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Lo que en el entretiempo eran gritos de confianza entre los jugadores de Boca por la lógica de irse en ventaja al descanso, apenas concluido el partido se transformó en una sensación general de amargura que dejó con el corazón caliente a todo el equipo, desde el plantel completo hasta la totalidad del cuerpo técnico. A pesar de su crítica realidad, Independiente se dio un gusto: empatar y con el plus de haber remontado la desventaja tres veces. El 3 a 3 definitivo debe considerarse un inmejorable arranque emotivo entre ambos en la zona preliminar argentina de la Copa Sudamericana. El desquite se jugará el 29 de este mes en la cancha de los Rojos, que tienen una ventaja importante en cuanto a los goles de visitante, pues les bastará con empatar hasta 2-2 para clasificarse a la próxima etapa.
Casi como una continuación del 5-4 del último Clausura, el partido no dio respiro. Los xeneizes, con Sánchez Miño como estandarte y autor de un golazo de tiro libre, desde los goles de Silva y Somoza sembraron la preocupación en una endeble última línea visitante. La búsqueda, el aprovechamiento de los espacios y los cambios de frente se convirtieron en los pilares de Boca para paralizar las intenciones de Independiente en buena parte del partido. Pero las virtudes de Boca estuvieron tan a la vista como sus errores, que fueron determinantes: Schiavi se dejó anticipar por Santana en el 1-1, a D'Angelo se le escapó la pelota dos veces en el 2-2 que materializó Rosales y Clemente Rodríguez cometió un claro penal sobre Leguizamón antes del 3-3 decretado por Ernesto Farías.
Entre las distintas y cambiantes sensaciones que provocó el partido es imprescindible rescatar la convicción de los jugadores de Independiente para recomponerse e igualar un partido que se había complicado más de la cuenta. Hubo tiempo para otra buena acción de Farías, que remató al travesaño y luego, en el último minuto, Clemente Rodríguez le cometió el penal a Leguizamón. El Tecla se tuvo confianza, pidió el balón y, en un segundo intento por la invasión de los jugadores de Boca, remató esquinado frente a D'Angelo para el 3-3 definitivo, en otro clásico con una alta carga de emotividad, que promete más emociones en un desquite a todo o nada.
15 son los goles acumulados en los últimos dos partidos entre los xeneizes y los rojos; el anterior fue el 5-4 del 11 de marzo pasado, por el clausura.
Sabella estuvo en la cancha
El técnico del seleccionado, Alejandro Sabella, estuvo en la Bombonera para seguir, entre otros, a Juan Sánchez Miño, a quien viene observando desde hace tiempo. El juvenil tuvo una actuación destacada y además marcó un golazo de tiro libre.



