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Scaloni se preguntó si era lógico seguir y las respuestas se las dieron los jugadores. No, no sucedió que el técnico les consultara a sus dirigidos qué opinaban sobre su continuidad. Ocurrió algo mejor. Se dio de manera natural. Percibió que había razones para volverse a ilusionar. Por un lado, notó lo que nunca puede faltar: compromiso. La selección juega con seriedad ya sea en un partido mundialista o en un amistoso contra la endeble Bolivia en una fecha cualquiera. Sin tensión, no habría espíritu competitivo. Y la competencia interna eleva el nivel. En la cancha se nota que todavía quieren, en el banco se convencieron de lo mismo. Hambre adentro, ambición afuera.
La otra razón es futbolera. Tal vez pueda expresarse en una lista: el cuerpo técnico cuenta con un abanico de opciones más importante que en otros tiempos. En 2018, cuando apenas era un DT interino ensayó una renovación fulgurante; algunos apellidos sorprendían. Hoy no sucede. La fertilidad del suelo es una garantía. Si a comienzos de año el cuerpo técnico se había dividido un conjunto de cincuenta jugadores para analizar cada fin de semana y pulir lo que sería el corte para el Mundial, esa cantidad hoy puede ser mayor. Algunos de aquellos quedaron relegados, pero son más los que aparecieron con fuerza.
A los arqueros de ayer se les sumó uno de hoy y mañana, Santiago Beltrán. Si a Estados Unidos la selección viajó sin tener desarrollada la disputa entre sus laterales, ese error no volverá a cometerse. Kevin Mac Allister quedó fuera del radar circunstancialmente por lesión. Pero Agustín Giay podría haber estado en la Copa del Mundo, Nicolás Capaldo había sido probado y el miércoles Santiago Simón tuvo sus minutos en esa posición, donde está actuando en México. En el otro costado, Román Vega completó el amistoso, Lautaro Blanco está en carpeta y Gabriel Rojas ya conoció el predio de Ezeiza.
Entre los centrales, más allá de la despedida de Nicolás Otamendi, existe abundancia como pocas veces. Surgen fuertes, rápidos, seguros con la pelota. Como si las características de Cristian Romero y Lisandro Martínez no pudiesen faltar en los aspirantes. El que perdió terreno, mientras se acomoda en el Elche, es Kevin Lomónaco. Pero Lautaro Di Lollo había aparecido en la prelista de 55, Ignacio Ovando es el futuro, Mariano Troilo sigue siendo observado en el Parma, Tomás Palacios gustó en los entrenamientos, Francisco Álvarez gusta en Argentinos y Valentín Gómez resultó, después de aquellas idas y vueltas en su transferencia, una grata reaparición.

Argentina es la selección de los mediocampistas. El que no tiene pase tampoco tiene chances. Su irrupción en Vélez y un puñado de partidos en River le dio a Tobías Andrada la oportunidad de su citación; volverá a tenerla cuando se recupere. El ADN lleva a combinar por adentro. El juego se teje en el rectángulo imaginario entre el círculo central y la medialuna rival. Los desbordes quedan para los laterales, aunque si algún habilidoso llama la atención es convocado. En este sentido, pocos perdieron tanto terreno en estos años como Alejandro Garnacho, pero a Gianluca Prestianni se lo ve preparado y ya irrumpió Leonel Flores, cuyo debut de esta semana será recordado más allá del flojo rival.
Será más frecuente la inclusión desde el inicio de Lautaro Martínez y Julián Alvarez, por lo que habrá espacio para otros centrodelanteros en el banco. El Flaco López ya es parte, Joaquín Panichelli se está recuperando y Santiago Castro tiene su lugar. Será la selección post Messi, claro. Mientras se naturalice, sobran las alternativas para jugar en ese lugar. A no confundirse: la genialidad es inigualable; pero ante la imposibilidad de encontrar semejante calidad, por lo menos que haya cantidad.

En el suelo fértil, florecen los zurdos que arrancan desde la derecha. Más mediapuntas que enganches, Nicolás Paz, Franco Mastantuono y Matías Soulé son de esos futbolistas que combinan estética y eficacia. Hay otro en recuperación en esa zona de la cancha, Valentín Carboni, que ya había sido considerado para la Copa América 2024. Paulo Dybala tiene continuidad en la Roma; alguna chance más merece. Y en el mediano plazo, valdrá la pena probar a un diestro de dominio conceptual del juego: Tomás Aranda. La sucesión del genio anterior estuvo más acotada. Retirado Maradona de la selección, Daniel Passarella dispuso en 1995 de Marcelo Espina, Marcelo Gallardo y Ariel Ortega. El Kaiser prefería a sus conocidos y se trataba de jugadores valiosos, pero no le sobraban las opciones.
En la novedad está la atracción. La selección terminó su último amistoso con un once tan inédito como inesperado. Los debutantes llaman la atención, los nuevos se llevan las luces. Convendría, igualmente, no descartar a ninguno de la base mundialista. Aun frente a la decisión del entrenador de probar jugadores en desmedro de Rodrigo de Paul y Giovanni Lo Celso. Al fin de cuentas, el G7 (los que se denominan sin el apellido: Dibu, Cuti, Lisandro, Alexis, Enzo, Lautaro y Julián) hará que la selección siga siendo de élite. Los otros de la vieja guardia tienen claro el legado. Lo interesante estará en la mezcla. Lo que vio Lionel Scaloni para estar cerca de firmar su continuidad. Los pibes ilusionan, los grandes son confiables. La base se amplió, la identidad está a salvo.


