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Chelsea le ganó a Brighton 4-3 este domingo, por la 2° fecha de la Premier League. Hubo varios focos de atracción, entre ellos la presentación de Dibu Martínez con muy buenas atajadas, más allá de los tres goles recibidos, el buen ingreso de Valentín Barco, que aunque disputó pocos minutos se nota que es un futbolista valorado por sus compañeros y el DT. La ausencia de Enzo Fernández, que está por definir su pase a Manchester City y... una decisión de Xabi Alonso que podía estar más ligada a otros tiempos, pero por lo visto es una herramienta que algunos entrenadores siguen teniendo a mano: la marca personal.
Las redes sociales mostraban ansiedad y... críticas: “Malo Gusto completó un pase en esa primera mitad. Me pregunto cuánto tiempo le da Alonso antes de que entren Caicedo/Reece...”, expresaba un simpatizante. “Malo Gusto es quizá la selección más extraña”, decía otro: “Malo Gusto no logró registrar un pase largo exitoso y preciso (0/2) ni un centro preciso (0/3) para el Chelsea contra el Brighton”. Desde la estadística, había algo de certeza: Malo Gusto aportó apenas 12 pases y acertó el 50% de ellos. Para el partidazo que jugaron, pareció que hizo poco, pero...

¿Y si el DT le pidió otra cosa a Malo Gusto? Hace unas semanas, PSG pensó seriamente en pagar 75 millones de dólares por su pase; Manchester City lo mantiene como plan alternativo si no consigue contratar a Enzo Fernández. Pero este lateral derecho francés, que también puede ser carrilero y ha jugado por la banda izquierda, sorprendió este domingo actuando como volante central en un esquema 3-4-2-1 de Xabi Alonso, como doble 5 de Romeo Lavia, autor del 1-0. Y recibió una orden clara: “Ocupate de Malick Yalcouyé”. El mediocampista ofensivo marfileño de 20 años, gambeteador y escurridizo, podía ser una seria amenaza para Chelsea. Y ahí fue Malo Gusto, como buen ‘soldado’, tratando de poner los intereses colectivos por encima de sus deseos más ofensivos. Y empezó a seguir al 35 de Brighton.
Ya no hay marcas tan estrictas como la que pudieron hacerle a Maradona o, más acá en el tiempo, a Messi. La aparición del VAR reduce la posibilidad de que un futbolista destinado a esa obstrucción ofensiva rival quede fuera del radar de las tarjetas. Lo de Malo Gusto no fue una persecución al 100% por todo el campo de juego, pero llegó hasta un 85-90%, llegando a presionar alto y yendolo a tomar como un 10 o terminando como lateral izquierdo en la búsqueda por marcarlo.
Malo Gusto estuvo muy atento a la marca del Yalcouyé, pero cuando quedaba descolgado (por ejemplo) volvía a su posición de doble 5. No esperaba a emparejarlo, ya era problema de los zagueros centrales. Pero Yalcouyé preferentemente se movió cerca suyo, lo cual hizo que el duelo táctico sea más que interesante. Lejos de las patadas que le ofrecieron en su momento a Maradona y Messi en ejemplos que se recordarán a continuación, Malo Gusto no cometió una sola infracción. El estilo Premier League condiciona favorablemente a la mayoría, pero lo bueno fue que el lateral francés reconvertido al menos durante este partido en mediocampista central jugó con intensidad, un gran ida y vuelta y agresividad defensiva, pero sin necesidad de cometer una sola falta.
En un par de persecuciones perdió, pero la mayoría ganó bloqueando a Yalcouyé con inteligencia o, al menos garantizaba que los compañeros de Brighton no lo busquen al 35, que intenten la continuidad de la jugada para otro lado.
Y a los 34 minutos minutos del primer tiempo, lo curioso: el descuento de Yalcouyé, con una gran jugada y mejor definición para poner a Brighton 1-3, ubicarlo otra vez “en partido”. Ese gol nació de un córner a favor de Chelsea ejecutado por... Malo Gusto. El francés, lejos de confiarse en todos los demás compañeros, y pensando que el partido seguía 0-0, empezó a correr ante el rechazo de la defensa rival para volver a su campo. La jugada siguió con un lateral que Brighton lanzó rápido y empezó la corrida de Yalcouré, que terminó acelerando. Malo Gusto, con otra gran corrida, logró seguirlo de cerca, pero... cometió el pecado de frenarse cuando Yalcouré le dio el pase a Charalampos Kostoulas. La jugada tuvo continuidad para los demás porque Dibu Martínez respondió con el achique y, ¿a quién le quedó el rebote? a Yalcouré, que de volea metió la pelota junto al palo derecho del arquero agentino. “Las jugadas no terminan hasta que terminan”, solía decirles Carlos Bianchi a sus jugadores. Malo Gusto, que igual hizo un gran esfuerzo corriendo desde el banderín del córner contrario hasta el punto penal, dio una pequeña ventaja (mínima) pero decisiva en esa carrera descomunal, suficiente para que “su” marca convierta el descuento.
La otra chance de riesgo que generó Yalcouré, con un pase filtrado, terminó en el 2-3, el segundo descuento de Brighton, con el gol en contra de Pedro tras el remate de Pascal Gross. Dos participaciones del marfileño, dos goles. Pero la segunda fue a la salida de un córner: ahí Malo Gusto tenía otra misión individual, tomar la marca de Luka Vušković (1m93), lo que hacía en cada pelota parada. Tampoco se le puede marcar una responsabilidad ahí.

Malo Gusto no ofreció, en el ataque, lo que la vista de sus hinchas esperaban, por más que lo suyo no fue limitarse a marcar: eso sí, más de una vez seguía teniendo de cerca en la mira a Yalcouyé aunque Chelsea estuviera en posesión de la pelota. Pero cumplió un rol que Xabi Alonso entendió clave en la batalla táctica contra un equipo que en la primera fecha le había hecho ¡cuatro goles en 23 minutos! a Aston Villa. Lo otro, utilizar el recurso de la marca personal o pensar en otra alternativa, es cuestión de... gustos.
El 30 de mayo de 2015, por la final de la Copa del Rey, Mikel Balenziaga, lateral izquierdo del Athletic de Bilbao, tuvo la responsabilidad de perseguir a Messi. Donde fuera, Balenziaga lo seguía. Hubo veces en las que el 10 de Barcelona cambió de banda, y el lateral zurdo de toda la vida se reconvirtió en diestro. En esos momentos el Athletic jugaba con dos hombres en la misma posición. Messi hizo dos goles para el triunfo 3-1 contra el equipo dirigido por Ernesto Valverde. “Me preguntaban si Messi es imparable. Si no es imparable, pues casi”, reconoció quien sería su futuro DT, tras el partido.
Messi estaba con cara de pocos amigos y, fastidioso, pareció insultarlo un par de veces a Balenziaga. El plan funcionó hasta el minuto 19. Hasta que Messi transformó ese enojo en energía: recibió como wing derecho, gambeteó a cinco jugadores en esas corridas típicas que hacía de derecha al centro y convirtió un golazo. Al primer jugador que se le escapó fue a Balenziaga y lo hizo por duplicado, porque el lateral logró retroceder y volvió a intentar frenarlo. El segundo gol de Messi fue anticipando en posición de 9, dejando a su marca personal lejos.
“El plan era que yo estuviera encima de él durante todo el juego y, a pesar de estar marcado por el hombre, demostró que era un jugador especial, y que cuando está en él, es imparable. Hicimos todo lo posible, pero fue simplemente imposible”, reconoció Balenziaga luego, que vio la tarjeta amarilla a los 12 minutos del segundo tiempo por reiteración de faltas.
La primera referencia sobre marcas personales que surge es la que le aplicó Luis Reyna a Diego Maradona el 23 de junio de 1985 en la Argentina vs. Perú, en Lima, por las eliminatorias camino al Mundial de México 86. Luis Reyna siguió a Maradona para todos lados. El volante lo molestó, le hizo faltas, logró fastidiar al “distinto” porque funcionó como una especie de estampilla durante todo el partido. Ganó Perú 1-0.
“Tuve que hacer el trabajo sucio. Roberto Chale me encargó esa misión porque mi estilo se prestaba para eso. Cada vez que el árbitro giraba, yo agarraba a Diego, lo tomaba de la cintura para frenarlo. Fui fastidioso, pero no me gustó hacerlo”, reconocería varios años más tarde Reyna sobre esos partidos.

Una semana después repitió la estrategia en el Monumental, en el 2-2 que clasificó al equipo de Carlos Bilardo al Mundial. Hubo una gran jugada de Maradona como wing izquierdo (escapando a Reyna) en la jugada del primer gol de Pasculli. El dato diferencial, en el caso de Reyna, es que lo siguió a sol y a sombra incluso cuando Perú tenía la pelota. Hoy algo así sí sería imposible de ver.
Otra marca histórica que recibió Maradona fue la del italiano Claudio Gentile, en el Mundial de España 82, en el que Italia venció a la Argentina 2-1. El 29 de junio le hizo 23 faltas para frenar a Maradona, algunas de ellas desleales, con patadas o codazos directos de agresión. La estadística de Gentile superó toda marca de fair play. En ese Mundial, Gentile aplicó la misma estrategia ante Zico (Brasil) y Lato (Polonia). Maradona se quejó después del partido y el italiano dijo: “El fútbol no es para bailarines”.
Gentile reconoció tiempo después que hoy no podría hacer una cosa así, los árbitros actuales, la influencia de la TV y el contexto de la evolución del fútbol no se lo permitirían: “Estuve viendo vídeos los dos días antes del partido para ver cómo tenía que marcar a Maradona. No podía permitir que Maradona se diera la vuelta, que tuviera el balón de frente a nuestro arco. Lo hizo una vez y no pude pararlo. Evitar el desequilibrio de Maradona era el principio de la victoria de Italia. Sé que hoy no podría repetir el marcaje que le hice. Yo era inteligente. Ahora se marca por zona, antes marcabas el territorio que no es lo mismo. Seguías al hombre. La misión de años atrás era que el rival no se moviera”, declaró Gentile en 2011. El motivo era claro para él: “Utilicé todas mis armas dentro del límite. Ahora todo es examinado con detalle y la televisión va en contra de los defensores”. Son apenas un par de ejemplos de los varios que sufrió Maradona en su carrera.
Malo Gusto, cumpliendo con la función sin cometer una sola infracción, abrió un nuevo capítulo en el libro de las marcas personales.


