

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.


El descenso en la Argentina es mucho más que una consecuencia deportiva. Perder la categoría es uno de los acontecimientos que puede provocar las emociones más profundas y contradictorias dentro de la cultura futbolera del país. Y salvarse, es una felicidad construida sobre el miedo, una celebración nacida de la angustia y del alivio de saber que el peor escenario finalmente había quedado atrás.
Este fue el escenario que se vivió en San Martín, en el duelo en el que Chacarita derrotó a Nueva Chicago por 2 a 0, por la última fecha de la Primera Nacional. Un clásico que se vivió con mucha tensión, calor y color. Un duelo con sed de revancha por lo sucedido en 2012 en un repechaje en el que cayeron los funebreros y subieron los de Mataderos. Sin embargo, esta vez fue al revés y el Torito descendió a la tercera categoría del fútbol argentino por quinta vez en su historia. Patronato, el tercero en discordia, se salvó con un empate y seguirá en la segunda divisional.

Para entender por qué estos equipos llegaron hasta este momento de tensión, en primer lugar hay que marcar que los tres hicieron muy malas campañas. Luego, que a esta última fecha del grupo B, Chacarita llegó con 39 puntos, fuera del puesto del descenso, mientras que Patronato y Nueva Chicago sumaban 37 unidades. En la previa, eran nueve las combinaciones posibles en las que cualquiera de los tres podía perder la categoría o se dispute un desempate entre dos.
En este contexto, se definía todo a la misma hora. En la provincia de Santa Fe, Patronato cruzó el túnel subfluvial para jugarse su permanencia ante Atlético de Rafaela. Para Chacarita y Chicago, no era un partido más. La rica historia entre ambos tuvo un capítulo singular en junio de 2012, que quedará en el recuerdo de los futboleros de cualquier división. El Torito, por entonces en la B Metropolitana, se midió por la promoción ante el Funebrero, que estaba en la B Nacional. La ida fue 1-0 para los de Mataderos en su estadio, mientras que en la vuelta igualaron 1 a 1 en San Martín, pero con la particularidad de que en la última jugada del partido, Daniel Monllor le atajó un penal a Damián Toledo y esto le permitió al verde y negro ascender de categoría y a su vez mandar al descenso al tricolor.

Con este recuerdo y mientras el torneo de la Primera Nacional avanzaba, los dos equipos de a poco se iban hundiendo en las últimas colocaciones del grupo B y la posibilidad del duelo del morbo estaba cada vez más latente. El fixture marcaba que en la última fecha de la temporada, y por esas cosas del fútbol y de la vida, Chacarita y Chicago tenían que volver a jugar una definición similar a las de hace 14 años.
En la previa, algunos fanáticos locales hablaron con LA NACION y expresaron su sentimiento. Ariadna tiene 19 años, ella y toda su familia son de Chaca: “Todas estas últimas fechas las viví con mucho sufrimiento, con mi familia. Es un club que transmite mucho cariño. Lo vimos arriba y ahora verlo en esta situación, es difícil. Estas últimas fechas pudimos ganar, que era lo que esperábamos y eso me dio alivio y esperanza”. Mariano, de 23 años, opinó parecido: “Impresionante lo mal que la pasé. Me vi varias veces descendido, una angustia terrible. En 2023 estuvimos tan cerca y ahora volvemos a vivir esta situación”. Por último, Juan Carlos, de 54 años, tampoco la pasó bien: “Más allá del amor que tengo por Chacarita, cuando faltaban unas cinco fechas estaba resignado. Te da tristeza porque es un club grande”. El lunes primaveral le puso un clima ideal a este partido en un estadio que lucía lleno un día laboral a las 3 de la tarde: “Me pedí el día en el laburo. Por Chaca, todo”, expresó Juan Carlos.

Cuando Sebastián Zunino dio la orden y la pelota empezó a rodar sobre un césped que lucía impecable, sólo gritaban aquellos que ocupaban las cabeceras. Los de la platea se mostraban más nerviosos, a pesar de que el empate ya era suficiente. Algunos no podían quedarse sentados. Otros se aferraban a la vieja (pero siempre confiable) radio o al celular para seguir de reojo lo que sucedía en Rafaela con Patronato, que también se jugaba la permanencia. Mientras tanto, en el campo de juego, se notaba mucho qué se jugaba cada uno: el local se mostraba algo más suelto; el visitante, todo lo contrario. Futbolistas imprecisos, tensos y replegados en el fondo. Al final de la primera parte, tanto en San Martín como en Rafaela, todo seguía igualado 0 a 0. Estos resultados llevaban a un desempate entre el Torito y el Patrón para definir al que perdía la categoría y al que se salvaba junto a Chacarita.
Ante las especulaciones por posibles arreglos de resultados, los hinchas del Funebrero fueron contundentes: “A Chicago hay que ganarle, nada de arreglar. Lo consideramos un clásico y no sólo por lo que pasó en 2012. Creo que somos las hinchadas más picantes del ascenso”, contestó un hincha denominado como “el Cuchi”.

Para el inicio de la segunda etapa, Zunino esperó que los duelos comiencen en simultáneo. Y a los seis minutos... la primera explosión. Maximiliano Meléndez entró al área tras un centro de Domínguez y empujó la pelota para establecer el 1 a 0. Gritos de desahogo, abrazos entre familiares y desconocidos. La alegría y la emoción se sostuvieron varios minutos y eso levantó al equipo, que a los 11 puso el 2 a 0. Nicolás Pantaleone, de cabeza al gol para desatar la algarabía una vez más. “Que se termine!” gritaban algunos plateístas. Las canciones apuntaban a su rival que estaba cada vez más hundido: “El que no salta, se va a la B”.
En ese instante, para Chicago sólo quedaba aferrarse al milagro y a la ayuda de Atlético de Rafaela, que continuaba empatando ante Patronato, el otro equipo en cuestión. Los jugadores del Torito, obligados a acortar el marcador, iban al frente, pero lo hacían en medio del nerviosismo, desorientados y golpeados.

Un incidente en el banco de suplentes del visitante (se desmayó un asistente), hizo que se perdieran varios minutos, pero los gestos de los futbolistas de Chicago eran más que elocuentes: cabezas gachas y miradas clavadas en el césped. Otros se tomaban el rostro, se los cubrían con las camisetas y caminaban lentamente hacia ningún lugar, como si buscaran escapar de una escena que no querían protagonizar. Mientras tanto, en Rafaela continuaba la acción y cada vez faltaba menos.
Una vez que se reanudó el partido, los minutos restantes sirvieron para que los locales comiencen su fiesta. Las sábanas blancas con una B gigante aparecían en las tribunas junto a banderas negras y verdes, quizá robadas en alguna batalla. Cuando en San Martín todos se enteraron del 0 a 0 final entre Atlético de Rafaela y Patronato, volvió a desatarse la locura de la gente con gritos en contra de su rival. Chacarita se estaba salvando, pero con la venganza consumada y su clásico rival de rodillas.

El defensor del visitante, Roman Zalazar, entre el enojo y la frustración, pegó una patada para que Zunino le saque la roja y lo mandó a los vestuarios. “El fútbol da revancha, sólo hay que esperar”, decían en voz alta los plateístas. Los fuegos artificiales le daban el desenlace perfecto a los hinchas de Chacarita. Del otro lado, el pitazo final cayó como una sentencia. Quizás, algunos de los jugadores de Chicago sabían que ese momento podía llegar. Pero una cosa era imaginarlo y otra muy distinta era tener que enfrentarlo.
Ni el abrazo de los colegas rivales sirvió para el consuelo. Casi sin quedarse en el campo de juego, rápidamente se fueron al vestuario. Lo que vendrá para los futbolistas y los hinchas de Nueva Chicago no será nada fácil. El Torito, que sacó una unidad de las últimas 15 en una debacle sin atenuantes, descendió a la B Metropolitana por quinta vez en su historia. También lo sufrió en 1937, 1986, 2008 y 2013. Y este descenso quedará asociado a una de las páginas más dolorosas de la historia de la institución de Mataderos.




