Chiquito Romero, el arquero que pudo ser basquetbolista y que fue héroe ante Holanda

Llegó cuestionado al Mundial de Brasil 2014, pero respondió con atajadas clave y se consagró deteniendo dos penales en la definición; conocé la pasión por la pelota naranja del N° 1 de la Argentina
Pablo Hacker
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9 de julio de 2014  • 22:54

SAN PABLO.- "Es una alegría inmensa. Es suerte, en realidad", dice Sergio Romero con la tranquilidad que lo caracteriza a la hora de declarar, poco después de de atajar dos penales en la definición ante Holanda y darle a la Argentina el pasaporte a la final de un Mundial después de 24 años . "Tenía confianza, y gracias a Dios se me dio", agregó.

Romero, de 27 años, llegó cuestionado al Mundial por su falta de continuidad en Mónaco. Sin embargo, fue uno de los jugadores más destacados en la fase de grupos y respondió siempre bien de octavos en adelante. "Hice todo para llegar de la mejor manera a este Mundial. Nunca regalé nada. Me entrenaba mucho en el Mónaco y me desilusionaba cada vez que Ranieri (el DT) no me nombraba como titular. Esto es fútbol. Debo haber jugado 10 partidos en el año, pero gracias a Dios mis compañeros y todo el cuerpo técnico me dieron mucha fuerza y tranquilidad para cada partido", dice Chiquito, quien en su club es suplente de Danijel Subasic, croata, quien curiosamente va al banco en la Copa del Mundo en la selección de su país.

Con el partido de hoy, el arquero llegó a los 53 partidos en la selección y es el segundo con más presencias detrás del Pato Ubaldo Fillol (56), el hombre que dirigía a Racing cuando lo convocó por primera vez a Romero a entrenarse con la Primera. Con 11 encuentros en mundiales quedará ante Alemania a uno del record del Pato (13).

Sergio Romero debutó en la selección de la mano de Diego Maradona en 2009 en la derrota de la selección ante Paraguay por 1-0, en Asunción, por las eliminatorias 2010; desde entonces, se ganó el puesto y fue titular en Sudáfrica y ahora en Brasil

Romero nació en Bernardo de Yrigoyen, Misiones, una ciudad de 17.000 habitantes que limita con Brasil y donde se puede llegar a sintonizar más O Globo que los canales de TV argentinos. El miércoles ante Nigeria, en Porto Alegre, jugará cerca de su primer hogar. Es que Chiquito pasó allí su infancia y, a los 9 años, se mudó a Comodoro Rivadavia, Chubut, luego de que a su padre Ramón le dieran el retiro como gendarme y para que su mamá estuviera cerca de su propia madre. En la ciudad del viento, Sergio empezó a atajar como ya lo hacía Diego, su hermano mayor. Eran tiempos de admiración por el Mono Navarro Montoya.

Chiquito comenzó a jugar en la Comisión de Actividades Infantiles (CAI) y a la vez despuntaba el vicio por su otra pasión: el básquetbol, el cual practicaba en el colegio y deporte al que finalmente terminó jugando de manera profesional su hermano Diego, actualmente en Quilmes, de Mar del Plata y quien pasó por el básquet universitario de los Estados Unidos. En general, cuando puede, Romero se divierte con la pelota naranja como otros integrantes del plantel como Fernando Gago o Rodrigo Palacio. Pese a medir 1,91 metros, Sergio es el más bajo de sus cuatro hermanos.

En una gira de la CAI por Buenos Aires, Romero se enfrentó a Racing y allí le echaron el ojo y lo convocaron para una prueba. Quedó y llevó sus sueños del sur del país a Avellaneda. Vivía en la pensión y, cuando todavía era un adolescente de 16 años, el básquet tocó a su puerta para convertirlo en un profesional.

Por entonces, Enrique Tolcachier, hoy director deportivo de la Confederación Argentina de Básquetbol, era el técnico de Gimnasia y Esgrima de Comodoro Rivadavia en la temporada 2003/04 de la Liga Nacional y tenía buenas referencias de Chiquito. "Trabajábamos mucho en reclutamiento, buscábamos jóvenes por todo el país. Conocíamos a los Romero, porque Diego, el hermano, jugaba al básquetbol. Sabíamos que Sergio tenía buena talla y practicaba básquet en el colegio. Contaba con buenos informes de él. Entonces, convoqué a Ramón, su padre, a una reunión y le propuse que Sergio se incorporara a nuestro plantel de inferiores, pese a que sabía que estaba en Racing", le cuenta a canchallena.com Tolcachier, quien sabía que se trataba de un joven de buena contextura física y la idea era que profundizara sus conocimientos. "Queríamos intentar en un tiempo integrarlo al plantel profesional de Gimnasia", recuerda.

Romero estaba en Buenos Aires, en la pensión de la Academia, y no veía con malos ojos pegar la vuelta. "Estaba lejos de la familia y extrañaba. Mi viejo me comentó lo de Tolchachier y me hizo dudar. Le dije que volvía, pero él me aconsejó que lo pensara bien. Me insistía con que ya estaba en un club grande, que tenía futuro en el fútbol. Estuve dubitativo y al final me quedé", le contó Chiquito hace un tiempo al a Revista El Gráfico.

"Su padre nos agradeció el interés y que hayamos pensado en su hijo. Le preguntó a Sergio, quien prefirió apostar todo al fútbol. Empezó a atajar primero. Si lo captábamos antes, quizás hoy sería jugador de básquetbol", se ríe Tolcachier. Hoy, con sus manos, Chiquito le dio más valor a aquella apuesta para ser el guardián que la selección argentina necesitaba para meterse en la final de Brasil 2014.

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