Cinco de cinco: crónica de la derrota más festejada de la historia de River en la Bombonera

El festejo de Gallardo al final del partido
El festejo de Gallardo al final del partido Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
Ariel Ruya
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23 de octubre de 2019  • 08:09

Son las 2 de la mañana del miércoles 23 de octubre. Hay miles de hinchas de River, banderas, cánticos y emociones varias cuando se aproxima el ómnibus con los jugadores millonarios. Cantan, bailan, los unos y los otros. Algunos exhiben la mano del recuerdo eterno: tres dedos elevados de la derecha se ofrecen frente a la cámara. Risas, bocinazos, hasta un par de fuegos de artificio. Núñez es una fiesta interminable, una vez más. Cinco de cinco: en el ciclo de Marcelo Gallardo, hubo cinco definiciones exitosas frente a Boca, el rival de toda la vida, el que le hacía perder la compostura tiempo atrás. Se acabó, parece.

River viaja a otra final de Copa Libertadores, más allá de la derrota por 1 a 0 en la Bombonera, más allá del plan excesivamente cauteloso. Los jugadores saludan a los familiares, a los curiosos, a los que pasan. Tienen el día libre, para seguir recordando la travesía a una final internacional. Una más. Es el cierre de un puñado de horas agitadas, frenéticas. Se acaba otra noche histórica: empieza otro día para celebrar.

Es la crónica de la intimidad de la derrota más festejada de la historia de River. La más maravillosa caída frente a Boca en su casa, que lo instala en otra final, como en 2015, como en 2018, ambas con cierre de vuelta olímpica. Será por primera vez frente a un rival brasileño: Flamengo o Gremio, ahora, lo mismo da. Apenas se acaba la faena, los jugadores se reúnen en el centro del campo de juego, con la celebración plena y el "minuto de silencio para.", mientras Marcelo Gallardo grita, Matías Biscay pierde la compostura y el entrenador saluda con simpatía a los jueces de línea y cuestiona al árbitro, por un par de tiros libres para Boca, en teoría, dudosos.

El Muñeco, como pocas veces, está emocionado. "¡Sí, sí, sí!", exclama, al final de las escaleras rumbo al vestuario. Pero no solo está contento, es algo más. "Disculpen, no se enojen, pero quiero irme, para estar con los jugadores", les cuenta a los periodistas en la improvisada sala de prensa en el vestuario visitante, suerte de rectángulo de fútbol de salón. Deja un par de conceptos al lado de Pinola, se levanta y se va. Algunos cenan, otros cantan, otros bailan. Enzo Pérez, hincha visceral y número 5 cerebral, está desatado. "Los volvimos a c.", se canta, entre otras frases de mal gusto futbolero. Pérez es el primero que se abraza con Gallardo en el campo de juego. Un símbolo.

La frase tiene tres palabras y se repite, al menos, cuatro, cinco veces. "Estoy muy feliz", insiste Gallardo, a esta altura, tal vez, el más grande ídolo de River. "Tengo una felicidad que no me entra en el cuerpo", dice, poco después. Insiste en eso del corazón que se le sale. "Por los jugadores y los hinchas tengo esa felicidad que no me entra en el cuerpo de volver a dejar afuera a Boca y jugar una nueva final", reflexiona.

Deja un par de conceptos, más allá de la medianoche, mientras se escuchan canciones imposibles de describir con el sentido común. Llegan desde el vestuario. "Este River tiene un poco de todo. Reconocemos jugar en condiciones adversas como anoche, cuando no podíamos desarrollar nuestro fútbol y supimos sufrir, algo que hay que saber para llegar a una final de Libertadores. Pero la recompensa es haber jugado un gran partido en el Monumental y después Boca tiene un fuerte poderío aéreo y eso te complica, pero hay que sacarse el sombrero con este equipo que tiene hambre para seguir buscando otra final, que es algo que emociona. Por ahí no tomamos en cuenta la relevancia de llegar a otra final nuevamente y volver a dejar a Boca afuera. Ahora buscaremos un nuevo título", explica.

No se relaja ni cuando se emociona. "Mi cabeza está en lo que viene. Estoy muy feliz, muy contento. Muy, muy.", se levanta y se va, abrazado con Pinola. Pero podría haber sido un intruso: el Muñeco tenía ganas de abrazarse con el mundo.

"Simplifico esta clasificación en una sola palabra: personalidad", le pone la rúbrica Enzo Pérez, un símbolo de otra noche que River no olvidará jamás. La derrota que será recordada con una sonrisa. Enorme, una más, en sensacionales cinco años y medio.

Por: Ariel Ruya
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