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El canto arrancó en la popular que da espaldas a Casa Amarilla y enseguida se extendió a los cuatro costados de la Bombonera. Mientras los jugadores celebraban el triunfo en el Superclásico, se escuchó por primera vez “que de la mano de Lea Paredes…”, una distinción reservada para pocos. Desde que la melodía de la cortina del programa de televisión “Venga a bailar” llegó a las tribunas argentinas, a comienzos de los años 80, solo Diego Maradona y Carlos Tevez han recibido ese reconocimiento en Boca: que la gente identifique al equipo con un futbolista, incluso por encima del entrenador, y le confíe su ilusión de ser campeón. Paredes ganó todos los Superclásicos desde su regreso. Ahora quiere coronarlo con títulos.
Como Riquelme en 2007, cuando llevó a Boca a su sexta Libertadores; Juan Sebastián Verón, con quien Estudiantes volvió a conquistar América; o Diego Milito, con quien Racing fue campeón después de 13 años y volvió a instalarse entre los equipos más fuertes del fútbol argentino, Paredes volvió para cambiar el ánimo de un club que se había acostumbrado a las frustraciones. También las sufrió dentro de la cancha, aunque hoy el panorama es distinto: Boca atraviesa su mejor momento en años: pelea por todos los títulos que disputa este semestre, tiene un equipo con el que sus hinchas se identifican y está a una victoria de consagrarse en la Tabla Anual. Todo, con un dato que vuelve más valioso su aporte: el capitán juega con dolor y sigue una rutina especial durante la semana para evitar que otra lesión lo deje fuera de las definiciones.
“Lo tenemos en una cajita de cristal”, cuentan desde el cuerpo técnico sobre los cuidados que necesita Paredes. El isquiotibial derecho lo tiene a maltraer desde el último partido del primer semestre. Se desgarró durante la entrada en calor del encuentro contra Universidad Católica en el que Boca quedó eliminado de la Libertadores, pero decidió jugar igual. Sentía la responsabilidad de estar. Unas horas antes, Lionel Scaloni lo había confirmado en la lista para el Mundial, pero tampoco quiso parar.
La decisión tuvo un costo alto. Con dolor, estuvo lejos de su nivel en una noche en la que Boca quedó fuera del principal objetivo del año. La lesión, además, lo dejó sin los amistosos previos y sin minutos en los primeros partidos del torneo. Después de la final, volvió a entrenarse al día siguiente de volver de Estados Unidos y en octubre volvió a desgarrarse contra Instituto. Otra vez apuró la vuelta: con apenas 11 días de recuperación de una lesión de grado 2, entró en el segundo tiempo ante Vasco da Gama y convirtió el gol de la clasificación a la final de la Sudamericana. A partir de ahí, ya no volvió a salir.
Por eso, el cuerpo técnico le prepara una rutina especial. Muchas veces trabaja de manera diferenciada, hay ejercicios que no realiza y días en los que casi no participa de las tareas con el grupo. Aunque siempre quiere entrenarse con sus compañeros, los esfuerzos para que llegue lo mejor posible a cada encuentro.
La semana previa a River también fue así: lo cuidaron para que pudiera estar y resistió 85 minutos. No fue el mejor de la cancha, pero su jerarquía pesó para manejar los tiempos y el ánimo del clásico. En cinco Superclásicos jamás perdió: a los dos empates de su primera etapa les sumó las tres victorias desde su regreso. Ya había sido importante en el 2-0 del Clausura 2025, la tarde de los goles de Exequiel Zeballos y Miguel Merentiel, y en el 1-0 del Apertura 2026 en el Monumental, que definió con su penal. Así, igualó los cinco Boca-River invicto de José Yudica, Jorge Vázquez y Antonio Barijho y quedó a uno del récord de Víctor Marchesini, que disputó seis sin perder.

Cuando volvió de Europa, la diferencia en el historial se había reducido a cuatro partidos, el margen más bajo para Boca desde 1997. Hoy está en siete, cerca de los nueve que alcanzó en 2016 y 2017.
“Leandro volvió a ganar el clásico. Ha jugado a un 30% de todo lo que podría haber jugado. Está con una carga física muy grande, está jugando porque es hincha, porque tiene ilusión y porque es el capitán del equipo”, dijo Riquelme, que lo buscó durante tres mercados consecutivos hasta conseguir que se sumara a mediados de 2025, después del Mundial de Clubes.
En otro momento de la temporada, explican, habría quedado al margen de varios partidos. El isquiotibial es clave en muchas de sus acciones dentro de la cancha: el pique corto para llegar a un cruce, la frenada, el cambio de dirección, la pierna que se estira para cortar un pase o el remate desde fuera del área.
"HA JUGADO A UN 30% DE TODO LO QUE PUEDE... ESTÁ JUGANDO PORQUE ES HINCHA"
— TyC Sports (@TyCSports) November 2, 2026
Juan Román Riquelme, mano a mano en TyC Sports, se refirió al estado físico de Leandro Paredes. pic.twitter.com/r7Szh3b7E4
Lo ideal sería que descansara tres semanas completas, sin trotar ni exigir la zona. Una pausa que recién podría llegar en las vacaciones. Ahora se vienen los partidos que pueden darle títulos a Boca y Paredes no quiere perderse ninguno. Por eso, cada semana se revisan las cargas y cada partido obliga a evaluar cómo terminó y cuánto puede trabajar antes del siguiente.
Cuando volvió, el objetivo era llevar al club a su séptima Libertadores. Esa asunto quedó pendiente, pero ahora tiene hasta cinco títulos al alcance. Si Boca le gana a Defensa y Justicia, será campeón de la Tabla Anual. El 21 de noviembre jugará la final de la Sudamericana contra Atlético Mineiro en Barranquilla. Antes se medirá con Banfield por las semifinales de la Copa Argentina, con Platense ya clasificado. También irá por el Clausura y, si lo gana, disputará el Trofeo de Campeones ante Belgrano, el 19 de diciembre en Córdoba.

En su primera etapa, entre 2010 y 2013, Paredes ganó dos títulos con poca participación. En el Apertura 2011 sumó 45 minutos ante Atlético de Rafaela y uno frente a Vélez; en la Copa Argentina 2012, apenas un minuto contra Rosario Central, por los cuartos de final. Esta vez tiene otro lugar y otra responsabilidad. Es el capitán, el que conduce al equipo y el que pide jugar aun cuando desde el cuerpo técnico le recomiendan bajar las cargas.
La Bombonera ya le dedicó una canción que pocos recibieron. Ahora quiere devolver ese reconocimiento con una vuelta olímpica. Que Boca vuelva a celebrar, esta vez, de la mano de Lea Paredes.



