El día después de la hazaña: Bosnia y Herzegovina, un equipo que postergó las heridas de la guerra
Tras eliminar a Italia, la nación balcánica amaneció entre el desahogo social y la emoción; “no iremos al Mundial como turistas”, advierten
10 minutos de lectura'

Bosnia y Herzegovina amaneció este miércoles con la marca física de una noche larguísima y felicidad compartida. La clasificación para el Mundial, conseguida al eliminar por penales a Italia, no solo abrió una celebración deportiva: también habilitó, al menos por un día, una tregua emocional en un país acostumbrado a convivir con sus tensiones políticas, sus fracturas y una memoria todavía fresca de la guerra. Doce años después de su única participación en una Copa del Mundo, el seleccionado volvió a meterse en la escena mayor.
Las imágenes de un festejo que se extendió hasta la madrugada dejaron una postal contundente, especialmente cuando el plantel salió al balcón para celebraron con hinchas. Hubo bengalas, bocinazos, caravanas, banderas y plazas llenas en Sarajevo y otras ciudades. El desahogo colectivo se palpaba en los videos y en los testimonios. “Estamos encantados”, dijo a Reuters Ida Pacarez-Kadric, una dentista de 38 años de Sarajevo. “Esto no ocurre muy a menudo, y en medio del mar de acontecimientos tristes y problemas que afronta este país, esto es una luz que nos traerá mucha alegría y energía”.
Otro hincha, Senad, vendedor de autos de 26 años, resumió el ánimo del momento con una frase más directa: “Esto es lo que necesitábamos. Ellos son los únicos que han traído algo de felicidad a este país: nuestros chicos, nuestra esperanza para el futuro”.
“¡Qué noche!"
WHAT A NIGHT!🇧🇦 pic.twitter.com/mxGCcO5AWG
— Bosnian Football (@BosniaNTBall) April 1, 2026
Ese pulso social le da otra dimensión al triunfo. Bosnia y Herzegovina no avanzó al Mundial solo por haber resistido una final de repechaje áspera, en la que empezó perdiendo, empató y derivó en un alargue y los penales, en los que ejecutó mejor que los azzurri. Lo que aparece en estas horas es el valor simbólico de una selección que, por un rato, consiguió unir a una sociedad que suele leerse desde la fragmentación. No se trata de exagerar el peso del fútbol, pero sí de registrar que en el centro de Sarajevo, en las rutas y en las ciudades del interior el seleccionado funcionó como una referencia común, una de esas pocas cosas capaces de reunir emoción, pertenencia y orgullo en un mismo relato.
La conferencia de prensa postpartido terminó de consolidar esa idea. Sergej Barbarez, el entrenador que quedó en el centro de la escena después de una clasificación que pocos imaginaban, habló en un tono tan íntimo como inusual. “Estoy feliz, muy satisfecho, demasiado emocionado. Primero quisiera agradecerles a mis muchachos, a mis luchadores, a mis hijos... Ya no sé cómo llamarlos. Se lo digo todos los días: que los adoro y los quiero justamente por esos caracteres”, expresó conmovido. “A veces no es sencillo conmigo, sobre todo con Zlaja [el entrenador asistente], pero ellos llevaron esto adelante, hicieron el trabajo y aceptaron cada idea y cada forma de conducir este equipo”, reconoció a sus dirigidos.

Y añadió: “Estoy realmente orgulloso. Siempre les digo que estoy orgulloso de ser su entrenador. Muchas gracias, una vez más, por dejarme ser su entrenador, su seleccionador, y por permitirme seguir mucho tiempo con ustedes”.
Después explicó una escena que ayudó a entender el tono emocional de estas horas. Barbarez había llorado en Cardiff, tras la serie ante Gales, en la que los balcánicos también habían avanzado por penales y que abrió el camino en el repechaje. Se había fundido en un abrazo con sus hijos en el campo de juego. Aquella imagen, que recorrió Bosnia y Herzegovina, marcó un punto de inflexión en el vínculo entre el equipo y su entorno. Este miércoles volvió a ese momento con sus hijos: “Ellos tienen la culpa de que yo haya llorado, porque no me vivieron en mi carrera; quizás el mayor un poco, pero el menor, nada, y para ellos ahora es un orgullo especial vivirme en este papel. Y su amor por este país se volvió enorme. Eso me hace feliz. Por eso fueron lágrimas de alegría”, contó.
El llanto del DT Barabarez con sus hijos
Coach Sergej Barbarez crying after the match sharing the moment with his sons. Whatever happens you will always be our LEGENDARY CAPTAIN! 🇧🇦 pic.twitter.com/39gZLZ0tlr
— Bosnian Football (@BosniaNTBall) March 26, 2026
La escena más distendida llegó antes de que terminara la conferencia. Mientras el entrenador bosnio respondía preguntas, los jugadores irrumpieron en la sala, lo rodearon, lo empaparon con agua y saltaron sobre la mesa al ritmo de la canción “soy de Bosnia, llevame a Estados Unidos”, convertida en un himno no oficial de la clasificación. La interrupción, celebrada entre risas y aplausos, expuso otra cara del equipo: la de un grupo que, más allá del resultado, se reconoce en una identidad compartida y en un vínculo que trasciende lo estrictamente futbolístico.
Más tarde, al proyectar lo que viene, Barbarez dejó otra frase potente de la jornada: “Espero solo ese 12 de junio, para que suene nuestro himno. Ese es el sueño de mi vida”. No pudo seguir. Frenó y lloró otra vez. Y cerró con este emotivo mensaje a los fanáticos: “La sinceridad es el único camino, porque podemos hacerlo solo juntos, no individualmente ni unos contra otros“.
Los futbolistas empapan al entrenador en el festejo
Jubilant scenes for Bosnia and Herzegovina after qualifying for the World Cup 🎉 pic.twitter.com/r6Iz848ffs
— Sky Sports Football (@SkyFootball) April 1, 2026
En ese registro aparece una parte importante de la explicación. Bosnia y Herzegovina no construyó este regreso únicamente desde la táctica o desde una serie favorable. También lo hizo desde una narrativa interna, desde una idea de grupo y desde una conducción que encontró legitimidad en el proceso. En medios bosnios, en los que durante mucho tiempo hubo desconfianza hacia Barbarez por su escasa experiencia como entrenador –no había dirigido antes de asumir, en 2024–, la clasificación produjo un giro notorio. “A este hombre le debemos una disculpa”, escribió el periodista Danijal Hadzovic en el sitio Dnevni Avaz. El eje de ese cambio está menos en el resultado aislado que en la forma: Bosnia y Herzegovina es un equipo que no se cae cuando empieza perdiendo.
Esa convicción, no mostrada en otros ciclos, es un rasgo que apareció primero frente a Gales y se repitió contra Italia. Bosnia quedó otra vez en desventaja, volvió a conseguir el empate y luego resolvió la tanda de penales con una seguridad impropia de un conjunto señalado muchas veces por su fragilidad. En esa secuencia, dejó la sensación de haber cambiado su relación con los momentos críticos. Ya no parece un seleccionado condenado a rozar el objetivo y quedarse corto. Esta vez atravesó el umbral.
En el barrio Grbavica, de Sarajevo, todavía son visibles las marcas de la guerra. Un mural recuerda a Ivica Osim, símbolo del fútbol yugoslavo que renunció en 1992 en medio del conflicto. Más de treinta años después, la ciudad conserva esas huellas y explica por qué una clasificación para el Mundial excede lo deportivo. Edin Džeko, hoy capitán, creció en ese contexto. “Para mí no era posible jugar en la calle como otros chicos. Pero cuando terminó la guerra, era mucho más fuerte mentalmente”, recordó alguna vez. Esa historia personal, que atraviesa a buena parte del país, ayuda a entender la dimensión de lo que ocurrió.
En ese cuadro, Džeko conserva un lugar central. No solo por su peso histórico, sino también porque el capitán sigue siendo la cara reconocible de la selección, en su regreso al Mundial. La noche contra Italia tuvo para él un componente casi novelesco: terminó lesionado y no pudo patear en la definición. “Pasó todo eso, pero tengo la sensación de que era el destino: que ocurriera en el último segundo, que no pudiera patear el penal y que otro pateara en mi lugar. ¿Quién sabe? Quizás si hubiera pateado yo, no habría convertido”, dijo en una rueda de prensa.
Luego agregó la noticia que el país esperaba con miras al Mundial: “Espero estar de vuelta y listo para jugar dentro de un mes y medio”. En una selección que mezcla juventud, oficio y nombres dispersos por distintos mercados europeos, Džeko mantiene el peso del símbolo. Su figura organiza el relato entre la Bosnia que supo llegar a Brasil 2014, que quedó fuera en la fase de grupos que compartió con la Argentina, y esta versión que escribe una segunda historia.
El plantel permite dimensionar la sorpresa. A diferencia de potencias europeas, Bosnia y Herzegovina no construye desde una base homogénea en clubes de la elite. Entre los titulares de la final contra Italia aparecieron futbolistas repartidos entre ligas de distintos niveles y procedencias diversas. En la formación inicial se reconoce nombres como los del experimentado Sead Kolasinac, de Atalanta; Taril Muharemovic, de Sassuolo, e Ivan Basic, que milita en Astana, de Kazajistán. Esa dispersión confirma que el valor de Bosnia, al menos en este tramo, no estuvo en una suma de estrellas sino en una organización capaz de dar sentido a trayectorias distintas.
En ese marco entran varios jóvenes que se afirmaron durante la clasificación y que hoy aparecen como parte del recambio: Esmir Bajraktarevic (21 años), Amar Dedić (23) y Tarik Muharemović (23), entre otros, dejaron de ser promesas y se instalaron como piezas valiosas del equipo.

Este hito convive con otra singularidad: el fútbol bosnio se apoya en una estructura doméstica reducida. La Liga Premier de Bosnia y Herzegovina, creada en el año 2000 tras la fragmentación que dejó la guerra y luego ampliada con la integración de los clubes de la República Srpska, conocida también como “Serbia de Bosnia”, tiene apenas diez equipos. Se juega a cuatro ruedas, con 36 fechas en total, y funciona como un campeonato escaso en cantidad de participantes pero intenso por repetición de cruces. Bosnia y Herzegovina llega a la Copa del Mundo desde una base competitiva mucho más pequeña que las de otros seleccionados europeos, y eso vuelve aun más llamativa su irrupción.
Luego de la clasificación, Vico Zeljković, el presidente de la federación, fijó una línea de ambición que procura correr al equipo de cualquier papel decorativo. “No iremos al Mundial como turistas: intentaremos pasar la fase de grupos”, dijo. Además, señaló que el proyecto apunta también a lograr la primera clasificación para la Eurocopa. En ese tono de planificación, anticipó que la selección jugará un amistoso en el estadio Koševo, de Sarajevo, justo antes de viajar a América del Norte, y otro ya en suelo estadounidense.
El antecedente de Brasil 2014 funciona como referencia inevitable, pero no como molde. Aquel equipo tenía nombres de más brillo individual y una generación que cargaba otro tipo de expectativas. Esta versión parece apoyarse menos en el talento suelto y más en una identidad. Barbarez lo expresó en la emoción; Džeko, en el “destino”; la gente, en el alivio. Entre todos construyeron la idea de que Bosnia y Herzegovina llega al Mundial no solo después de eliminar a Italia, sino también después de encontrarse a sí misma en el trayecto.
En el día después, ese quizá sea el dato principal. La nación no amaneció solo con una clasificación histórica: amaneció con un equipo al que reconoce como propio. Y en países que arrastran heridas, divisiones y desconfianzas, a veces ese reconocimiento vale tanto como el resultado.
Otras noticias de Eliminatorias europeas
Clima de luto. La frustración de toda una generación: así amaneció Italia después de una nueva noche negra que la dejó sin Mundial
Repechajes al Mundial 2026. Con Bosnia y Herzegovina, República Checa y Turquía, los países anfitriones completaron sus grupos
El gigante hundido. Las razones de otro sonoro fracaso de Italia, obligada a ver otro Mundial por TV
- 1
Japón sacudió Wembley con un golazo de Kaoru Mitoma y llenó de interrogantes a Inglaterra que se fue abucheada
- 2
Italia y las razones de su tercera ausencia consecutiva en un Mundial: otro sonoro fracaso
3Boca Juniors vs. Talleres, por el Torneo Apertura 2026: día, horario, TV y cómo ver online
4Argentina goleó a Zambia en una noche de distensión como para despejar dudas y afinar la lista para el Mundial






