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Más afilado adelante, pero con las costuras flojas atrás, River empezó un tercer ciclo en su turbulento año, que ya se devoró dos entrenadores y tuvo un trasiego incesante entre altas y bajas de jugadores. La inestabilidad fue la característica inherente al proyecto, que acaba de tener un nuevo volantazo con la designación de un director técnico (Leonardo Ponzio) que no se había preparado para esta responsabilidad y a quien la dirigencia recurrió para poner el escudo riverplatense que tenía más a mano. Solución (o intento) de emergencia, de las tantas que viene atravesando River últimamente.
“Es un interinato y después de verá”, reconoció Ponzio, minutos después del 3-2 sobre Banfield. Todo está por verse en River, que tuvo una formación en la que todavía se nota la mano de Coudet, más allá de la baja a último momento de Moreno por una molestia lumbar. Y la suplencia de Freitas, que está por ser transferido a Flamengo por alrededor de 16 millones de dólares.
Por las características técnicas de sus principales futbolistas, River está diseñado para crear juego por adentro, con asociaciones entre Correa y Almada, a quienes Driussi se suma con gusto. Hay inventiva y toques que desarman defensas en ese trío, que por detrás tiene la conducción vertical que aporta Andrada. Resta agregar precisión, y también presencia de ánimo en un equipo que muchas veces duda de sí mismo.
Entre Almada y Driussi habían puesto a prueba al Ruso Rodríguez, que volvía a atajar después de la rotura de ligamentos que sufrió en octubre pasado en Argentinos. Hasta que la conexión entre un sutil pase de Correa y la certera definición de Driussi le dio el 1-0 a River. Enseguida llegó el penal a Almada, con una primera ejecución -atajó Rodríguez- que se volvió a repetir por una invasión de zona (vía VAR) que se sanciona con un criterio muy dispar: a veces se deja pasar y en otras se mide con rigurosidad.
River se fue al descanso 2-0, con la sensación de partido controlado, impresión que suele ser traicionera, ya que cuando intenta dormir los partidos cae en su propia somnolencia. Hernández ya había avisado con un remate que se fue junto a un poste. Las grietas defensivas de River nunca se van, siempre están ahí, son una oferta para delanteros rivales con colmillo, como el ingresado Sepúlveda, que con un cabezazo aprovechó un rechazo de Beltrán.
Hay dinámicas que en River no cambian. Por razones físicas, los laterales Montiel y Acuña no completan los 90 minutos. Al toque de atención del descuento, River reaccionó con el gol de Correa, que repentizó muy bien con un remate al primer palo de Rodríguez. ¿Triunfo asegurado? Con River no hay garantías. Cuando se enchufaba, amenazaba con golear, pero también tenía concesiones que le daban vida a Banfield, como el remate desde fuera del área de Sepúlveda para un nuevo descuento.
Con un calendario al que todavía le resta más de tres meses de actividad, River se quedó con demasiado plantel para la única competencia en la que se mantiene en pie. Patinó demasiado pronto en los frentes de eliminación directa: la Copa Argentina y la Copa Sudamericana. Trompazos duros e inesperados, con consecuencias inevitables. En individualidades, se había armado para abarcar mucho más que el Clausura, donde además debe recuperar terreno por un arranque que lo mostró paralizado (cuatro derrotas consecutivas), con escasas respuestas a la adversidad.
A River no le quedó más remedio ni opción que poner todas las fichas en el Clausura, última vía para no quedarse descolgado de las copas continentales de 2027. Es un equipo muy observado porque viene rindiendo por debajo de sus posibilidades y expectativas. Fue agotando plazos sin dar un paso al frente, en medio de continuos titubeos.
Salir vencedor en la soleada tarde en Banfield no representa una zancada de larga de dimensión, es avanzar un casillero. El valor de mercado de la figura más cotizada de River, Thiago Almada, es superior a la suma de todo el plantel del Taladro, que hasta hace dos fechas estaba inhibido para inscribir las incorporaciones por las deudas.
Pedro Troglio debe administrar escasez de recursos, jugadores empeñosos que necesitan de un orden colectivo para potenciar lo que les cuesta de manera personal. La ilusión de ir contra la lógica y dar el batacazo ya se la había hecho realidad hace poco con la victoria frente a Racing en Avellaneda. Banfield se quedó pensando si la historia no hubiera sido distinta con Sepúlveda de entrada. Ingresó a los 12 minutos del segundo tiempo y marcó los dos goles, sembrando el terror en la defensa visitante. Y por unos pocos centímetros, los que los dejaron en off-side, Sepúlveda no fue el héroe en tiempo de descuento, cuando convertía el 3-3.
Un tiro de Galván en el travesaño cerró un triunfo de River que pudo ser más amplio y desahogado. También estuvo cerca de convertir Lucas Beltrán, que necesita el gol para desbloquearse. Lejos del tribunal de juzgamiento que hubiera sido el Monumental tras la eliminación en la Copa Sudamericana, los 7000 hinchas visitantes que acompañaron en el Florencio Sola lo hicieron sin reproches ni ánimo de cobrarse cuentas pendientes. Cánticos de apoyo y aliento de principio a fin. Y con una despedida al equipo que sonó muy explícita: “Esta hinchada, se merece, se merece ser campeón”. Este River tiene con qué y un domingo volvió a empezar.



