparte con ellos una virtud: interpretar el juego antes que el resto.
Mientras tanto, su nombre empezó a despertar interés desde el exterior hace rato y no faltan clubes que siguen de cerca su evolución. Incluso, en las últimas horas, informan que Atlanta United ofertó 10 millones de dólares por él, que fue rechazada rápidamente, ya que tiene una cláusula de rescisión de 15 millones. Boca no tiene urgencias económicas para venderlo y solo evaluaría una salida ante una oferta muy importante. En el presente, el desafío es otro: seguir creciendo al lado de Paredes y consolidarse como uno de los pilares del equipo.
Quizá, si haya que señalarle algún punto pendiente, ese sería la llegada al gol. Algo que, por ejemplo, consiguió con el tiempo su compañero Santiago Ascacibar en Estudiantes. Y que ayer fue quien dio la victoria, justamente cumpliendo la ley del ex.
Hace poco más de un año buscaba afirmarse en la primera. Hoy termina un partido importante con la cinta de capitán y recibe elogios públicos del entrenador y del futbolista más importante del plantel. En un club donde la exigencia rara vez concede tiempo, Milton Delgado dejó de ser el chico que prometía. A fuerza de rendimiento, personalidad y regularidad, ya se convirtió en una certeza para Boca.




