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Es fácil adivinar con qué ánimo terminó Racing la noche después de haber tenido tanto y perderlo casi todo. Ganar 3-0 y terminar 3-3 siempre se siente como una derrota y no sirven de consuelo argumentos que consideren que el rival era el campeón y que se jugaba como visitante, por ejemplo. Pero cuando la gente de la Academia se calme podrá aceptar que el equipo, al menos durante buena parte de una noche vibrante, mostró progresos futbolísticos alentadores. A Lanús, la cuenta de partidos sin ganar le subió a siete, pero se comprendería si sus hinchas sienten lo de anoche como un triunfo.
Si los nuevos procesos técnicos suelen implicar una transformación futbolística, Racing pareció concretarla rotundamente en una primera parte que fue lo mejor que se le vio en muchísimo tiempo. En el partido con Arsenal ya se había visto una actitud positiva desde la entrega. Anoche, Racing agregó algo indispensable: fútbol. Como para suponer que su ausencia por tanto tiempo se debió a una enorme falta de confianza.
Desde la mitad de cancha hacia adelante casi todo le funcionó bien. Correcto Bastía en la contención, positivo Chatruc por la derecha y con muy buena continuidad en el ataque. Avalos no es un jugador muy dotado en lo técnico, pero compensa eso con una voluntad admirable. Y Maxi Moralez, a una recuperación en el juego le agregó capacidad de gol. Además, en el fondo el equipo estaba bien cubierto, especialmente en el centro de su defensa. Lanús, desconocido, confirmaba la pobre imagen que viene mostrando en el Clausura, muy lejana de la que lo llevó al título, y sufría al ver engrosar su lista de lesionados con Acosta y Quintana.
Inspirado, Racing lo castigó a repetición: primero, Moralez tomó un rebote en un poste de un bombazo de Bastía; después, una desafortunada acción de Faccioli volvió a vencer a Bossio, y en el final otra vez Moralez remató una jugada que fue de derecha a izquierda (era casi utópico verle a la Academia una maniobra así en los últimos tiempos). Si la etapa no fue perfecta para Racing se debió al error final de su arquero, Hilario Navarro, que derivó en el descuento de Sand.
No quedó en anécdota esa equivocación, porque cambió el partido. El gol le dio a Lanús el ánimo que no tenía, y en el segundo tiempo el campeón salió con todo. Ganó algo de juego con el ingreso de Valeri y rápidamente se puso a tiro en el marcador con el gol de Sand, que en posición adelantada tomó un rechazo de Navarro. Ya Racing se parecía al de siempre: regresaron sus miedos y se le evaporó el vuelo del comienzo. Perdió a Moralez, golpeado, pero con réplicas también tuvo chances para tomar más ventaja; las frustró Bossio, impecable dos veces, ante Avalos y Navia. Y Zuculini estrelló un cañonazo en el travesaño. Pero Racing tiene el sufrimiento escrito en la frente y no pudo aguantar hasta el final: Navarro dejó corto otro rechazo y Ramírez, sobre la hora, puso el 3-3. Como partido, vibrante. Pero Racing preferiría otro tipo de emociones.
En el primer tiempo salieron tres jugadores por lesiones: Lautaro Acosta y Carlos Quintana, en Lanús, y Facundo Sava, en Racing.
La última vez que Racing había anotado tres goles en un cotejo había sido en la fecha 16 del último Apertura, en un 3-1 a Gimnasia LP.
Antes del segundo tiempo hubo un minuto de silencio; anteayer murió Salvador Calvente, zaguero de Lanús en los años 40. Tenía 86 años.


