River encontró en Rosario la inyección anímica que precisaba tras el golpazo de Lima

El festejo final de River en Rosario
El festejo final de River en Rosario Fuente: LA NACION - Crédito: Marcelo Manera
Juan Patricio Balbi Vignolo
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1 de diciembre de 2019  • 00:10

Si River debía dar respuestas anímicas, la visita a Rosario superó todas las expectativas. Mientras todavía cicatriza la herida de la derrota con Flamengo en la final de la Copa Libertadores, el equipo de Marcelo Gallardo logró un triunfo revitalizador ante Newell's: remontó un 2-0 para ganar 3-2 y se permite soñar a lo grande en la Superliga, ya que acumula 27 puntos y, con un partido menos, se ubica a dos unidades de los líderes Argentinos Juniors y Boca.

Los goles del partido

La excursión no era para nada fácil y el escenario se presentaba áspero desde lo anímico, lo mental y lo futbolístico. Pero hubo respuestas para las tres aristas, River se trajo tres puntos fundamentales para pensar en lo que vendrá y renovar aires esperanzadores tras el golpe en Lima.

En parte, los detalles decisivos del encuentro se explican a partir de las tres ausencias que el Millonario sufrió por lesión: Angileri flaqueó en el lateral izquierdo de Casco y le ofreció muchos espacios a sus rivales; Ponzio mostró un correcto nivel, pero no pudo ofrecer el despliegue y la distribución que siempre brinda Enzo Pérez; y Álvarez nunca se encontró en el partido y no aportó el desequilibrio de De La Cruz.

Nacho Fernández celebra su gol
Nacho Fernández celebra su gol Fuente: LA NACION - Crédito: Marcelo Manera

Más allá de eso, River nunca fue superado, manejó continuamente el balón y, pese a no tener la precisión habitual, siempre apostó a dejar atrás lo que pasó con juego y potencia. Pese a no ser demasiado incisivo, el partido parecía inclinarse a su favor en la primera parte, pero se sucedieron varias desatenciones que no suelen ser habituales y así se dieron los goles iniciales de Newell's. Primero, de una distracción de Lucas Martínez Quarta llegó un córner en el que Lema marcó el 1-0. Y luego, un dormido Angileri dejó muy libre a Leal, quien definió en soledad para el 2-0 tras un gran pase cruzado de Bíttolo.

Pero la jerarquía individual le permitió salir al equipo de Gallardo del pozo en el que había entrado tras los dos cachetazos. Un sensacional tiro libre de Nacho Fernández fue un salvavidas inesperado para no ahogarse en un momento que podría haber sido letal e irse al descanso con una sensación diferente. A partir de ese sablazo, River salió de un dramático trance de cinco minutos y comenzó a forjar una victoria esperanzadora.

Desde el comienzo del segundo tiempo, impuso las condiciones y se potenció a partir de los cambios: Quintero ingresó por Álvarez y Scocco entró por Suárez. Y ambos fueron más que vitales para poder dar vuelta el resultado. El 2-2 llegó a partir de una gran jugada entre Juanfer, Scocco y Nacho Fernández, que finalmente terminó definiendo Borré de arremetida para conseguir su octavo gol en la Superliga y quedar como goleador del torneo. Y el 3-2 volvió a repetir los intérpretes: Juanfer metió un exquisito pase para Nacho Fernández, quien asistió a Scocco para marcar un golazo.

Fuente: LA NACION - Crédito: Marcelo Manera

A partir de las modificaciones, el Millonario logró potenciar lo que había insinuado y empezó a mostrar muchas de las virtudes que lo mantuvieron peleando en lo más alto en todas las competencias: con muy buena circulación y conexiones, alternó los puestos, hizo correr a Newell's detrás de la pelota, dominó el centro del campo para potenciar la generación de juego, proyectó a sus laterales y juntó a los jugadores de mejor pie.

Así, Nacho Fernández terminó siendo el jugador más determinante por su exclusivo protagonismo en los tres goles, y se potenció con los buenos destellos de Palacios y Quintero, los otros intérpretes principales de la noche.

Por cómo se dio, el triunfo termina siendo un bastión fundamental para mirar hacia adelante. Porque cuando parecía que el golpe ante Flamengo podía dejar fuertes secuelas, River volvió a demostrar que tumbarlo es más difícil de lo que parece. Y respondió con lo mejor que tiene: buen juego, carácter y temple.

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