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La picardía y el oficio, en su cuota justa, pueden generar resultados en cualquier profesión. En el fútbol, ambas virtudes se pueden observar desde la concentración y el entendimiento entre los compañeros a la hora de jugar hasta el tiro libre o córner más sencillos o (aparentemente) inofensivos. River todavía está en formación, más allá de que encontró en la conquista de la Recopa Sudamericana y el muy buen debut ante Banfield (4-1) un envión anímico más que necesario para todo equipo que pretende reinventarse. Marcelo Gallardo definió el sistema a utilizar, el 4-2-2-2, y también a los intérpretes. Pero mientras va delineando estilos y sincronizaciones de movimientos entre los que ya venían jugando y los nuevos, el equipo sorprende con un valor agregado: jugar rápido los tiros libres.
Así, le convirtió a Independiente Santa Fe en el arranque del partido, para destrabar el 0-0; y a Banfield, en la primera fecha del Torneo de Primera División, para quebrar el 1-1. En la foto final del gol de Driussi aparece el muy buen centro de Pity Martínez desde la izquierda; en el de Alario, otro centro del zurdo, el rechazo hacia adentro de Prósperi y el muy buen control y la definición del 9.

Pero si las tomas se amplían se notará que ambos tantos nacieron de tiros libres rápidamente ejecutados por River. En el de Driussi, un quite de Ponzio derivó en un contraataque vía Nacho Fernández y Alario; hubo doble falta sobre ellos y el árbitro peruano Víctor Carrillo cobró la de Pico sobre Fernández. Ponzio pidió la pelota para hacer el lanzamiento y el que la jugó rápido del centro hacia la izquierda fue Nacho hacia Casco; el lateral fue otra vez derribado por Pico (y el juez otorgó muy bien la ley de ventaja) y el balón siguió la apertura hacia fuera para Pity Martínez. Después sí, el final conocido: desborde, centro y gol de Driussi.
En el gol de Alario a Banfield, fue D’Alessandro quien jugó rápido el córner al ras para un Pity Martínez que arrancó libre sobre la línea de fondo y luego se corrió hacia adentro, a la altura del punto penal; recibe solo el córner corto entre medio de los dos marcadores del Taladro, mandó el centro que fue rechazado por Prósperi y… el final conocido: el control y la definición de Alario, explotando ambos gestos técnicos.
Más allá de que el nuevo River todavía está en formación, Gallardo va encontrando buenas noticias individuales y colectivas para apoyar su trabajo. Y a la técnica individual le agrega una sorpresa que le ayuda a ganar partidos.
cl/jt


