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La llegada de ese grupo de jugadores con vestimentas en las que colgaban trozos de pieles de leopardo despertaron un interés simpático por el aspecto exótico que proviene de una nación africana con poca tradición futbolística. Pero basta indagar muy brevemente la historia reciente de la selección de Congo para observarlos con un respeto que va más allá de lo deportivo.
El equipo, que debutará ante Portugal este miércoles, en Houston y por el Grupo K, llegó a los Estados Unidos hace unos días, pero atravesó por un sinfín de dificultades por culpa del rebrote de ébola ocurrido en su país este año. La peligrosidad de la enfermedad es tal que despertó la alerta de la Organización Mundial de la Salud y, por ende, alertó a las autoridades de los Estados Unidos, que impusieron cuarentena de 21 días para aquellas personas que hayan permanecido en territorio congoleño.
La medida se conoció cuando ya no había tiempo para realizar la cuarentena sin interrumpir los planes de preparación. Eso excluyó a un gran número de dirigentes y acompañantes del equipo y afectó a un jugador, Rocky Bushiri, defensor de Hibernian, de Escocia, que pasó por su país y ya no pudo reincorporarse al grupo. En su lugar fue convocado Aaron Tshibola, que también se desempeña en la Premiership escocesa, en Kilmarnock.
El brote de ébola conocido como Bundibugyo afectó el territorio congoleño y el ugandés. Lleva 135 muertes y 900 contagios. El epicentro de la epidemia se encuentra en Ituri, una provincia del noreste de Congo, una región fronteriza con Uganda y Sudán del Sur. Se trata de una zona rica en oro, por lo que se producen a diario intensos movimientos de población relacionados con la actividad minera.
La primera medida para evitar contagios o prohibiciones fue suspender la primera parte de la concentración, que iba a hacerse en territorio congoleño, en Kinshasa. Los futbolistas que se desempeñan en el exterior se concentraron directamente en Bélgica, con la metodología de burbuja.
Se suspendió, también, el amistoso que estaba previsto jugar en Cadiz, contra Chile. Sólo pudieron hacer un encuentro de preparación, contra Dinamarca. Un empate sin goles, en Lieja.
Pero hay un detalle más que puede resultar risueño, pero de gran peso para el equipo. Una cábala. Una que no podrá cumplirse. Su principal hincha, Michel Kuka Mboladinga, pero al que todos conocen como Lumumba, no podrá viajar al Mundial por no llegar a tiempo para cumplir la cuarentena. El hombre es conocido por disfrazarse y hacer de estatua. Su objetivo es permanecer inmóvil durante los 90 minutos del partido del seleccionado de Congo.

Pese a las dificultades, los congoleños no presentaron quejas en el arribo al territorio norteamericano como sí ocurrió con los seleccionados de Senegal o Uzbekistán, por el excesivo celo de la seguridad local. Apenas le tomaron la temperatura por un control por el ébola y rápidamente pudieron dirigirse a su concentración en Houston.
Congo debutará este miércoles ante Portugal, en el NRG Stadium de Houston. Luego viajará a México, para jugar con Colombia en Guadalajara (martes 23) y volverá a los Estados Unidos para el tercer encuentro, el sábado 27, ante Uzbekistán, en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta.
Cédric Bakambu, veterano atacante de Betis, de 35 años, fue el más buscado por la numerosa comunidad congoleña que vive en Houston y que se estima en unas 10.000 personas. Muchos niños nacidos estadounidenses acompañaron al equipo en los entrenamientos en un clima festivo por la participación mundialista.

Sin embargo, muchas familias lamentaron la imposibilidad de asistir a los encuentros, por el los valores prohibitivos de las entradas que impuso la FIFA.
Al equipo se lo conoce como Los Leopardos. No era casual la ropa y las valijas que portaban en la llegada a los Estados Unidos. La última vez que Congo participó en el Mundial fue en Alemania 1974. En aquella oportunidad perdió los tres partidos sin convertir goles: 0-2 con Escocia, 0-9 con Yugoslavia y 0-3 con Brasil. La particularidad es que por entonces aún tenía su anterior nombre, Zaire, impuesto por el dictador Mobutu Sese Seko. Tras la caída del líder que dirigió el país entre 1971 y 1997, la república recuperó su nombre original.
“Ha pasado tiempo desde que la gente vio al equipo en un Mundial. Ya tuvimos el honor de clasificarnos para la etapa final. Ahora, nos toca a nosotros hacer un buen papel en este torneo”, dijo el técnico francés Sebastien Desabre, a cargo del equipo que logró la última plaza clasificatoria para la Copa del Mundo 2026 luego de vencer en el repechaje a Jamaica por 1 a 0.


