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Un particular momento se vivió al cierre del partido entre Argelia y Argentina cuando, en medio de la adrenalina que deriva de debutar en el Mundial, Rodrigo De Paul le recriminó a Nicolás Paz, que había ingresado desde el banco de suplentes cuando el DT argentino decidió darle descanso a Lionel Messi, que fuera fuerte contra los jugadores rivales.
Pese a que el marcador indicaba que tenían tres goles en contra, todos marcados por el capitán de la albiceleste, el equipo argelino intentó, cuando faltaban pocos minutos para terminar el partido, mantener la presión cerca del Dibu Martínez. Fue en ese momento en que De Paul se detuvo en una acción defensiva de Paz que no resultó efectiva para recuperar la pelota más cerca del círculo central. “¡Meté la pata, meté la pierna!”, le reclamó en un gesto que fue captado por las cámaras de la transmisión oficial y tras despejar un centro del conjunto africano.
A los 37 minutos del segundo tiempo, Lionel Scaloni decidió hacer dos cambios más respecto de la formación original. Nicolás Otamendi ingresó por Cristian Romero, que venía de recuperarse de una lesión, y Paz por Messi, en lo que significó el debut del volante de Como en un Mundial.
“Lo soñé toda mi vida y el día llegó. Debut en un mundial delante de mi familia y con exhibición del mejor jugador de la historia, ¡no se puede pedir más! Esto acaba de empezar", escribió Paz en su cuenta de Instagram.

Nicolás nació en Santa Cruz de Tenerife, en 2004, y es hijo del exfutbolista argentino Pablo Paz, que también jugó en la Selección, incluso en el Mundial de Francia 1998. El joven de 21 años, que atravesó cierta incertidumbre durante los días previos al comienzo del Mundial por una lesión en la rodilla izquierda, se convirtió en el primer argentino en jugar un torneo de esta envergadura sin haber pasado por un club del país y ni siquiera haberse formado en las inferiores criollas.

“Nico no tuvo que elegir entre Argentina y España por dos razones: siempre quiso jugar por Argentina, porque aunque nació en Tenerife, futbolísticamente es el típico jugador argentino, con esa picardía, ese potrero tan nuestro. Y, además, porque España nunca lo buscó. Cuando tenía 16 años, antes de la pandemia, recuerdo, nos llamó Bernardo Romeo para invitarlo a jugar para la Selección. No tuve que meterle fichas, ni nada, porque Nico enseguida dijo que sí. ¡No tenía pasaporte argentino, nunca lo habíamos hecho! Lo hicimos ante el llamado de la selección”, contó su padre en diálogo con este diario.


