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El conflicto entre Julián Alvarez y Atlético de Madrid tiene hoy tres posiciones difíciles de conciliar. El delantero quiere dar por terminado su ciclo en España y jugar en Barcelona; el club madrileño sostiene que no tiene necesidad de venderlo y mucho menos de reforzar a un rival directo; y el club catalán, interesado desde hace meses, espera que sea el propio futbolista quien fuerce una salida que hoy no puede pagar en los términos que pretenden en Madrid. Con versiones cruzadas sobre lo que se habló y lo que se prometió, y una relación que se desgastó con el paso del tiempo, el caso entró en su semana decisiva.
La historia, de todos modos, empezó mucho antes. Algunos marcan el inicio del cortocircuito el 21 de septiembre de 2025, hace casi un año, cuando Diego Simeone sacó a Julián Alvarez en un partido ante Mallorca, por la quinta fecha de La Liga, a los 17 minutos del segundo tiempo, y puso a Alexander Sørloth. Cuando llegó al banco, Julián, que había fallado un penal y había sido reemplazado en cuatro de los primeros cinco partidos, dejó ver su fastidio y las cámaras lo captaron diciendo “siempre a mí”. Otros apuntan a marzo de este año, cuando, antes de marcar tres goles entre la ida y la vuelta ante Tottenham por los octavos de final de la Champions League, le comunicó a la dirigencia que su idea era dejar la institución al finalizar la temporada.

Pero lo cierto es que todo terminó de explotar durante el Mundial, cuando hizo público su deseo de salir de Atlético de Madrid para pasar a Barcelona, y el club, molesto por la manera en que había planteado su salida, endureció su postura hasta prácticamente declararlo intransferible. A partir de ahí, todo se volvió cuesta arriba para Julián: sus propios hinchas lo reprobaron, Atlético endureció todavía más su posición y, para colmo, este miércoles el delantero se ausentó de la práctica por problemas de salud. A seis días del cierre del mercado en Europa, no se ven señales de una salida que deje conformes a todas las partes.
Cuesta entender en el berenjenal que se metió Julián, un chico que a lo largo de su carrera mostró una conducta ejemplar, dentro y fuera de la cancha, pero que evidentemente no supo manejar una situación que fue volviéndose cada vez más tensa hasta volverse insostenible. Para quienes no siguieron el tema de cerca, el conflicto de fondo es simple: Julián, que llegó a Atlético de Madrid en agosto de 2024, procedente de Manchester City, donde no había logrado el protagonismo que buscaba, pidió salir en este mercado, con Barcelona como principal interesado. Sin embargo, el Aleti, que había invertido 75 millones de euros fijos más otros 20 en variables para incorporarlo, lo había convertido en el segundo refuerzo más caro de su historia y le firmó un contrato hasta junio de 2030, con un salario superior al que percibía en la Premier, decidió sostenerlo en el plantel. A la vuelta del Mundial, el problema tomó otra dimensión.
Cerca del punta, que disimuló poco su malestar desde el regreso de Estados Unidos, -sobre todo durante el partido con Villarreal, antes, durante y después de su ingreso en el segundo tiempo-, cuentan que fue el club el que faltó a su palabra. Que cuando Julián comunicó su deseo de emigrar, en Atlético no fueron tan tajantes con retenerlo, ya que tampoco atravesaba su mejor momento, y le pusieron dos condiciones para dejarlo ir: que llegara una oferta convincente y que fuera él mismo quien dijera públicamente que quería marcharse, porque el club no quería asumir el costo político de desprenderse de su principal figura.

Después de eso, Julián mantuvo su buen nivel hasta las semifinales de la Champions e incluso jugó infiltrado la revancha contra Arsenal, poniendo en riesgo su presencia en la Copa del Mundo. Llegó tocado al torneo y recién pudo empezar a jugar con regularidad a partir de la segunda mitad.
El 22 de junio, después del triunfo sobre Austria, cuando la situación en España ya empezaba a levantar cada vez más temperatura, Julián dijo: “No es momento para hablar de esto, pero tampoco me puedo esconder. Hablé con la gente que tenía que hablar y lo mejor para todos es una transferencia. Quiero cumplir mi sueño”, deslizó, dejando en claro que ese anhelo era jugar en Barcelona.
El punto es que, según consideran en Atlético, Julián debía haber blanqueado esa decisión una vez que existiera un acuerdo por su venta y no en plena negociación. A partir de ahí, la relación se rompió: dos días antes de la final contra España, Atlético de Madrid difundió un comunicado en el que rechazó la oferta de 100 millones de euros de Barcelona y se plantó en que solo dejaría salir al delantero si el futbolista -con dinero del club catalán- ejecutaba la cláusula de rescisión, fijada en 500 millones de euros.

El club colchonero siente que durante los últimos años dio pasos para elevar su estatus y achicar la brecha con Real Madrid y Barcelona. Desde esa lógica, entendió que no tenía por qué desprenderse de su jugador franquicia para reforzar a un rival directo, especialmente cuando no existía ninguna deuda contractual ni económica con Julián.
La institución sostiene también que Barcelona nunca puso sobre la mesa una propuesta conveniente. Atlético pretendía por Julián entre 120 y 150 millones de euros, con una parte importante del dinero al contado, algo que el club catalán no estaba en condiciones de asumir. A partir de ahí, en Madrid interpretaron que Barcelona iba a “jugar” con el deseo del futbolista y en las gestiones de su representante, Fernando Hidalgo, para intentar forzar una transferencia.
“Es nuestra estrella y nadie nos puede decir cuándo, cómo ni a qué equipo venderlo”, es la sensación que transmiten puertas adentro. Esa posición, además, se reforzó con el cambio de control accionario y la llegada del Grupo Apollo, que posee el 65% del club. Entienden que ya no son aquel equipo de hace una década al que podían imponerle las condiciones de una transferencia.

En el medio quedó Diego Simeone, en una posición cada vez más incómoda. Fue él quien pidió a Julián dos años atrás, quien insistió para que Atlético hiciera una inversión enorme por un futbolista que entonces no era titular en Manchester City y quien lo respaldó durante los momentos de menor rendimiento. Nunca contempló durante la pretemporada la posibilidad de buscar otro centrodelantero porque siempre contó con él como una de las piezas más importantes de su equipo.
También lo defendió públicamente. Pidió paciencia cuando pasó varios partidos sin convertir, y lo respaldó cada vez que le preguntaron por él. En el club, sin embargo, admiten que Simeone cometió un error después del partido con Málaga, cuando una frase suya terminó dando más argumentos a los hinchas para cuestionarlo. “Dio munición innecesaria”, reconocen. Por eso, antes del encuentro con Villarreal, el Cholo buscó despegarse de cualquier ataque personal contra el futbolista.
De ahora en adelante, su intención es mantenerse al margen de una discusión que siente como ajena. Para Simeone, el conflicto es entre el club y Julián. Su margen de acción pasa por otro lado: ayudarlo desde lo deportivo, cuidarlo en el vestuario, en los entrenamientos y durante los partidos y tratar de armar el mejor equipo posible mientras el club y el jugador intentan resolver el caso.

Contra Villarreal, de hecho, Julián comenzó como suplente porque Simeone prácticamente no tenía alternativas ofensivas y terminó recurriendo a él por las necesidades del partido. En su entorno aseguran que, si Atlético hubiera estado en ventaja, probablemente ni siquiera lo habría hecho ingresar.
Tampoco fue decisión del entrenador que Julián no se acercara a saludar a los hinchas después del partido. Simeone ni siquiera conocía la medida y se enteró en el camino desde el vestuario hacia la conferencia de prensa, cuando el club se la comunicó. Según explicaron luego desde Atlético, la intención había sido evitar un escenario todavía más tenso: en la tribuna se había preparado un arsenal de muñecos de ratas y en el club prefirieron no exponerse a una situación peor.
Del lado de Barcelona, mientras tanto, la estrategia es otra. En el club apuestan a que Julián resista hasta el cierre del mercado y mantenga su intención de irse, con la expectativa de que la tensión termine abriendo una puerta sobre el final. No hay, de todos modos, un optimismo desmedido respecto de que la operación vaya a concretarse.

Joan Laporta, presidente de Barcelona, habló este miércoles del caso de manera muy breve y en catalán. Dijo que el club sigue interesado en Julián y que espera que Atlético acepte venderlo en este mercado. También aseguró que sabe que el club madrileño negocia con otros equipos, aunque Barcelona no se mueve de su postura de esperar una respuesta a la oferta presentada: 120 millones de euros. Arsenal era otro de los interesados y se especulaba con una propuesta de 135 millones de euros, aunque la idea de Julián sería quedarse en España, entre otras cosas porque por un tema de visado podría permanecer allí junto a toda su familia.
Desde la dirección deportiva del Barça le explicaron a LA NACION que esa exposición pública también responde a una intención: que Julián vea que el interés sigue firme y mantenga su postura, pese a la negativa de Atlético.
En Barcelona recuerdan además que la respuesta de Atlético a las condiciones de la oferta anterior llegó incluso a través de las redes sociales, lo que dejó en claro que la negociación no iba a ser sencilla.
A su vez, Hansi Flick, técnico del equipo, avisó que no quiere incorporar un delantero por incorporar y que, si no llega Julián, no buscará otro jugador en esa posición, porque considera que solo la Araña mejora lo que ya tiene en el plantel.
El martes por la noche, Julián avisó que no asistiría al entrenamiento del día siguiente por un malestar que podría estar relacionado con el estrés que atraviesa por esta situación. Médicos de Atlético lo visitaron en su casa, lo revisaron y le dieron licencia.
Si Alvarez no convence a la dirigencia, Barcelona no eleva la oferta o Atlético de Madrid no baja sus pretensiones, al cordobés no le quedará otra que seguir en el club y esperar hasta fin de año para analizar otras propuestas. Aunque a esta novela todavía parecen quedarle varios capítulos.


