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Por la mente de la joven escritora ronda desde hace meses una idea tal vez descabellada: la historia de un equipo de fútbol femenino que surge casi de la nada y crece a partir de una serie de sucesos fuera de lo común para transformarse en un fenómeno que trasciende fronteras. En su cabeza están trazadas las líneas básicas de la trama y muchos de los detalles secundarios. Le falta todo lo demás.
“Empecemos por ubicar el escenario”, se dice a sí misma. Se le ocurre entonces una ciudad calurosa, húmeda, agobiante debido al clima tropical, pero también a la alta densidad de población y a la pobreza circundante. Busca y rebusca un nombre hasta que se le ocurre uno que le suena perfecto: Lilongwe. Ahora la ciudad necesita un país. ¿Qué tal Nyasalandia? En definitiva, si Roberto Fontanarrosa se inventó un Congodia para su novela El área 18, a ella también puede servirle Nyasalandia. Sobre el continente no hay dudas, sí o sí debe ser África.
Pero, ¿qué tipo de país tendría que ser Nyasalandia? La escritora imagina uno de menos de 120.000 kilómetros cuadrados -o sea, un poco más grande que Catamarca-, que por no tener, no tendrá salida al mar, ni recursos que despierten la codicia de las grandes potencias. No habrá petróleo, ni gas, ni minerales preciosos, ni tierras raras, lo que le evitará guerras sangrientas, pero condenará a sus 21 millones de habitantes a vivir de una agricultura muy primaria, a depender de los caprichos de la naturaleza, cada vez más difíciles de enfrentar en tiempos de cambio climático, a sufrir periódicamente inundaciones y sequías que provocan hambrunas y generan epidemias de infecciones diversas, desde la tuberculosis hasta el VIH.
Armado el escenario es tiempo de presentar a las protagonistas de la historia. Son dos hermanas rebeldes, desafiantes de los mandatos familiares y sociales que prohíben jugar al fútbol a las mujeres, y que se escapan con un primo cómplice a correr detrás de la pelota en los potreros polvorientos de la aldea donde viven, al norte de Lilongwe. Chawinga podría ser un buen apellido para ambas. Tabitha será la mayor y Temwa, la menor. Ellas serán las promotoras de la revolución futbolística que sacudirá a todo su pueblo. También tiene que haber un entrenador inteligente que sepa aprovechar sus cualidades, y si tiene un nombre curioso, todavía mejor. ¿Qué tal Lovemore Fazili?
Ahora sí está todo listo para empezar a contar una historia que parece ficticia, pero es absolutamente real. Solo hay que cambiar un nombre: hoy, la cuña de tierra encajada como una pieza de Tetris entre Mozambique, Tanzania y Zambia ya no se denomina Nyasalandia sino Malaui, como el lago que cierra su frontera oriental. Es el semidesconocido punto del mapamundi que este domingo vivirá pendiente de un acontecimiento único, impensable, utópico hasta hace apenas un mes. La selección femenina de fútbol del país, las Scorchers (Abrasadoras), apodo tan llamativo que bien pudo imaginarlo la escritora, disputará la final de la Copa de África en su primera participación en el torneo. Será en Rabat, Marruecos, con el billete asegurado para jugar el Mundial 2027 en Brasil y llevando en andas la ilusión de un rincón del planeta que siente el orgullo de salir por fin del anonimato.
“La extraordinaria actuación de las Scorchers ha unido a los malauíes por encima de las divisiones políticas, tribales y sociales, ofreciendo un raro momento de alegría nacional colectiva”, ha confesado Enock Chihana, vicepresidente segundo del país. El banco local NBS decidió premiar a los 48 miembros de la delegación, jugadoras incluidas, con un premio de 7 millones de kwachas, denominación de la moneda nacional, por persona. Aunque su conversión en dólares solo alcance la cifra de 4.000 se trata de un auténtico dineral si se tiene en cuenta que el 70 % de la población vive, o sobrevive, con 2,15 dólares diarios.
En la Copa que se define el domingo, las Scorchers, 153ª en el último ranking FIFA, derrotaron sucesivamente a Nigeria, campeona en 10 de las 13 ediciones anteriores del certamen y 36ª de dicho ranking; a Egipto, a Ghana y a Argelia, equipos que se sitúan entre los once primeros del ranking africano (Malaui es 31ª en su continente), y solo cayeron ante Zambia, cuando ya estaban clasificadas para los cuartos de final. Su actuación incluso dejó en evidencia a sus colegas varones, receptores de un apoyo económico y tecnológico mucho mayor que hasta la fecha nunca se tradujo en grandes resultados. No hay registros de futbolistas del país que hayan brillado en las grandes ligas europeas, y en 3 participaciones en la copa africana, la selección masculina solo una vez superó la fase de grupos para caer en octavos de final.
Una vez dada la noticia que explica este artículo, nada mejor que volver al cuento de hadas de las hermanas Chawinga. Tabitha, que hoy tiene 30 años y juega en el Olympique Lyon, el club más ganador de la liga francesa y animador permanente de la Champions League europea, contaba apenas 8 cuando comenzó a trabajar en un huerto para ayudar a su familia. Por la tarde, cuando terminaba la jornada, se juntaba con los chicos a disfrutar de su pasión: el fútbol. “Mis padres me retaban, pero ni yo ni después mi hermana Temwa les hacíamos caso”, recuerda. Ahí, en las calles de Lilongwe la descubrió David Dube, director del DD Sunshine, uno de los primeros clubes que les abrió a las mujeres de Malaui las puertas de este deporte.
Progresar, en todo caso, no era nada fácil. Sobraban las ganas pero escaseaban el dinero y las infraestructuras. Pero en las historias reales que bordean la fantasía suelen suceder hechos impredecibles. En el Sunshine jugaba para divertirse Marisa, una estadounidense colaboradora en una ONG que desarrollaba su misión en la zona. Ella vio en Tabitha las condiciones para ser una estrella. Supo también de sus padecimientos y humillaciones, como el par de veces en las que después de verla jugar los dirigentes de equipos rivales la obligaron a desnudarse para corroborar que realmente fuese una mujer.
Cuando la ONG donde trabajaba ordenó su traslado a Suecia, Marisa se enroló en el Krokom/Dvärsätts, un club de tercera división, y lo primero que hizo fue recomendar a su entrenador que fuese a buscar a Tabitha. No logró superar su descreimiento: “En Malaui no tienen un buen fútbol femenino”, fue su respuesta. Marisa no aflojó, y puso a David Dube en contacto con la entidad sueca. El mecenas del Sunshine le planteó un reto: él pagaría los pasajes, el suyo y el de la mayor de las Chawinga, para ir a hacer una prueba. Si la contrataban debían devolverle el dinero; si no, él estaba dispuesto a perderlo.
Para la joven Tabitha el cambio fue brutal. “Tenía 17 años, estaba sola, no conocía a nadie, hacía frío y aquello era otro fútbol, muy diferente al que yo jugaba en Lilongwe”, rememora. Malaui y Suecia son polos opuestos en demasiado sentidos, no solo en el clima. Si el PBI per cápita de la nación africana es de 1.668 dólares, el de los nórdicos es de 63.877 dólares; si Malaui aparece en el puesto 172 del Índice de Desarrollo Humano, Suecia ocupa el 5º lugar en el mundo. “Pero en mi entorno las mujeres son fuertes y vi que esa era mi oportunidad. Aunque fui para aprender, me resultó muy fácil adaptarme al fútbol de verdad”, agrega quien apenas unos meses después de su llegada a Escandinavia ganaba la Bota de Oro de la división con 39 goles en 18 partidos. Tabitha ya era la primera futbolista malauí en jugar en Europa.
Temwa, tres años menor, había seguido mientras tanto los pasos de su hermana y se había incorporado al DD Sunshine. Cuando en 2015 Tabitha fichó por el Kvarnsvedens, de la segunda división sueca, insistió para que sumaran también a la más chica de la familia. Lo consiguió, y tres años después, al marcharse al Jiangsu Suning de la Superliga china, la dejó como su reemplazante.
A partir de entonces, la carrera de ambas nunca dejó de crecer. Tabitha fue Bota de Oro en su primera temporada en Oriente, y su equipo se quedó con el título en la segunda. Los agentes que reclutaban a las mejores futbolistas africanas para reforzar los equipos chinos no dudaron en ir a buscar a Temwa, que fichó por el Wuhan, solo un mes antes de que la ciudad pasase a estar en boca de todo el planeta por ser el origen de la pandemia de Covid-19 que paralizó el mundo.
Separadas por una larguísima cuarentena durante casi todo 2020, las hermanas unieron sus fuerzas en Wuhan al año siguiente, para después tomar sendas distintas. Tabitha volvió a Europa. Pasó por el Inter de Milán y el PSG antes de llegar a Lyon. Temwa dio el salto directamente al poderoso Kansas City Current de Estados Unidos en 2023. Allí lleva dos temporadas consecutivas como máxima goleadora y MVP del año en la NWSL.
La selección de Malaui no solo volvió a reunirlas, también las elevó al rol de líderes, dentro y fuera de la cancha, para las más jóvenes del plantel. “Jugar con ellas es una bendición. Son ejemplos a seguir, porque nos demuestran que, aunque vengas de Malaui se puede llegar a la cima”, señala Faith Chinzimu, de 19 años, pieza clave del equipo para el quite y la salida en el mediocampo.
Bicampeona de Suecia con el Hacken, Chinzimu tiene claro el significado que tiene en su tierra la actuación de las Scorchers: “Clasificarnos para el Mundial inspirará a la próxima generación y probará que todo nuestro esfuerzo vale la pena. Llevamos sobre nuestras cabezas las esperanzas de todo el país y queremos que Malaui se sienta orgulloso de nosotras”.
Con ellas tres y Rose Kadzere (20 años), volante ofensiva del Montpellier francés que no estará en el partido decisivo porque vio la tarjeta roja en la semifinal contra Argelia, el técnico Lovemore Fazili ha logrado dotar de identidad al juego colectivo. Antes que las posesiones largas, las chicas de Malaui procuran recuperar la pelota y atacar directo, con transiciones rápidas para aprovechar la eficacia goleadora de las hermanas Chawinga (Tabitha -5 goles- y Temwa -4-, además del título buscarán en la final llevarse la Bota de Oro del torneo).
Ellas dos, las zambianas Barbra Banda y Rachael Kundananji, y la nigeriana Asisat Oshoala no solo están logrando que el fútbol femenino gire su mirada hacia el continente africano. “Estamos dando a conocer nuestros países en el mapa, por eso nos ayudamos mutuamente”, afirma Temwa Chawinga. Todas comparten el pedido de un mayor apoyo de sus federaciones para aumentar el desarrollo y, sobre todo, romper con los viejos estigmas: “En muchos países de África siguen creyendo que el fútbol no es un deporte para chicas”, agrega Temwa, quien además se ha implicado en proyectos para mejorar las condiciones de vida en su comunidad. Con la ayuda de sus compañeras del Kansas City y gente voluntaria ha logrado llevar 8.000 kits de higiene que se distribuyeron en escuelas rurales de Malaui.
If you're not watching Temwa Chawinga, you're missing out. Your player to follow. ⭐🇲🇼#TotalEnergiesWAFCON2026 | @Football2Gether pic.twitter.com/kKPbJtCJHH
— CAF Women Football (@CAFwomen) August 3, 2026
Al cuento que la imaginación de la joven escritora fue volcando sobre el teclado hasta transformarlo en palpable realidad solo le faltaría el último capítulo, el que tendrá lugar en el estadio Príncipe Moulay El Hassan de Rabat. La selección de Camerún aventaja en 82 puestos a la de Malaui en el ranking FIFA, pero aun así predecir lo que pueda ocurrir es muy aventurado. Solo una cosa parece asegurada: cualquiera sea el resultado, en Lilongwe, la capital de la vieja Nyasalandia, ya nada será igual para las mujeres que quieran ser felices pateando una pelota.


