Sangre y sudor: con un Messi herido, Barcelona ganó una dura batalla en Manchester

Fuente: Reuters - Crédito: Lee Smith
Claudio Mauri
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11 de abril de 2019  • 00:39

Hay victorias que se disfrutan por el juego y otras que se valoran por el lugar donde se consiguen y el esfuerzo y sacrificio que demandan. Del primer tipo de triunfos, Barcelona tiene más de un álbum, partidos memorables por creatividad y tecnicismo. Los de la segunda clase son los que más le cuestan porque no están asociados a su ADN futbolístico, lo obligan a disputar partidos incómodos. A este último contexto se adaptó el Barça para trajinar duro y conseguir un 1-0 sobre Manchester United en la ida de los cuartos de final de la Champions League.

El éxito se realza por el entorno, un Old Trafford que confiere prestigio a todo aquel que salga ganador. Y el resto pasó por la armadura que debió calzarse Barcelona para resistir y salir airoso. Como si hubiera entendido y aprendido lo que le faltó en las temporadas anteriores, cuando no pasó la barrera de los cuartos de final.

La forma de ganar de Barcelona casi siempre pasa por Lionel Messi . Generalmente es a través de su magia y genialidades, suelen ser la rúbrica de incontables victorias. Pero este 1-0 se explica en el rostro magullado y sangrante del capitán y N° 10. Así de arduo fue todo. Y no se salvó ni Leo, que a los 28 minutos del primer tiempo sufrió una embestida desde un costado de Chris Smalling, a quien no vio venir. El defensor del Manchester lo golpeó con su brazo y hombro derechos. Caído, de la nariz del argentino enseguida empezó a brotar sangre, al tiempo que se le hinchaba el pómulo izquierdo y se le hacía un derrame en el ojo. Se temió que no pudiera seguir por una posible fisura, pero fue atendido y volvió al campo. El árbitro italiano Gianluca Rocchi no cobró ni falta, y tampoco fue informado por el VAR. Todo quedó en un choque accidental.

Luego del partido, el director técnico Ernesto Valverde confirmó que "Messi sufrió un fuerte golpe en la cara". Y tampoco se olvidó de la dolencia que viene de arrastre: "Leo está con la pubalgia hace unos meses, lo vamos cuidando".

Ni el dolor ni el impacto desenfocaron a Messi del partido, siguió activo, buscando los espacios entre la densidad de volantes que presentó Solskjaer, con un esquema 3-5-2. Más allá de su asistencia en el gol que terminó siendo en contra de Shaw tras un cabezazo de Suárez, si no hubo más rastros de intervenciones decisivas de Messi fue porque en el partido no sobraron combinaciones, todo se hizo con una alta intensidad, abundó el vértigo y faltó juego elaborado.

Por los play-off de la Champions, Barcelona no ganaba un encuentro de visitante desde febrero de 2016, un 2-0 a Arsenal en el Emirates Stadium. Vale recordar que el último título europeo del Barça fue en 2015. Como se hace muy fuerte de local, cabe suponer que el conjunto catalán no necesita de proezas fuera de su casa. Pero en la temporada anterior cometió el increíble desliz de desperdiciar un 4-1 en el Camp Nou ante Roma, que en el Olímpico le dio forma al milagro de un 3-0.

Si las duras derrotas enseñan más que los triunfos, Barcelona tomó nota de los tragos amargos. Ganó por primera vez en cinco cotejos en Old Trafford; los antecedentes marcaban dos empates (1994 y 1998) y dos derrotas (1984 y 2008). Y lo hizo sin goles de Messi y Suárez, que entre los dos suman 66 goles oficiales en la temporada.

El tanto del triunfo encierra una paradoja para Suárez, a quien puede asignársele un alto porcentaje de la conquista con el cabezazo que cruzaba el área a centímetros del arco y fue desviado por Shaw. De ser suyo, el gol hubiera puesto fin a una larga sequía del charrúa como visitante por la Champions. Hace 17 encuentros que no convierte, ya sea ante rivales encumbrados, como Juventus, PSG, Atlético de Madrid y Manchester City, o frente a oposiciones más débiles, como BATE Borisov, Borussia Moenchengladbach o Celtic.

En cualquier circunstancia, Suárez no es de desanimarse ni se desenchufa del partido. Como le manda su instinto, ayer forzó ataques, exigió a los zagueros y buscó el arco sin encontrarlo con tres remates.

Con el resultado adverso, Manchester se soltó más. Del contraataque con rápidas transiciones de Pogba de Rashford y Lukaku pasó a ocupar campo rival con más jugadores. Barcelona se sostuvo en la muy buena pareja central que integran Piqué y Lenglet, que le quitó el puesto a Umtiti con sobradas muestras de solvencia.

Cuando advirtió la necesidad de meter más músculo y despliegue en el medio, Valverde mandó a la cancha a Sergio Roberto (por Arthur) y Vidal (por Coutinho). Barcelona aguantó el 1-0, que no puede tomar por definitivo para el desquite del martes próximo porque Manchester ya avisó en París al remontar un 0-2 frente a PSG.

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