Papu Gómez escapó para ser feliz: el agua contaminada por Chernobyl, una íntima revancha y las llaves de la ciudad que lo ama

Papu Gómez saluda a la cámara, durante un entrenamiento de Atalanta. Allí encontró su lugar en el fútbol
Papu Gómez saluda a la cámara, durante un entrenamiento de Atalanta. Allí encontró su lugar en el fútbol Crédito: Instagram Papu Gómez
Andrés Eliceche
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20 de diciembre de 2019  • 16:03

Fue una explosión hormonal, una descarga de energía. El punto culminante, el éxtasis. Y enseguida, el vacío. Alejandro Papu Gómez estaba solo en una pequeña sala, esperando cumplir con ese trámite que los deportistas deben hacer cada tanto: pis en un frasquito. Y entonces, apenas unos minutos después de que el modesto Atalanta Bergamasca Calcio consumara la mayor hazaña de su centenaria historia -y mientras sus compañeros festejaban en un vestuario contiguo-, se quebró. Allí, en ese espacio incoloro, inodoro e insípido llamado "sala de control antidoping", al muchacho se le vino encima su propio devenir. Se puso a llorar. "Volví a esta ciudad que tanto me hizo sufrir pero me hizo más fuerte. Hoy la vida me devolvió algo. Algo que quedará en la historia para siempre", escribió, rápido, emocionado, en su cuenta de Instagram, @papugomez_official, a la vista de sus más de dos millones de seguidores. ¿Por qué esa mención en un momento de aparente plenitud? ¿Qué tienen que ver la Champions League con el dolor?

Apenas pasaron diez días desde aquel episodio. El cuerpo de Papu ya no siente las mismas vibraciones. Mejor que eso: empieza a paladear el valor de aquello que define como "único". Atiende la llamada de LA NACION después de frenar el auto, en Bérgamo, la ciudad que le entregará sus llaves el 23 de diciembre en una ceremonia pública. Allí es rematadamente feliz. Llegó a mediados de 2014 y, desde entonces, ayudó a que Atalanta subiera peldaño a peldaño hasta instalarse en el mejor momento de su existencia como club eminentemente de fútbol. Es el capitán, el emblema, el ídolo. El que, en esas plataformas virtuales que transita con destreza, hizo bailar a Italia durante algunas semanas con su "Papu Dance", un bailecito que hizo viral tiempo atrás. El marido de Linda, el padre de Bautista, Constantina (o Coti) y Milo. El que se perdió el sorteo de los octavos de final de la Champions este lunes porque estaba en un shopping haciendo compras navideñas con cara de "me trajeron". El que se ríe ahora porque lloró el otro día. El que recuerda, una vez más.

Papu Gómez se ganó el amor de los hinchas de Atalanta. en la imagen, antes del partido ante Shakhtar, en el frío de Ucrania que tan bien conoce, la noche de la clasificación a octavos de final
Papu Gómez se ganó el amor de los hinchas de Atalanta. en la imagen, antes del partido ante Shakhtar, en el frío de Ucrania que tan bien conoce, la noche de la clasificación a octavos de final Fuente: AFP

Lo dice de un tirón en tres minutos. Es la respuesta más sentida de la conversación: "Todos los diarios de Italia hablaban del 'destino del Papu´porque volvía a Jarkov: decían que se cerraba un círculo, esas cosas. Yo sentía una presión terrible... Cuando se hizo el sorteo, vi el calendario y noté que Shakhtar jugaba de local en el estadio de Metalist, en Jarkov. Pensé que algo bueno tenía que salir de eso: íbamos a jugar el último partido del grupo en la cancha del club en el que había estado, en la ciudad donde había vivido un año. Nos jugábamos el partido más importante de la historia del club en el lugar donde yo había sufrido mucho. El día anterior, cuando llegamos, fuimos del aeropuerto al hotel y recorrimos un poco la ciudad, mis compañeros no lo podían creer: '¿Vos viviste acá?', me decían. Es que ahí se vive una realidad muy diferente a la de la Europa más tradicional. La vida era muy dura en Ucrania. Le mandaba fotos a mi mujer, se me venían todos los recuerdos encima. Y después del partido me quebré. Vivimos un año durísimo: la guerra, el idioma, el frío... A mí mujer se le caía el pelo por lo mal que estábamos, no podíamos usar el agua porque estaba contaminada por los efectos de Chernobyl, veías gente armada en la calle. Me sirvió económicamente pero perdí un año futbolístico y, sobre todo, un año de mi vida. Bauti tenía un año, sufrimos mucho. Pero tal vez si no pasaba por todo eso no hubiera terminado en Atalanta, quién sabe. Lo pienso así: gracias a que fui a Ucrania pasó todo lo que vino después".

Su mente viaja a ese año entre mediados de 2013 y 2014, cuando los dólares que le iba a pagar Metalist lo hicieron volar desde Catania, su club anterior. A los Gómez les bastaron las primeras semanas para notar dónde se habían metido. Al final de la temporada, el contexto era tan caótico que Papu se plantó: ahí no podían seguir viviendo. Entonces llegó Atalanta para sacar petróleo de los 4,5 millones de euros que pagó por su rescate. Salto hacia adelante: cinco años y medio después, este delantero devenido volante ofensivo que cumplirá 32 años en febrero es el guía de la mini revolución que protagoniza "un equipo de provincia", como él lo define. En Bérgamo lleva 211 partidos, en los que gritó 51 goles y dio 54 asistencias. Atalanta viene de terminar tercero en la Serie A en la temporada pasada, su mejor ubicación histórica, y en la actual está en la sexta posición, cuando tiene que hamacarse entre el campeonato y la exigencia suprema de la Champions.

En el torneo rey de Europa, Atalanta fue de menos a más hasta conseguir la clasificación en Ucrania: hasta el minuto 66 del último partido marchaba último en las posiciones del grupo que compartía con Manchester City (Inglaterra), Shakhtar Donetsk (Ucrania) y Dínamo Zagreb (Croacia). Pero llegó la ayuda del City en el otro partido y los goles propios y el milagro se materializó: a octavos de final. "Esto se va a recordar durante años", se asoma al futuro. "Acá se habla siempre de un partido histórico contra Malinas (Bélgica), en la época en la que Caniggia jugaba en el club. Fue una semifinal de la Recopa de Europa que perdió Atalanta en 1988, y quedó marcado en la gente. Bueno, lo que pasó contra Shakhtar fue más grande, pero creo que nos vamos a dar cuenta de acá a 10 o 15 años. Hace seis años Atalanta peleaba por no descender, y desde hace cuatro años venimos rompiendo todos los récords históricos del club. Creo que nadie cayó todavía", trata de darle magnitud al logro.

Al principio nos cargaba todo el mundo porque perdimos 4-0 en el debut. Nos decían que para qué queríamos jugar Champions, que éramos una vergüenza
Papu Gómez

Las cosas habían empezado muy mal: tres derrotas seguidas y luego un empate. Un punto sobre 12 disputados dejaron el panorama servido a los burlones. "Al principio nos cargaba todo el mundo porque perdimos 4-0 en el debut. Nos decían que para qué queríamos jugar Champions, que éramos una vergüenza, que no podíamos ganar un partido. Todas esas cosas nos dieron mucha fuerza", analiza. El equipo es un reflejo de Gian Piero Gasperini, su entrenador, la otra figura de este tiempo maravilloso: "Salimos a ganar en cualquier cancha, y a veces por querer ir al frente así perdemos partidos estúpidos. En la revancha con el City empatamos 3-3 e hicimos un partido espectacular. En la quinta fecha al Dínamo lo pasamos por arriba y en la última lo único que nos quedaba era ganar... Teníamos fe y se dio todo", pone sobre la balanza.

Una postal: el pie derecho del 10 y capitán de Atalanta ya impulsó la pelota
Una postal: el pie derecho del 10 y capitán de Atalanta ya impulsó la pelota

Lejos de la opulencia de sus vecinos del norte italiano, Atalanta llegó hasta esta instancia dando la ventaja de no ser local en su estadio. Es que el Atleti Azzurri D'Italia quedó desfasado del crecimiento del club, no alcanza los requisitos de la UEFA para albergar partidos continentales. Y entonces, hasta que la remodelación en marcha lo deje "hermoso", como anuncia el 10, los hinchas deben hacer kilómetros para ser locales. "Hace dos años jugamos por la Europa League en el estadio de Sassuolo, y nos acompañaban 20 mil personas. Ahora van 30 mil a San Siro (el estadio donde juegan como locales Inter y Milan) a vernos por Champions. Bérgamo está a 40 minutos de Milán: cada partido de Champions es un éxodo de gente de la ciudad. Es increíble que un equipo de provincia se meta a jugar en un estadio glorioso mientras los dueños de casa nos miran de afuera: a Inter lo eliminó Barcelona ahí mismo el otro día y Milan ni siquiera compite en Europa", traza la comparación con los gigantes.

-Antes del sorteo dijiste que preferías jugar con Valencia... Y salió Valencia.

-Prefería un rival que estuviera a nuestro nivel, como Valencia. Podemos jugar a la par. Para nosotros es todo aprendizaje, experiencias nuevas. Va a ser histórico para el club, los hinchas, la ciudad. La vamos a pelear con nuestras armas.

Las armas de la Cenicienta de la Champions, capaz de meterse entre los 16 mejores de Europa sin haber sido nunca campeón de Italia. Ese que tiene a un argentino que relegó en idolatría a otro rubio y compatriota, llamado Claudio Paul, ícono de fines de los ochenta en Bérgamo. Ahí está el muchacho ahora, mientras envuelve regalos de Navidad, pensando en hacerse uno a sí mismo fuera de la temporada de Papá Noel: el 19 de febrero en San Siro y el 10 de marzo en Mestalla, Atalanta jugará los octavos de final, soñando con dar un pasito más. Lejos de las luces, toda una ciudad querrá seguir bailando al ritmo del Papu Dance.

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Ya estamos listos #UCL [R][R][R][R] VAMOS !

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